lunes, 31 de julio de 2017

CUENTO CORTO

LING TAI YU...
                        Era de ladrillo cocido, esmaltada en algunas de las figuras del león vigilante de los demonios caseros. Era la casa donde ella, ahora era la “primera”...
                        La belleza nívea de la rala cabellera transpiraba noches de luna insomne. Pequeñita, torpe en su desplazarse entre el crujiente sillón de madera y mármol, que refrescaba su escaso puñado de músculos macilentos. Sus pies hinchados y deformados la hacían arrastrarse para llegar hasta el altar familiar abrazado de incienso volátil. El rojo tapado de seda abarcaba su cuerpecito menudo y tieso. En sus ojos cenicientos nadaban los miles de plantitas de arroz que plantó en su juventud, agachando el deseo de estirar un suspiro en su espalda corva. Miles de siglos apretados en su espalda de campesina. Sus manos de piel morena, dedos deformes y aguzados como azuelas acariciaban una pequeña bolsa displicente en su regazo. Picardía en el sobar las fruslerías de jade y oro que contenía su faltriquera antigua, recuerdos obscenos de la época anterior a la muerte de la primera  esposa y de la segunda. Se sentó extasiada bajo el cerezo florecido esa mañana. Un mar de rosados pétalos atrapaba las abejas y abejorros que extraían el néctar para polenizar otros árboles de la ciudad en flor. Una sombra azulada se perfiló en su rostro cuando una jovencita se acercó a lavarle los pies y las manos. Era la hora de sol rotundo, cuando caen guijarros de fuego húmedo sobre la techumbre de viejas tejas musgosas. Era esa, la nueva esposa de su hijo mayor y ella la odiaba. Su sonrisa desdentada horadó su memoria...Activó la  imagen de la primer esposa de su amado. Esa que la hizo hincarse para limpiar su sangre y el tibio semen después de copular toda la noche. El odio ensombreció la mirada astuta y petrificó aún más su corazón partido en mil esquirlas aguijadas. Zumbó su voz  el vapuleado azote verbal a la nueva muchacha que penetraba en su mundo petrificado de silencios. ¡No me toque, dijo en un zollipar no escuchado! Y la tercer esposa del primogénito, siguió abrevando el tibio líquido sobre la piel escamada, a causa de largas temporadas pisoteando en el fango, cosechando o plantando arroz para su esposo. La había comprado por monedas a su padre que la odiaba porque era mujer y había nacido antes que el varón tan esperado. Otra muchacha, casi una niña, le acercó un bol con una papilla tibia con verduras y pescado finamente desmenuzado. Comió con la pequeña mano, ya no podía sostener los palillos por el dolor afilado que le deformaba los nudillos. Bebió el té verde, que se deslizó por su barbilla que descargaba en el ahuecado pecho la mitad del contenido del mínimo vaso de porcelana. Se durmió entre sorbo y sorbo, pero soñó con las caricias de su dueño caprichoso en tardes de primavera. Sus muertos senos eran como talegas de duraznos maduros y perfumados entre los dedos expertos de aquel hombre que había deseado tanto...otrora. La muerte atisbaba lujuriosa entre los cerezos. Ella abrió los nublados ojillos medio adormecidos y vio acercarse a la esposa primera, aquella que le había robado la pasión de su amo y esposo. Venía a buscarla desde la otra vida. Tomó un bambú que le servía de apoyo y descargó un tremendo golpe a la maldita. Otro golpe y otro. Inesperadamente la tercera esposa de su hijo cayó. La cabeza estrellada a palos en un charco de sangre sobre el pavimento del patio interior. La negra cabellera juvenil teñida de fiesta, pensó... ¡Resonó como el tambor del templo!
 Acudieron las otras mujeres para auxiliarla...era demasiado tarde. La muerte jugó con el destino pero se llevó la vida joven. Inocente la muchacha yacía en las piedras pulidas por el uso. Victoriosa la anciana juzgó que debía dormir una siesta. No vestirían de blanco por lo sucedido. El rojo seguiría siendo el color de la casa.


