lunes, 23 de abril de 2018

UNA MIRADA


Boca de estirpe colosal en la sonrisa
lento declinar del pensamiento.

Retorno a la niñez en el rostro verbal
de la mirada profunda.

Desgarro de pétalos celestes tras la cortina oscura
de las sombras.

Mirada lastimera de la frente quieta
soledad engarzada de cristales
los ojos pacíficos del alma.

Desgrano sobre la piel una llovizna
de centauros que aprietan los ojos tristes
y, es la luna que se asoma tras el cortinado infantil
de tu mirada.


NUESTRO CAFÉ LITERARIO

TODOS LOS MIÉRCOLES NOS REUNIMOS EN UN CAFÉ DE LA CIUDAD PARA ESCUCHAR Y LEER A NUESTROS COLEGAS.
 POETAS Y NARRADORES. JUNTOS TRABAJANDO CON LA PALABRA. UN HERMOSO MOMENTO
CON SUS POEMAS VAN LLEVANDO LA ANTORCHA DE LA POESÍA POR LOS RINCONES DE LA CIUDAD.

ROSAS QUE ME INQUIETAN


Parada.
Sola en la acera desierta.
La calle se cae sobre mí, miro su arrogancia empedrada
Se detienen mis ojos en las alcantarillas
vuelo con la mirada acariciando el suelo.

Mejor, mejor ver una rosa que derrama silencio.
Rebeldes mis labios rozan sus pétalos
que caen hasta pulverizarse y los ojos
se estrellan en las piedras.
La calle gime y llora.

Total, sola, yo sigo caminando en la calle empedrada.
Y es otoño. Domingo y el sol
se ha desmayado entre los árboles desnudos.

MORIR VIVIENDO



                        El ojo hinchado y un desgarro en el labio. El pelo ralo y quemado. Un calor sofocante y la humedad evaporando el agua fétida  a la orilla del camino. O mejor dicho lo que fue un camino y ahora es un raro esbozo de terraplén y escombros, entre cuerpos mutilados y aves carroñeras que arrancan restos de vísceras y piel. El vestido arrebatado a tirones, apenas cubre un pequeño seno insipiente a la adolescente mujer de doce años. Majola, se arrastra con un arma colgada de lo que aun le queda de brazo. El machete troncó su antebrazo a la altura del codo. Un esparadrapo mugriento intenta esconder la mutilación. Negro de moscas, succionando la sangre apenas coagulada de la herida, el pobre envoltorio del muñón, se infecta sin tener futuro. Camina. La fiebre la hace ver visiones. Entre las matas el movimiento de seres invisibles a los ojos heridos, le inyectan algo de vida. No está sola como cree. ¡Otra vez no, por Satanás!
                        Un punto lejano, entre el polvo, le trae un feo recuerdo y fortalece el terror que anida en su pequeño cuerpo. Son ellos. Los insurgentes. Un ser tan andrajoso como ella, aparece entre la maleza del costado de la huella y la atrae hacia un hueco de barro maloliente. ¡Otra vez no!  Suplica con los restos de brazo que aun puede elevar hasta el rostro de ese ser arrinconado como ella. Se acerca un jeep con soldados del Frente Revolucionario. El repiqueteo de metralla, golpea la tierra y sube una nubecilla de polvo para cubrir su dolor. El olor a muerte cubre cada trozo de cañaveral. Cierra el ojo que aun tiene abierto. No quiere ver el rostro que la mira. Una mujer de la tribu leonesa, la cubre con lo que tiene de cuerpo. La cabellera gris, esconde una enorme herida en la cabeza. A su lado un niño muerto cubierto con moscas y alimañas que corroen su desnudez.
                        Una seña de silencio, cubre la boca desdentada para que no las descubran. Un orín tibio se cuela por sus piernas. Tiene sangre en los pies de cuando los soldados la sorprendieron en las ruinas de lo que fue una iglesia evangélica en Sierra Leona. Uno, tres, siete… no sabe cuántos la ataron y la penetraron. Eran animales feroces entre sus frágiles piernas. Los golpes que le dieron la dejaron desmallada y casi muerta. ¡Estás viva aun, Majola!  Huyó en cuanto despertó. La pesadilla fue querer arreglar la ropa y ver que ya no tenía manos. Ni brazos. Pero colgada de su hombro la metralleta arrastraba el polvo junto a su fantasmal figura. Sangre. Mucha sangre perdida. Arrancó un trozo de algo que encontró entre las ruinas y buscó humanos que la ayudaran. Encontró un puesto del gobierno. Le dieron agua y le vendaron los brazos. Se acercó un liberiano y le ofreció un diamante por sexo. Le escupió la cara y recibió otra golpiza. Esa noche escapó.
                        Ahora estaba allí, junto a esa madre. Extraña y sola. El graznido de los  buitres anuncia su festín de hartazgo. Ya no siente hambre. Apenas puede mover su lengua dentro de la rota  boca seca. La mujer que no habla su lengua, le hace señas que la siga por la senda que serpentea un curso ligero de agua. Deja al niño para que la muerte haga su obra. Hay tantos igual a él, que ya no se puede contar con la mano. Sólo le quita un mínimo cordón que lleva alrededor del cuello con una bolsa de tela embarrada y mugrienta. Sigue a la mujer. Camina, ésta, tanteando con una vara que alguna vez fue el mango de un paraguas. Resbala la niña, y cae. Hay un resto humano cubierto de pequeños gusanos. Generosos comen, dejando limpia la tierra. Sólo huesos. Al caer, su rostro, encuentra un ojo blando, acuoso aun fresco, que fue de un muchacho o una niña. Un grito se sofoca en su garganta reseca. Entre los pocos despojos, hay un brazalete de oro y un envoltorio que toma con calma. Esconde entre sus hilachas el hallazgo. Con eso comprará algo. Tal vez comida, tal vez agua… tal vez una hermosa muñeca que viera hace tiempo en su aldea. La llevaba una niña blanca en los brazos. Ella, iba con su madre y sus cinco hermanos. Todos muertos por los machetazos de los combatientes. Mira el cielo. Lloverá, piensa, hay un raro color en el aire. La mujer voltea la cabeza y se la queda mirando. Señala adelante. ¡Fuego! Majola, señala las nubes y las primeras gotas caen dadivosas sobre su piel reseca. De pronto llueve como hace tiempo no lo ven en la zona. Una verdadera cortina de agua lava las heridas, la sed agazapada en el cuerpo maltrecho de ambas. Sonriendo por primera vez, ve los ojos de la mujer que la arrastra a la deriva. Es ciega. Con algo punzante le quemaron las pupilas y ella, se abrazó a la vida igual. El frente Revolucionario Popular visitó la aldea y aquellos que vieron los robos y las muertes, fueron cegados como ella.  El espeso humo envuelve la zona y pasan dos patrullas sin verlas. ¡Salvadas nuevamente! ¿Ésto es la guerra? ¿Ésta la salvación para nosotros los africanos en Liberia o Sierra Leona? No tiene respuestas. Es sólo una niña de doce años.
                        Mientras la mujer se lava con el agua que corre sonriente en la cuneta, ella escarba en el bulto que encontró atrás, en el cadáver y se asusta mucho. ¡Diamantes con sangre! Cada uno y todos esos malditos vidrios que buscan los blancos, los hermanos  negros…arrastran la sangre de los aldeanos de ese territorio. Los deja caer uno a uno en el barro y camina tras la dama ciega.
                        Demasiada muerte. Demasiada sangre y desdicha. Por un puñado de esas feas piedras. Recuerda a su padre, ebrio, buscando en el lecho del río. Recuerda a su madre, golpeada para arrebatarle una de esas. Recuerda la vida en su aldea. Ella más pequeña, ayudando a sus hermanos a zarandear la arena, el agua y el barro. Igual a este barro con olor a excrementos y muerte. Ahora es una muerta viva, que camina.

SIN PALABRAS


Ya no me quedan palabras para editar poemas nuevos

re escribo en el margen de la lengua con la tinta
mezclada de jirones de arco iris. Con sal ardiente.
Con cenizas de papel de pentagramas.
Mi libro gira en espirales blancos
sólo humo
la boca trasnocha entre placas de mercurio
se mueve con pequeñas esferas que se pierden
en el hule tendido sobre el camino   y es la huella
el sendero cósmico
mi hoja en blanco
espera
abierta    escucha     escucho
hace frío en las letras  que escapan  asustadas
por renglones borrados   dormidos

qué nos queda
tómame en las tinieblas
transfórmame en vapor   aire   
silencio.

MUJERES MALTRATADAS



                La marta se sentó juntó a mí en el jardín de la casa de campo. Siempre tenemos ese clima de confidencia que hermanan a las mujeres. Ella criada allí en medio de los cerros y yo tan citadina como un shoping.
Los tulipanes han comenzado a abrirse. Y los narcisos como si quisieran besar el sol.  ¡Ah, mire si hasta los jacintos besan la tierra por culpa de esta lluvia inusitada y a destiempo…  húmeda del terreno de atrás!
Hoy no vino tanta gente joven. El año pasado estaba lleno. Pero como no los dejaron traer alcohol ya no quieren venir. Antes era una fiesta.
Vi muchos jóvenes en el camino de paso al poblado, sabe, creo que  es mejor, ahora hay muchas chicas que se embarazan sin cuidarse y después…
Ni me diga, si lo sabré yo, digo, porque acá nos conocemos todos. Hace muy poco se suicidó la Hortensia, la cuñada del “Tormenta”.  Dicen que la dejaron un ratito solo y cuando volvió el pelado, estaba colgando  medio de rodillas sobre la tierra. No se  pudo hacer  nada.
¿La Hortensia no es la que el año pasado perdió dos hijos?
Sí, se suicidaron igual que ella. Dicen acá en el pueblo que estaba loca.
¡Usted que cree diga, acaso una mujer al que se le van dos hijos en esa forma no se puede transtornar?
Y… visto así, claro,  lo que pasa es que acá hay mucha ignorancia. Y pobreza, a los hombres no les gusta trabajar, se sienten inferiores, como hembras, si agachan el lomo.
¡Pero es la ley de la vida! Nacemos para hacer cosas. Si no estudiamos o aprendemos un oficio…!
Acá, el trabajo lo tenemos que hacer nosotras y ni le digo como nos tratan  en la cama.
¿En la cama? ¿Quiere decir dentro del matrimonio? En la vida sexual es cuando más se nota el machismo acá y en todos lados, no crea que en la ciudad  no pasen cosas parecidas.
Pero acá. Son como animales. Yo a mi hombre le tengo mucho miedo. Me agarró desde un principio y me obligó abortar seis veces… y yo todas las noches cuando me acuesto, después de rezar, Le pido a la Vírgen que él pague por lo que me hizo hacer.
¿Lo odia o le teme? Dios no la va a juzgar por lo que él le hizo, imagínese si usted, Marta querida, hubiera tenido que criar ocho chicos… los dos que tiene son sanos y les pudo dar de lo mejor. Con ocho, ¿quién sabe?
Yo antes le tenía terror. El miedo me hacía hacer pis en la cama cuando el venía a acostarse. Después me fui acostumbrando.
¿Ahora le tiene miedo? O quisiera que…
Por lo pronto, no lo dejo que se venga a mi cama, ya tengo casi setenta años. Se imagina que un viejo de mierda sólo quiera… bueno usted sabe, ¿no? Y me insulta y dice que soy una tal por cual y que para eso me casé, pero yo no  me casé para ser sólo una…  ¿cómo dicen en la tele? Una vagina.
Yo entiendo lo que siente. ¡Nunca imaginé que sufriera tanto!
Me cierno cualquier cosa, enfermeros, medicuchos, matronas… rezo por esos pobres niños que nunca vieron el sol. Y pido que este viejo de mierda pague por cada aborto que me hizo, me obligó a hacerme. Espero que lo pague en el infierno.
¿Tiene miedo? Dios ni nadie la pueden juzgar.
Lo odio y cuando toma y lo veo querer acercarse a la cama, saco el rebenque para sacarlo a los golpes. Sí, le tengo mucho miedo y asco. ¿Sabe que si por él fuera yo tendría que  servirlo cada noche?
Usted tien edad como para tener una sexualidad feliz. Según dicen los especialistas…
Déjeme de pamplinas, son unos viejos cochinos, sólo quieren coger y chupar, de trabajar, nosotras. De mantener y educar los hijos, nosotras y bueno… tal vez la pobre mujer se suicidó por eso. ¿Quién lo puede saber?
Tal vez, pero… quédese tranquila. No se vaya llorando, hay seis ángeles que la cuidan y la esperan
Y seis diablos que lo arrastrarán al viejo al mismísimo infierno. ¡Eso espero! Hasta la semana que viene, ¡está hermoso su jardín doña, está muy lindo!  