                                               

MUSEO DE ARTE DE NEW YORK

 PINTURA DE ¿PICASSO?
 OBJETOS DE TUMBAS EGIPCIAS
PINTURA DE UNA BELLEZA EXTRAORDINARIA, NO RECUERDO EL AUTOR.

CUENTO CORTO

EL SILLÓN DE SEDA...

                                   El joven escribano se sentó sin poder pronunciar una sola palabra. Su intervención en el robo al banco lo dejó perplejo... Él nunca había participado en esa reunión ni había firmado ese acuerdo. ¡ Allí frente a sus propios ojos estaba la prueba... esa era su letra y esa su firma...! ¿ Quién pudo haberla falsificado tan bien? Recordó un  sueño que tuvo la noche anterior y sintió que de alguna manera todo estaba relacionado.
            Sí, en su sueño, él, hablaba con Gervasio Respeche y le entregaba una serie de cartas y papeles. Luego veía unas manos atadas y ensangrentadas. Una cabeza sin rostro cercenada. Un sopor asfixiante, olores repugnantes y un chirrido agudo, lo atrapaba, no podía despertarse. Cuando logró hacerlo tenía un cansancio enorme y estaba transpirado y tenía la boca muy amarga. Estaba seriamente comprometido con la estafa millonaria. Muchas pruebas en su contra lo señalaban. No recordaba haber participado. Lo apresaron. Su abogado desapareció. Llegó inesperadamente “alguien” a rescatarlo. Su mujer no estaba en el país y no supo quien lo patrocinó.
            Sostuvo su posición. Él no tenía ninguna participación. Vio a Gervasio Respeche pasar a su lado con las manos esposadas. Rodeado de varios uniformados y hombres de civil. ¡ Se sorprendió! La sonrisa ácida del antiguo gerente era una contundente mueca sarcástica.
            Quedó libre bajo palabra y regresó a su casa. Ese alguien había pagado una fianza poderosa. ¡Estaba libre!, y salió apurado para alejarse de allí. Llegó frente a la puerta e ingresó confiado. Encendió la luz y a sus ojos resaltó el brillo lujurioso del sillón de seda rojo, que su esposa había hecho ubicar en el salón..., una fugaz imagen le acometió. Ese sillón estaba en su sueño. Recordó otras caras. Parecían máscaras. Pensó: - ¡Cuándo fuimos a Venecia con Respeche compramos esas extrañas máscaras de carnaval! - Se desprendió el botón de la camisa y estiró bruscamente la corbata para sacársela. En el espejo alcanzó a ver unas marcas en el cuello, dos pequeñas heridas en forma circular. Miró con atención sus muñecas, le dolían, y, vio también una marca morada como si en algún momento hubiera estado fuertemente atado. Sintió un insultante perfume a combustible, algo parecido al fuel oil. Luego se sentó entre los suaves almohadones mullidos del sillón. Apoyó una mano... entre los cojines encontró su lapicera de oro... - la misma tinta... - se escuchó decir- de los papeles del banco... - en su memoria flotaba esa idea extraña. ¡El sonido del teléfono lo estremeció! Era su socio que necesitaba, urgentemente, hablarle. Cuando trató de pararse, en una hendidura del sofá, una jeringuilla hipodérmica minúscula, se incrustó fatídica en su mano. Olió la muerte. Vio como se iniciaba un fuego junto a la ventana principal del salón. Un sudor frío le recorrió las  vértebras y comprendió... ¡ Había caído en una trampa mortal y del infierno nadie podría ya salvarlo!