FOTOS PARA EL RECUERDO

 ENCUENTRO INTERNACIONAL EN PANAMÁ CASA DE DIANA MORÁN. UNA DELICIA.
 HOMENAJE A LOS ESCRITORES LATINOS EN LA GOBERNACIÓN DE PANAM. ENCUENTRO DIANA MORÁN. BANDERAS DE ARGENTINA, BRASIL, CHILE Y COLOMBIA.
EN LA FERIA DEL LIBRO EN BUENOS AIRES, ARGENTINA, PRESENTANDO MI LIBRO EN EL DÍA DE MENDOZA.

SIN TI




Acababa de dejar el pequeño rectángulo de cielo que se proyectaba en la ínfima habitación. Cerró los ojos doloridos y enrojecidos de mirar hacia el infinito. La soledad le  había clavado una cruz de agujas imantadas en las pupilas. Ya no esperaba ver nada nuevo allí ni desde allí. Mordió un minuto los pequeños tubos de plástico transparente que proveían de aire y alimentos. Cerró la  mente  aislándose de esa realidad y comenzó a soñar.
Una mañana tan fresca y soleada. Él caminando por la orilla del gran lago. El sol marcando sombras tardías entre los árboles y el aire envolviendo su cuerpo con olores fuertes a menta, toronjil, romero, pasto recién segado  y una necesidad urgente de tirarse en ese prado. Las nubes tratando de desterrar el brillo, y la belleza, las nubes en guerra permanente con el espíritu fugitivo de las sombras y las luz. Recostado, la mirada hacia el lugar para ver aparecer a Nazarena con su cabello al viento transitando descalza sobre el tapiz acuático y vegetal de un piélago verdoso, y helechos, frondas de tornasolados iridiscentes, amarillos, ocres, verdes y azules increíbles en esa orilla escurridiza. Cerró la boca. ¡No quiero respirar, no tendré en mi interior herido por la pasión, el perfil de tus muslos y tu rostro o tus manos como alas de golondrinas revoloteando o sosteniéndose suspendidas entre las largas ramas de los sauces! No, no quiero respirar, porque penetra en mi conciencia el perfume salvaje de mandarina y jacintos de tu piel morena de muchacha cerril y montaraz. Hembra de tiempos inhóspitos de mi país de ensueño.
El silencio me devuelve el golpeteo de mi corazón herido. ¿Estoy dormido y sueño? Acaso el tiempo va a prenderme a la voraz lentitud de los relojes. ¿Has regresado para incorporarme a las letanías de tu legión de fantasmas y espíritus ligeros? Ya no veo. Estoy ciego y deslumbrado. El mirar eternamente en el rectángulo de mi ventanuco me ha dejado alucinado. Perdí tu beatitud en una algarabía de estampidos y ruidos Allá en la carretera hacia la ciudad de mi destierro. Hacia allí  quedó el caballo y he quedado. Sin nada ni nadie que venga a abrazar mi cuerpo muerto, mi conciencia viva que vibra, desespera por tus besos y tiernas caricias calientes. Hace un tiempo infinito que mi mente te llama y no puedes escucharme, porque estoy aquí en esta aciaga celda del averno. ¿Acaso puedes escuchar el silencio? ¿Y tú recordarás a quien rodeó tu cuerpo en  un instante de pasión amorosa para crearte ese mundo mágico de un hijo? Duermo y sueño contigo. Me despierto espiando tu sombra y no llegas a buscarme. Estoy volviendo a abrir los ojos de febril e impúdica exaltación. Algo acuoso se mueve en mi interior como una gelatina flamígera, me quema aun más que la visión desde el ángulo de la ventanilla donde mi vista se pierde. ¡Amor regreso, amor vuelvo a ti, espérame, en tu regazo místico y festivo, amor...amor mío!
                                                                                                                                                                               
         - Doctor Villafañe, el paciente de terapia se ha descompensado.
 Casi sin voz la enfermera trata de regresar al hombre.
         -¡Por Dios, hagan entrar a la muchacha...aunque esté en ese          estado... tal vez ella logre traer a paciente.



CARTA A UNA AMIGA



Querida Beba: han pasado unos días desde tu paseo a visitar a tu tía en Bs. As. Me parece que han pasado meses desde que te fuiste. Me siento más sola, tonta y fea que nunca.
Te cuento lo que pasó... se me rompieron mis zapatitos de charol. Esos que tenían pulserita que a vos te gustaban tanto. Subí la escalera para esconderme, porque había venido “el que vos sabés” y yo no quiero ni mirarlo. Me muero al verlo; ¡Es tan hermoso! Me caí y los rompí. Mi mamá me retó muchísimo, dice que como siempre vivo en las nubes. Siquiera; así lo podría mirar al “Gringo” y él, ni sabría. Pero ahora...mi mamá compró unos zapatos horrorosos. Los odio. Los quemaría y sería un poco feliz.                                                                               
Son chatos, marrones, feos. A las chicas de la escuela les mentí. Les conté que me los habían traído del oriente de regalo, un amigo de papá y que tenían la virtud, que cuando me los ponía, podía bailar en puntas de pie. ¡Cómo me gustaría que me mandaran a baile! Pero nunca hay plata. Igual espero tu regreso, así jugamos a las reinas y cuando vaya a tu casa, paso por la vereda de la casa de él y si lo veo salgo corriendo. Los otros días andaba en bicicleta y me dijo: ¿Querés dar una vuelta? ¡Cómo le digo que a mi no me dejan aprender a andar en “bici”; mi mamá dice que no es de niñas finas y mi  papá que una nena debe cuidarse....que se puede caer y que se yo qué más! ¡Igual apenas le dije gracias y salí caminando muy rápido para que no me mire!                                                                                                                                               
¡Soy tan fea y él es tan lindo! Me gustaría que me dejen usar trenzas como las tuyas, pero mamá no me deja. Tengo un pelo pobre y lacio. Puro ojo y nariz. ¿Sabes como me dice la tonta de la modista? “Faccia brutta” que en italiano quiere decir...cara fea. Si ya lo se, pero ¿qué voy a hacer? Por más que me escondo, de vez en cuando, como soy curiosa salgo y he aprendido, gracias a vos, a  representar que no me importa. De noche lloro y mi madre no se da cuenta. Mi papá cree que es porque estoy leyendo Mujercitas de Luisa May Alcott y Jean Eyre de una de las hermanas Bronte.
Regresa pronto amiga, a tu lado paso momentos memorables, leyendo autores maravillosos, escuchando música clásica y aprendiendo en la Enciclopedia Británica que te regaló tu tía. Me pregunto: ¿Es normal para una chica de trece años estar enamorada del vecino? La tía Florinda me regaló para mi cumpleaños un diario y me dijo que tengo la edad justa para desparramar mis sentimientos e ideas.  Y me contó que hay un diario muy importante que encontraron en un altillo en Holanda de una niña llamada Ana Frank que fue llevada a los campos de concentración en la guerra por los nazis y al regresar su padre, lo recogió de los restos y ahora es perentorio (viste qué lindas palabras he aprendido) que se lea y en especial los jóvenes.
Bueno mi querida amiga, espero tu regreso. Un abrazo a tu tía y a tu mami.
P. /D.: Apenas vuelvas a tu casa vení que mi padre compró otro disco de Tchaikovsky.

ESPERA




Desde el momento que soñé tu nombre
         Un ramo de jacintos me ha crecido
         en el sitio donde juega tu mirada
         la pequeña flor de mi vientre,
         de mis delirios amorosos.
         Desde que te imaginé, en mi corazón de flauta dulce
         te beso en silencio voy hacia tu sonrisa de ángel tibio, encuentro un puñado de pétalos de narcisos. Desde que te vi. Tu imagen transparente, de pájaro jugó con mi esperanza hacia el mundo inquieto de tu cuerpo niño.
         Pequeña estrella de mirada alegre.
         Desde que tu estás en mí, pequeño milagro de la vida.
         Haces que el perfume inquieto de  tus manos se mezcle con la piel.
         Desde que nació tu luz en esta aurora mi alma juega
         con un sol de caramelo, corre hacia la risa de tu boca pequeña
         para llenar el hueco en mi vida simple.
         Milagro que renace en cada hora
         pequeñita de piel rosada  turmalina






UN ÁNGEL INQUIETO




El ángel suspiró y un millón de luciérnagas escapaban de sus labios de pulpa de damascos. Se miró reflejado en el charco plateado de la fuente. Ya no era un niño. Se deslizó por el césped y era como una mariposa de escarcha engarzada en hilos de rocío planetario. En el tiempo infinito de los ángeles había transcurrido en un instante y se volvió a mirar. El perfil de su cuerpo parecía la costa de un río sereno de los llanos en flor. No pudo esconder el plumón rebelde de su ala izquierda, esa que tremolaba cuando veía a la ninfa de mármol de la fuente. Volvió a suspirar y salieron volando pétalos de flores de colores amarillos pálidos y fuertes. Se había enamorado.





miércoles, 18 de abril de 2018

EL ABANICO NEGRO


           Todo negro...mi vestido de tafetán, mis guantes, mi sombrero de plumas y cintas...el velo que cubre mi frente y los ojos hinchados por el llanto. Todo negro...hasta mi corazón. El abanico de viuda y sus tristes destellos en mis manos tristes.
            Entro al salón. Me detengo y respiro profundamente. Paso al escritorio y me veo reflejada en el gran vidrio de la biblioteca. Yo, allí, erguida, sostenida apenas por el "polizón" y el "corset" ; aunque estoy quebrada en millones de fragmentos. Erguida a pesar del dolor.
             Sí, mi amado José Carlos ha muerto. Ya no veré su fino bigote que con delicados movimientos atusaba para esconder la sonrisa cómplice. Sus lentes de oro y vidrios pequeños, que encubrían su mirada apasionada. Su deseo.
            ¡ Cuánto amo a ese hombre que se ha escapado de mis apasionados brazos ! Miro mis botines también tan negros como el perfil oscuro de la muerte. Tal vez ellos ocultan mi temor  y desolación, en mi paso firme. Camino hacia el escritorio de caoba. Abro el cajón del frente...y allí está la pequeña pistola. Fría mensajera de metal y nácar. La tomo lentamente...me siento el enorme sillón de terciopelo rojo...la acerco a mi frente y dudo. La pongo con mis manos trémulas junto a mi boca sedienta de sus besos y su aliento . ¡ Disparo y un chorro de sangre brota como una cascada sobre las cartas de él, que sueñan en la tapa del mueble frente a mí ! Silencio.

            Un ruido cercano me despierta. Estoy sola. Hace unas horas me he quedado dormida en el viejo escritorio de mi abuelo. Mi amor ha muerto ayer y extraño su pasión. Su cuerpo. Su compañía. Sus besos... Miro hacia el jardín y observo el auto negro que brilla con el sol que trata de ocultarse entre los árboles. Mi vestido blanco de seda está empapado de lágrimas tibias. Observo el recinto...es el mismo de mi sueño.
            Sobre mi regazo...un abanico "negro" de viuda, me deja el mudo regalo de mi bisabuela. Ella estuvo allí... hace muchos años. En el gran espejo veo una figura tenue que se desdibuja en las sombras. Ha dejado un fuerte perfume de violetas.


LING TAI YU...