CUENTO CORTO

El hombre es la mueca del silencio


No sentía ni tu aliento, ni tu pulso. Sólo el fuerte perfume de diamelas y heliotropos que le dan un sabor frenético a todo tu ser. Penetré en la oscuridad de la noche donde estallaban como fuegos de artificio los recuerdos dormidos o escondidos por perversos y obstinados. Tú, la mujer prohibida. Lejos la verdad de tu vida real. Marqué ávido tu número de teléfono para escuchar esa voz planetaria y helicoide. Tras el otro aparato, una voz varonil ya conocida y realmente odiada me dejó perplejo y mudo. Corté la comunicación, inventando una escusa casi cómica y pueril. ¡Cómo decir que eras tú a quien yo ansiaba! Tomé la determinación exacta. Me senté a esperarte como siempre lo hago en el sillón detrás de los moreras amigas. Esperé en silencio. Soñé contigo y cuando sentí la llave en la puerta elevé el mortal amigo de mi locura y vomité su plomo devastador en tu frágil figura. Ahora miro perdido en la noche silenciosa tu bello rostro. Mi sangre fluye con borbotones mágicos sobre tu piel de seda y nieve. Muero, sí, pero nadie, nadie podrá amarte como lo hice yo en esta vida. Trato de llegar hasta tu cuerpo inerte y se va desplegando mi cuerpo inmaterial sobre ti en besos apasionados y me voy yendo y observo una mueca destemplada en mi antiguo rostro. Una mueca de ira y dolor por no poder amarte. Silencio. Sólo queda el silencio del jardín nocturno donde un casal de alondras hacen el amor entre las frondas de los rododendros en flor.
                                                          


UN RARO CASO DE PERDER...



            Cuando llegó eL “Chicho Rotello” a la concentración, estaba ebrio. “En pedo” a decir de los muchachos. Se armó un lío del diablo. Vinieron el aguatero y el masajista, que son tipos de peso pesado, y como a una bolsa de arena lo depositaron en la camilla del vestuario, junto al gimnasio quedaron los otros jugadores despotricando. El masajista llamó con urgencia al director técnico y al médico. La sentencia fue: “Borrachera y consumo excesivo de calmantes”.
            Algunos compañeros se burlaron y otros, amigos, se quedaron perplejos cuando el “doc.” dijo: Tiene un tumor en el glúteo izquierdo, que interesa los abductores con distensión “izquiotibial” que le impiden moverse, tiene terribles dolores. Habrá que operarlo con carácter de “urgete”.
            El equipo se quedaba sin un extraordinario mediocampista, pero así no podía seguir. El Chicho hacía meses que llegaba tarde, muchas veces borracho y con un carácter de mierda.
            Esa semana lo asediaron los medios gráficos, la radio, la tele, incluso pagaron fortunas en la Villa para poder entrar. Tenían que “ponerse” con un peaje a los “barras” de la Villa para ingresar y salir vivos, con las cámaras y efectos personales sin problemas. Son cosas del laburo. La madre del Chicho los recibió en la casa, hermosa,  que le construyó con el último pase el jugador. Ella siempre apoyada, la madre, claro, por los doce hermanos del as.
            Pagaron 350.000 dólares para que jugara en el club, y a él le dieron el 20% para su vejez. Buen hijo, le hizo hacer una casa de película a la madre. Con tres baños, cocina en isla, ocho dormitorios, sala de juego y hasta un micro cine para disfrutar los partidos en un T.V. de tamaño hotel cinco estrellas, que ahora solía disfrutar en los campeonatos de 1ª. La madre recibió a los medios y con pocas palabras dijo todo lo que podía decir. Nada, en realidad sólo balbuceó una explicación breve de miedo a los médicos, a los hinchas, a los “barras bravas” que cuando se enojan le llenan la casa de “bosta” y pintura con graffitis asquerosos. Ella no ocultó su amor por el Chicho y los otros hijos. Los doce eran más chicos que el enfermo, pero iban todos a la escuela, estaban vacunados y tenían bicicletas, que por supuesto había pagado el mediocampista.
            Llegó el día de la operación. El “Pelado” Soria y el “Panza” Vargas, donaron sangre. La tele en la puerta del nosocomio, esperaba la oportunidad en que los doctores dieran un reporte de lo sucedido. Después de seis horas, apareció un médico con cara seria y se despachó con una perorata con términos, que nadie entendió. Al final un ayudante joven, dijo: “Al señor Francisco Rotello se le extrajo un “DIU” de la nalga izquierda, los tejidos habían cubierto el aparato con una membrana que impedía que se absorbiera. Ahora está descansando, cuando despierte de la anestesia dará una conferencia de prensa. Investigamos cómo pudo llegar allí dicho elemento extraño. Gracias.”
            La madre del Chicho, llorando expresó: Ahora comprendo cómo me embaracé tantas veces…, nadie me dijo que había perdido el DIU. La mujer salió llorando perseguida por una decena de periodistas.
            ¿Cómo habrá hecho el Chicho para golear a los adversarios con ese aparato en el culo, me querés decir?... se escuchó preguntar a un camarógrafo mientras se alejaban.