            
                        Era de ladrillo cocido, esmaltada en algunas de las figuras del león vigilante de los demonios caseros. Era la casa donde ella, ahora era la “primera”...
                        La belleza nívea de la rala cabellera transpiraba noches de luna insomne. Pequeñita, torpe en su desplazarse entre el crujiente sillón de madera y mármol, que refrescaba su escaso puñado de músculos macilentos. Sus pies hinchados y deformados la hacían arrastrarse para llegar hasta el altar familiar abrazado de incienso volátil. El rojo tapado de seda abarcaba su cuerpito menudo y tieso. En sus ojos cenicientos nadaban los miles de plantas de arroz que enraizó en su juventud , agachando el deseo de estirar un suspiro en su espalda corva. Miles de siglos apretados en su espalda de campesina. Sus manos de piel morena, dedos deformes y aguzados como azuelas acariciaban una pequeña bolsa displicente en su regazo. Picardía en el sobar las fruslerías de jade y oro que contenía su faltriquera antigua, recuerdos obscenos de la época anterior a la muerte de la primer esposa y de la segunda. Se sentó extasiada bajo el cerezo florecido esa mañana. Un mar de rosados pétalos atrapaban las abejas y abejorros que extraían el néctar para polenizar otros árboles de la ciudad en flor. Una sombra azulada se perfiló en su rostro cuando una jovencita se acercó a lavarle los pies y las manos. Era la hora de sol rotundo, cuando caen guijarros de fuego húmedo sobre la techumbre de viejas tejas musgosas. Era esa, la nueva esposa de su hijo mayor y ella la odiaba. Su sonrisa desdentada horadó su memoria...Activó la  imagen de la primer esposa de su amado. Esa que la hizo hincarse para limpiar su sangre y el tibio semen después de copular toda la noche. El odio ensombreció la mirada astuta y petrificó aún más su corazón partido en mil esquirlas aguijadas. Zumbó su voz  el vapuleado azote verbal a la nueva muchacha que penetraba en su mundo petrificado de silencios. ¡No me toque , dijo en un zollipar nunca escuchado! Y la  tercer esposa del primogénito, siguió abrevando el tibio líquido sobre la piel escamada, a causa de largas temporadas pisoteando en el fango, cosechando o plantando arroz para su esposo. La había comprado por monedas a su padre que la odiaba porque era mujer y había nacido antes que el varón tan esperado. Otra muchacha , casi una niña, le acercó un bol con una papilla tibia con verduras y pescado finamente desmenuzado. Comió con la pequeña mano, ya no podía sostener los palillos por el dolor afilado que le deformaba los nudillos. Bebió el té verde, que se deslizó por su barbilla que descargaba en el ahuecado pecho la mitad del contenido del mínimo vaso de porcelana. Se durmió entre sorbo y sorbo, pero soñó con las caricias de su dueño caprichoso en tardes de primavera. Sus muertos senos eran como talegas de duraznos maduros y perfumados entre los dedos expertos de aquel hombre que había deseado tanto...otrora. La muerte atisbaba lujuriosa entre los cerezos. Ella abrió los nublados ojillos medio adormecidos y vio acercarse a la esposa primera, aquella que le había robado la pasión de su amo y esposo. Venía a buscarla desde la otra vida. Tomó un bambú que le servía de apoyo y descargó un tremendo golpe a la maldita. Otro golpe y otro. Inesperadamente la tercer esposa de su hijo cayó. La cabeza estrellada a palos en un charco de sangre sobre el pavimento del patio interior. La negra cabellera juvenil teñida de fiesta, pensó...¡ Resonó como el tambor del templo !
 Acudieron las otras mujeres para auxiliarla...era demasiado tarde. La muerte jugó con el destino pero se llevó la vida joven. Inocente la muchacha yacía en las piedras pulidas por el uso. Victoriosa la anciana juzgó que debía dormir una siesta. No vestirían de blanco por lo sucedido. El rojo seguiría siendo el color de la casa.


EL JUICIO


El chirrido agudo le ingresó al cerebro. Un afilado estilete acerado le penetraba en la conciencia cegándolo y lo hacía entrar en un mundo algodonoso de color rojo. Recordó la figura de Estela pidiéndole que no olvidara...Silencio. Soledad. Luego la nada.
            Una pequeña multitud arremolinada trataba de contener a los niños curiosos que se asomaban entre las piernas de los mirones. El accidente había ocurrido frente a una escuela de párvulos. La ambulancia llegó y con dificultad y ayuda de los bomberos extrajeron el cuerpo de un hombre joven.
            El celular de Estela sonaba con frecuencia. Ella estaba dando una conferencia en la facultad y no podía atender. Lo dejó en espera. Ernesto se habrá olvidado de ir al médico para retirar unos estudios de factibilidad. Los aplausos y las breves preguntas le parecieron normales. Al erguirse observó que en la puerta del auditorio, un oficial de policía hablaba con su secretaria. La señalaban. Se acercó. El rostro de Dulce, su ayudante de cátedra era fatal. Martina, su secretaria le pidió que fueran hasta la oficina del decano. Allí le comunicaron el suceso.
            Llegó rápido al sanatorio. Un médico desconocido la tomó del brazo y la introdujo a una salita. Ahí, a través de unos cristales pudo ver, entre cables y máquinas tecnológicas, la figura de Ernesto. Muerte cerebral. Coma profundo. Palabras que le sonaron a metrallas, guerra, atentado. Cayó en un profundo mutismo. No tenía palabras, sólo lágrimas. Pasó días, semanas y meses en un estado de inoperancia catatónica. Sentada en el piso junto a la cama del marido...¿ marido ? o muerto en vida...observaba inmutable el hilo sinusoide del ritmo cardíaco. El respirador monótono mantenía el flujo de oxígeno en el cuerpo. Sus signos vitales eran propios de un hombre de 38 años, sano hasta el momento del hecho. En el receptáculo entraban y salían toda clase de especialistas y enfermeros, cada uno le realizaba tareas delicadas para mantener el cuerpo vivo.
            Una tarde de invierno, ya había pasado siete meses, entró una joven y comenzó a hacerle preguntas. Era sicóloga. Preguntó por los hijos...¿ Hijos...? Ellos no habían querido tener niños hasta no tener ciertos bienes y...la libertad...y poder disfrutar de
 ...viajes, teatro... y ahora estaba sola. Él ya no podía darle un hijo. La charla se prolongó un tiempo corto. Pero la idea del hijo quedó flotando en su conciencia. Estela pensó en su estúpido egoísmo. Necesitaba un hijo para poder sobrevivir a tamaño dolor. Así sólo así lograría superar su sentimiento de culpa.
            Varios médicos la miraron con sorpresa y desestimaron su interrogatorio. Comenzó una búsqueda urgente. Habló con especialistas que dieron algunas alternativas. Un día entró un joven médico residente extranjero. Ella le contó su historia y él le sugirió...una inseminación in vitro con posibilidad de tener el ansiado retoño.
 ¿ Qué tenía que hacer? ¿ De dónde extraer los espermatozoides? ¿ Podrían extraerle a Ernesto?...Así se formó un pequeño complot... A los veinte días ya tenían material. Le sacaron, luego de ayudarle con hormonas, cinco óvulos. Estela se preparaba para una aventura increíble.
            El tratamiento era un triunfo de la ciencia. Dos embriones estaban en el útero bien ubicados. Se desarrollaban perfectamente. El vientre comenzaba a abultarse.
            Desde Francia había llegado un especialista a dar unas conferencias y un amigo común le pidió que revisara la historia clínica y a Ernesto. Le suministró una nueva droga experimental y aconsejó unas pruebas de vibrato acústico. El resultado fue revolucionario.
            De entre una nube comenzó a ver pequeños objetos. Sintió ruidos, voces y palabras que le llegaban al cerebro aumentadas cien veces. No podía hablar. No podía decirles que entendía todo. Se esforzaba por hacer algún movimiento para que entendieran que había vuelto. No sabía de dónde. No sabía qué le había pasado. Sacó algunas conclusiones de lo que hablaban a su alrededor. Un accidente terrible. Muerte cerebral. ¡ Él estaba allí, vivo, comprendía!
            Las máquinas dieron muestras de su mejoría. Comenzaron nuevos tratamientos. Tuvo reflejos y algunos movimientos de párpados y dedos. Respondía al dolor, al calor y al frío.
            Estela sintió que había llegado el momento del parto. Sola, con Dulce y Martina, entró a la sala de pre - parto. Luego se produjo el nacimiento de una beba y un varón. Sanos , hermosos y producto de la biotecnología. Se silenció el origen ante los medios, para proteger a los niños. Y a los padres. Era un verdadero milagro.
            ¡ Es un milagro, sin duda es un milagro, dijo el equipo de médicos ! Ernesto había hablado mostrando su total conciencia y su dominio de voluntad. Ahora quedaba un enorme trabajo de motricidad por delante.
            La llegada de Estela al pabellón donde se trabajaba con el cuerpo de su esposo fue acompañada de una actitud inesperada. Ernesto no quería hablar con ella. En su lugar apareció un abogado que le presentaba una demanda de divorcio. Ella había sido infiel. La concepción de dos niños en su etapa de muerte cerebral eran la causa. Ernestito y Delicia no eran producto del amor. No tuvo él la posibilidad de engendrarlos, no eran hijos de un acto voluntario.
            El juicio fue muy difundido y publicitado. Los niños amparados por leyes de protección al menor pasaron a las manos de un familiar. El juez, frente a un tema ético tan conflictivo se juntó con grupos de jurisconsultos a deliberar...Estela está esperando la sentencia.

RESINA HIRVIENTE



El incendio había atrapado todo. Las bestias huían en los estrechos espacios por donde podían colarse. El nefasto humo agrio, invadía el pequeño bosquecito de la isla.
Añosos los pinos crepitaban como hijos huérfanos en duelo. Los pastizales como látigos de lava hirviente, castigaban a las indefensas alimañas del monte isleño, que se freían con el fluido resinoso que chorreaba. Borboteaba fluido de los troncos casi calcinados en lenguas sangrientas.
De pronto, el cielo compadecido gimió. Llovió con furia, apagando lentamente el siniestro aniquilador. Un fantasmal habitante de las inmensidades celestes fue extinguiendo, uno a uno los pabilos de un gigantesco candelabro.

FOTOS PARA EL RECUERDO

SI CREYERA QUE HAY UNA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE, YO HE VIVIDO EN UN PAÍS DONDE LA MÚSICA DE GAITAS ES PROPIA. ME LLENA EL ALMA Y ME INSPIRA ESE INSTRUMENTO MUSICAL.

 AL SALIR DE UN PATIO EN UN CASTILLO DE INGLATERRA, UN HERMOSO ACTOR REPRESENTANDO A UN REY, NOS DIO PASO Y NOS HIZO UNA GRACIOSA REVERENCIA!!!
EN EL SILENCIO DEL CAMINO DOS GAUCHOS REGRESAN CABALGANDO POR LA TIERRA DEL SUR DE BUENOS AIRES. ¿CUÁNTOS POEMAS PODRÉ CREAR CON ESTAS IMÁGENES? MUY BELLAS TODAS.