ABANICOS

 COLECCION DE ABANICOS DE UN PEQUEÑO PALACIO EN ESPAÑA

AMOR DESPROVISTO DE TERNURA

Batirme en retirada de este amor desprovisto de ternura
en que tus ojos fueron dos océanos muertos

en sumergirme en un cofre de inviernos olvidados
y mis brazos transformados en mortajas quedando
en el cielo        en la ciudad de piedra, ofuscada de ruidos
mirando  la luna en un aljibe de incienso

sobre tus manos jóvenes  encontraré  la lengua sedienta de palabras
llenando mi perfil de inquietos sueños
marcando con el taco    la capa del deseo     roja    negra tu sangre
pero el calor de los besos derretirán mis nieves
tras los agitados párpados del miedo
mi mar con sus tormentas
ese mar    inquieto  ese mar nuestro
donde dejé la verdad inscripta en la arena  desdibujando nombres
invisibles       somnolientos

allí tocaré tus manos pobladas de gaviotas
tan pronto te alejes       las cubriré con besos
las besaré mil veces
en los vientos que envuelven los arrozales
en cada girasol  de piedra       en cada estrella anaranjada
y
tú, ya no estarás.
Yo seré otra. Aquella. Enajenada de veranos sin ternura. Otra.


SOLLOZO

Sí cabe en la sequía de mi cuerpo
                                   un grito
                                               un sollozo
mi potencia de estallido que se esconde
para no desear ser un fantasma.
Mi garganta esgrime una palabra muerta.
Hay un lecho con lluvia derramada
un cántaro roto en la cornisa
pisadas con zapatos de tiempo desdoblado
cartas amarillas
papeles que se vuelan con el viento
notas lejanas de ese tango triste de Piazzola
y un árbol deshojado sin vergüenza
casas abandonadas en calles empedradas
de unas noches de silencio.
Nada ha quedado
No importa
Esperaré la lluvia todavía.


MEMORIA

Era la brújula un alfanje de fuego en la distancia.
Un sueño inalcanzable en un campo de trigo despoblado
sin espejos ni sonrisas.
Inerte la luna mira el desvelo derrotado de las olas.
No hay memoria del sol.

No hay memoria.