UNA CARTA DE AMOR IMPOSIBLE


CARTA A SAN MARTÍN

                                                                       Mendoza - 24 de febrero del 2000.
Mí admirado José Francisco...
                        Dulce amigo...
                                               Larga nostalgia azulada y agridulce me produce su silencio, pero no sorpresa. Usted sabe que la ingrata distancia en el tiempo y su incalculable espacio en el infinito, impide que su espíritu sensible se acerque a esta arista apasionada de mi alma inquieta.
                                               Terrible estupor castiga mi ánimo por causa de las intrigantes chácharas que escuché sobre sus vivencias europeas y americanas, en bocas tan sazonadas de verde y pútrida cicuta, que un grupo de sesudos y arbitrarios estudiosos, en obscenos claustros donde mercan con sonados retruécanos, resonaban como guijarros arrojados con filosos encantamientos sobre el frágil cristal de su memoria." La incomprensión presuntuosa de quienes creen poder bucear en su alma, en la profunda ingenuidad de sus creencias y verdades..." ¡Nadie creo podrá jamás, penetrar en el lago silencioso de su mente hidalga, en su Ser!
                                               Miraba anoche unos retratos, -miniaturas-, que amigos comunes, conocedores de esta gran pasión que me atormenta, me han acercado; digo contemplaba observadora minuciosa, en su mirada profunda, la nobleza de su estirpe y su carácter y su fortaleza interior, luego la suave curvatura de sus labios finos descarnados y determinantes para la réplica sutil y nunca aviesa, infiel o artera.... ¡Perdón besé su rostro cálido y quieto, con mis ojos y con mi pensamiento!
                                               Amigo...a Usted le sorprendió saber que soy casada. Pero eso fue hace más de treinta años... ¡no señor mío, no debe sorprenderse! Ya que con ese digno hombre hemos llegado a esa dulce meseta de silencios compartidos, de perfilados recuerdos agoreros, de inocentes delirios del pasado sin futuro. Yo soy la amiga - esposa, compañera, añeja amante adormecida por la música tenaz del tiempo ido. No se entremezcla con esta intensa mística locura que nace de su historia, de su vida.
                                               Otrora soñé yo, conque sus manos viriles me enlazaran la cintura y como toma usted la guitarra española, roza sus cuerdas tensas, bajo los durazneros en flor, acariciara mi piel sedosa y cálida, bajo la luz crepuscular de mi Mendoza. Así, así soñé una utopía de amor inalcanzable. ¡Su amor humano, amigo mío!
                                               Hoy quisiera haber estado en el salón limeño, donde con su uniforme blanco inmaculado, paseó su serena mirada penetrante por sobre las figuras gráciles de juveniles damiselas, que rogaban a Dios, por una señal suya que les permitiera penetrar en su mundo mágico y gigantesco, en su épica militar de nuestra tierra gaucha: Ahí quisiera yo haber estado para tomarlo en una contradanza - al que Ud. es tan..., tan poco amigo - y tal vez, tal vez con su copa de oporto ambarino y añejo, caminar entre los naranjos en flor y jazmineros perfumados, hablando con ternura sobre el futuro incierto de esta patria...nuestra.
                                               Señor mío: espero, sueño y deliro por una palabra suya, por un gesto...en esta vida árida y de ensueños.
                                               Pasan los días y las horas en monótonos oleajes uniformes de tinieblas y luz..., de páramo y de selva...que fluya la vida hasta un feliz encuentro...
                                               ¡Con enorme placer he pintado para Ud., en su cumpleaños, un cuadro de los viejos solares de Uspallata; así retornará con la memoria entre las añosas alamedas a los tiempos intensos de sus lides! Feliz cumpleaños... no me olvide.
            Siempre suya...como hasta ahora.

P.D.: Mi amigo...corro en remisse a llevar esta misiva a Mercedes o a las niñas, que yacen en la Basílica de San Francisco, como Ud. sabe, en espera, como de otras tantas...Ellas a través del túnel infinito de la ilusoria existencia, la pondrán en sus manos.
                                                           Con pasión...eterna y afiebrada espera.
                                                                                 
                                               Su amiga...eternamente enamorada.

CAMINAR…UN LUJOSO RECUERDO



            Danilo escapó corriendo del gentío. Había sospechado que algunos iban armados. Una protesta igual a todas y regresarían. No esta vez iba en serio. Estaban emborrachados de odio.
            La fábrica cerró y quedaron sin trabajo. ¡Es cierto que el miedo es un oscuro perro que corroe el alma! Pero con las armas no se juega, pensó Danilo. La calle parecía más larga y se escuchaban los tiros. Pasó un patrullero. Se agachó en medio de la vereda angosta. Pudo “zafar”, pero se escurrió por una lateral. Allí la vio. Era una muchacha de unos veinte años, estaba herida. Pensó que era por la refriega en la protesta. Se acercó con cautela. Ella, estaba boca abajo. No la quiso tocar. Pero sintió el quejido y fue más fuerte que su “cuidado Danilo” y lo emboscaron. Eran tres tipos de la pesada del sindicato.
            ¿A dónde vas “mequetrefe? Y le cayó el golpe en la cabeza, en la espalda, en las piernas. Lo arrastraron hasta un baldío. Allí quedó como muerto.
            Un tipo en bicicleta pasó cerca y el se quejó esperando una ayuda que no vino. Luego comenzó a aclarar, el cielo se iba transformando en un poncho morado con ingenuos rosados del sol que despertaba. Vio una mujer que llevaba un niño de la mano y le hizo seña. La mujer asustada gritó: -Mando a mi viejo. Y siguió de largo. Quiso incorporarse. No pudo. Tenía la boca hinchada y llena de sangre.
            Llegó un patrullero, le vieron las heridas y llamaron la ambulancia. Sintió la sirena como si fuera un rezo matutino. No se acordaba los rezos que le enseñó la abuela… Danilo “el Padre Nuestro”, Danilo el “Ave María”, pero pidió a ese Dios que tenía olvidado que lo ayudara a regresar a su casa vacía.
            Una semana, dos y los médicos le fueron cosiendo las heridas. Un policía vino y lo interrogó sobre el hecho. Él, no escondía nada. No le encontraron armas ni siquiera una piedra entre las manos ni entre la ropa. Llamaron a un pariente y le dieron la noticia… no podrá caminar más. Lo han herido muy mal. Pensó en sus compañeros. Supo por un camillero que la fábrica había sido tomada y que un grupo del sindicato se había hecho cargo de reabrirla. Los otros, los que iban con armas habían vuelto y él, que había salido para no tener problemas, salió 

CAMINARÉ DESPACIO


Me detiene tu sonrisa en medio del tráfago intangible
De la calle enredada con láminas de acero.
Las luces cotidianas descalzan mi sonrisa
Me siento adormecida con el ruido del viento que desflora el prado.
A mi derecha el sol se esconde y regresan los pájaros al nido.
Atrás está el olvido, tan desprevenido como perro perdido.
No hay delante un fuego, ni un umbral de cieno.
Caminaré despacio con mis manos sedientas
Entre los fríos prados de pasto y cemento.
Me sentiré defraudad, pero no tengo miedo
Apenas se desate esta tonta refriega
Caminaré descalza sobre la arena fresca y verde del estío.