CUENTO CORTO

El automóvil se desplazó con urgencia sobre el pavimento caliente. Desde la butaca se veía hacia el frente un lago brillante que devenía en gris concreto, a pesar del sueño irreal que se proyectaba adelante. Era la temperatura sofocante del verano. Todo se transformó en un fantasma que jugueteaba en el páramo, con el sol que caía a plomo. ¿Así sería el desierto? Imaginó ser abandonado en el yermo más seco del mundo. En Atacama. Recordó un programa de National Geographic Channel, que había visto hacía un año en televisión. Algo extraordinario ocurrió en aquella época. Llovió. Llovió sobre el desierto, abundante agua, y el Atacama en pocas horas, como un milagro esperado, se cubrió de flores y plantas que emergieron rotundas de la tierra arisca. También habían salido a la superficie sapos, ranas y lagartijas, que rápidamente se aparearon para perpetuar las especies; insectos que llenaron las inusitadas corolas para polemizar los vegetales despiertos por el breve tiempo húmedo. Mucho polen y rocío se esparció por el aire. Toda clase de animalitos se dedicarían a multiplicarse; a transformar, en pocas horas, ese desierto inhóspito en un paisaje inusitado. Su mente dejó de vagar por aquel recuerdo inútil, ya que él, regresaba a un lugar habitado Cerró los ojos y pensó que así encontraría su pueblo. Dormitó. El calor se mitigó cuando Daniel, mientras manejaba, elevó el cristal de la ventanilla y comenzó a funcionar el aire acondicionado. El chofer murmuró un ininteligible insulto. Su afición al tabaco lo torturaba desde siempre y ese viaje era una más de las torturas que debía soportar.
Rogó que lloviera como en aquel programa de su recuerdo. Una densa lluvia calmaría el disgusto de su compañero y su ansiedad.
            Si cambiara ese paisaje espantoso, el viaje no sería lo que era. Algo penoso. Se secó el sudor con un pañuelo de papel. Quería arribar. En realidad no. Prefería no volver a su pueblo. Recordó cuando salió de Casas Viejas. Casi huyó. Era sofocante el recuerdo de esa pequeña aldea donde quien respiraba, debía hacerlo al ritmo de las otras 789 personas que lo habitaban. Se había apasionado con un amor prohibido. Una mujer que no podía responder a su pasión. Era casada. Nadie debía sospechar que era el único horizonte de su locura. No podía exponerla y exponerse al oprobio. Muerte social. Huyó.
            De regreso ahora, el corazón escapaba por las venas que palpitaban como potros salvajes. El llamado urgente de tía Lourdes, no le permitió excusas. Allí iba muerto de angustia. Lleno de ira.
            Había triunfado en la selva de la gran ciudad. Su música logró penetrar en un público inestable y cambiante. Vendiendo cientos de discos y teniendo muchos contratos firmados. No podía desprenderse de ellos.
            Observó a la vera del camino un caserón que no recordaba. No existía cuando vivió allí. Era un desperdicio una casa estilo francés, con unos jardines, que se destacaban entre el enrejado, parecido a los de Versalles. Era un objeto exótico, que distraía el entorno. Innecesario. No, no estaba cuando huyó de Casas Viejas. La curiosidad lo hizo despertar. Se ubicó en el asiento atento al paisaje. Nada nuevo hubo desde allí en adelante, pero el aguijón de la duda lo espoleó. Al fin arribaron. La casa estaba igual. Descascarada la fachada, la puerta crujiente como siempre, roto el llamador de bronce y el jardín recordaba épocas de humedad y cuidado.
            Tía Lourdes, con paso cansado, los recibió con gesto adusto.
            -Mira tu padre murió ayer y lo cremamos esta mañana. Relató detalles como si fuese el final de un partido de fútbol, sin emoción.
            -También murió Juvenal, ¿te acuerdas a quién me refiero? Fue un accidente inverosímil, que se vivió en este pueblo tan pequeño como una osadía del destino. Dejó dos familias rotas.
Se quedó en silencio, mitigado por alguna lágrima que se deslizó por la memoria de la anciana. También pensó en las vidas rotas, la del sobrino y la de la mujer.
            -La tuya y la de ella se descalabraron. Ahora vive en una maravillosa casa en las afueras. Dicen, que Juvenal, el difunto esposo, compró parte por parte, de la casa, en Francia. ¿No la vieron al pasar?
 Había soslayado el tema escabroso. Nombró a la única, como si todos conocían el pasado escondido.
- Ahora, dijo carraspeando, puedes ir a darle las condolencias Es la viuda más joven, hermosa, rica y codiciada de Casas Viejas. Corre antes que alguien se te adelante.
      Agitada, parloteó con Daniel un rato. Lourdes señalaba la calle por donde tuvo deseos de correr. Necesitaba que se quedara callada. Quiso gritar. Ese día o el anterior, su padre se había despedido de la vida. Como siempre sin dejar huella. Huyó como él, pero al otro mundo.
            Se instalaron con Daniel, amigo y chofer de confianza. Trataron de amoldarse a las rutinas de la tía solterona, que ya contaba setenta y ocho almanaques. Los siete gatos merodeaban por todos lados y tres perros, les ladraban ante el más mínimo movimiento, eran los únicos habitantes visibles de la casa.
            Se durmieron agotados. La noche fue una dolorosa danza de silencio que les dio un relámpago de paz. Al amanecer, con el bullicio de los pájaros, despertaron. Debía terminar con los trámites burocráticos. Era el único heredero y no podía dejar sola a su tía.        
             Salieron con la esperanza de acabar rápido y poder regresar a la capital. Atravesar las calles fue un suplicio. Le llegaban abrazos de dudosa condolencia, pedidos de autógrafos y amigos que no conocía, que le hacían mil invitaciones. Debía mostrarse triste y compungido. Hasta llegar a la oficina del municipio, la tortura se fue incrementando. Indudablemente era un personaje exitoso y todos querían tener contacto con él.                                                Cuando ingresaron al pequeño recinto, el corazón le dio un salto. Allí con un jean y una remera negra escotada, estaba ella. El cabello suelto sobre la espalda cubría parte de su cintura. Estaba más delgada. La mujer se volvió para mirarlo y recorrió su piel, con la minuciosa libertad de una muchacha a la que le sobraba tiempo. Se acercó resuelta, y dándole un sonoro beso en la mejilla, se abrazó llorando sobre su pecho varonil. Nunca sabría si por Juvenal recién muerto, por la muerte de su padre o por el amor que habían vivido en secreto. Daniel, se evaporó. Los oficinistas salieron del lugar dejándolos solos.   Sin pudor Analía, le suplicó que la sacara del pueblo. Quería irse con él. Con asombro, Gastón, sintió que ya no la amaba y separándola de su pecho la contempló un instante y la alejó de sí, sin decir palabras.  Ella, llorando, salió y corrió por la calle perdiéndose a la mirada de los transeúntes. El, continuó llenando los papeles que se movían jugueteando sobre el escritorio con el aire de un viejo ventilador de techo que rezongaba desde temprano en la sala.