MITOS AL VIENTO




Esa es la verdad, tan solo un mito
La carretera despejada para que circule el viento
así podrían quedar hojas desterradas en oro,
nuestros labios en mudo sortilegio

pero mis brazos
y tus brazos se ajustarán a las sombras
buscando el surco donde nace el almíbar
la carne desplazada en la cumbre de la puerta
el músculo sonriente
para imbricar el embrujo palpitante de tus ojos
con un lazo de ébano astillando la tierra
mi cuerpo   mi tierra    edén dormido
que se estremece con la música del viento


sábado, 7 de abril de 2018

LA VENGANZA




            Nació en un día siniestro. Su madre había tratado de abortarlo muchas veces, pero la vida fue más fuerte y nació. Se crió en la calle, comiendo de vez en cuando y nunca fue a la escuela. No conoció otro amor que el de un perro flaco que la madre, drogadicta, pateaba si se le cruzaba. Eran sacrificados juntos. Mendigaba y las monedas que conseguía se las daba al muchacho que le traía la merca a la mujer.
            Creció hostil y de mirar cómo eran otros chicos, se esforzó por ser fuerte y ágil. Un día encontró a la madre boqueando con espuma en la boca y una jeringa colgando de la única vena que se podía ver en su cuerpo. Murió con terribles espasmos. Él, huyó. La policía seguro creería que la había drogado su propio hijo.
            Vivió en las calles, comió de los tachos y se acomodó a raterear en los centros urbanos. Un día conoció al “Roka” un muchacho como él, pero con más astucia y viveza. Le enseñó a romper las rejas, las puertas, a robar de los autos lo que pudiera. Roka, conocía a todos los que vendían o compraban “merca”.
            Cumplió los dieciocho años y lo llamaron al ejército. Allí supo que se llamaba Julián Ardino. El apellido de la difunta madre. Nunca supo el del padre. Allí pretendieron corregirlo. Le arreglaron la dentadura, le enseñaron a leer y escribir un poco y cosas que no le interesaban. Rebelde no quería obedecer. Sin embargo cuando lo mandaron a la cocina, conoció a un tipo que le enseñó a cocinar algo y lo trataba tan bien que se encariñó. Un día encontraron dormido a Leonardo con tremenda borrachera. Fue a dar al calabozo.
            Cuando salió de la “colimba”, trató de entrar en un hotel para trabajar en la cocina. No duró mucho. Se robaba los elementos y los vendía para tener dinero para comprarse cigarrillos, ropa y hasta una bicicleta. Lo descubrió un mozo y él, le clavó el cuchillo de trinchar carne y lo encerraron en la cárcel. Entre rejas se cambió el nombre. A todos les decía que se llamaba Leonardo, aunque los guardias sabían su prontuario, lo trataron de forma cuidadosa. Le temían. Era traicionero. Estudió cocina en la penitenciaría. Era un hombre de pocas palabras. Sólo Roka, lo solía visitar. Era de rencor largo y memoria grande. Odio. Tenía odio por todo y a todos.
            Con la muerte repentina de varios presos y dos guardias, se descubrió el motivo del deceso. Arsénico. Julián “Leonardo” Ardino, tenía celosamente escondido un frasquito con arsénico, en un hueco de la celda.
            Murió un día siniestro, los truenos y los relámpagos cubrieron los gritos de la cámara de gas.



LA SEÑORITA CAROLINE BURTH



            La añosa señorita Carolyne vivía en la vetusta casa de sus padres y abuelos, muertos en un bombardeo de la primera guerra mundial.
            Amargada, triste y sola, su jubileo como profesora de matemáticas la dejó pobre en libras esterlinas y en un retiro absoluto de la vida social de la comunidad. Nadie la quería ni buscaba su compañía. Cuando cumplió los setenta años, falleció la única amiga y pariente que solía pasar a visitarla o saludarla por año nuevo o el cumpleaños de la reina.
            Con unas gruesas cataratas que nublaban su vista y una oscura insidia que opacaba su alma, continuó con esa dura rutina: la vida.
            Hurgaba en su mente que comenzaba a olvidar ciertas cosas y recordaba obsesiva otras. El final de la guerra, siendo niña, un soldado la había besado. Recordó vivamente un vestido violeta, sus trenzas rubias y su ropa revuelta donde quedó llorando amargamente. Había roto su infancia e inocencia. El pudor hizo que lo escondiera en su corazón, bien escondido. Ahora afloraba con el olor a tabaco ye l sudor agrio del soldado. Pronto puso una nube gris en ese espacio de su mente. Y comenzó a olvidar todo lo doloroso e imágenes desagradables. Soñó con una juventud que nunca tuvo, donde el soldado era un héroe que la amaba.
            Imagino su cuerpo apretado al pecho de Charles Brooks, el vecino que nunca hizo otra cosa que saludarla cuando pasaba para el Pub, después de salir de la fábrica. Un amor que nunca existió y siguió soñando.
            Miraba tras el ventanal y se imaginaba que aquella pareja de extranjeros que vivían enfrente a su casa, eran ella y su antiguo enamorado. Los fantasmas comenzaron a rodearla, a vivir romances y amoríos. Buscó el vestido de su primer baile. Se desató el largo cabello cano y bailó sola abrazada con un Charles imaginario. Bailó. Bailó hasta caer agotada en el viejo sillón verde, que ya raído, tenía ventanitas de estopa y crin.
            Vio al soldado que la besó, atado al árbol del jardín. Enojada pensó en dajarlo allí para que muriera de frío por dejarla abandonada. Lloraba. Sus lágrimas caían en la piel arrugada de su rostro. Salió iracunda y lo golpeó, lo cacheteó. Sus manos sangraban sobre la áspera corteza del roble viejo. Ingresó y siguió bailando. La luna, pronto, atravesó el cristal, mostrando a Carolyne Burth como una joven abrazada a una figura que tal fuera un boceto blanquecino, se iba diluyendo entre las sombras de la viaja casa.



MUSEO DE ARTE DE NEW YORK

 UN CUADRO DE PICASSO

 FLORES DE UN ARTISTA INGLÉS
NIÑOS JUGANDO PINTURA DE UN ARTISTA ¿FRANCÉS O INGLÉS?