                

lunes, 24 de julio de 2017

DE TRANSVIVIENDO


Me pregunto

 

¿Dónde quedó el jolgorio de piernas movedizas, y

el sonido granate del viento que eternizaba

los álamos dorados?

 Una muchedumbre ruidosa

deslizaba su ira.

Ayer con la horquilla o el tridente

dominaron las raíces

se cortó el aire cálido del alma con un cordón de plata

floreció en llovizna de palabras de odio

que pronunciaron los fantasmas ciudadanos.

Nadie queda en la calle solitaria.

Un panfleto, una bandera

una esquina sin nombre en el desierto

pasiones.

Nadie, no quedó nadie.

Sin embargo somos prisioneros de los sueños

derrotados.

 

EL PESCADOR DE QUIMERAS


La tarde calurosa amenazaba una noche plagada de estrellas. El viejo, se sentó sobre la madera húmeda y caliente. Sacó una antigua pipa. Miró tras sus pupilas nubladas por el tiempo y suspiró cansado. Terminaba un día y el mar calmo, esquivo, no llenó el vientre hambreado de su barco. Poca pesca. Nada, casi nada. No había viento y eso no permitía que se alejaran de la costa mar adentro.

            Un olor penetrante a sal y pescado, entre podrido y fresco, hería las narices a los hombres silenciosos. El sol se escondía con esfuerzo tras la pequeña colina en occidente. Un pescador comenzó a canturrear un sonido triste. Otro, tomó un pequeño instrumento rústico y comenzó a elevar un sonido de belleza inexplicable. Con ritmo a nativa sangre negra  caribeña.     

El caballero que había pedido acompañarlos ese día era un tal Hemingway, escritor que tomaba ron y masticaba tabaco, mientras limpiaba displicente sus anteojos de armazón de oro. Parecía, por su ropa desprolija y gastada, uno más de entre los obreros de la pesca. Pero ese no era un hombre común. El viejo lo supo desde el instante que subió a cubierta con su rostro avejentado y crítico.

            El bote se jactaba de ser como un delfín de madera y metal color herrumbre. Su panza hinchada supo regresar a puerto lleno de peces. De haber luchado con los más fieros tiburones del caribe.  El viejo achicando los ojillos desplazó una sombra tenaz por el cuerpo encorvado del poeta. Nutrió su expectativa con un sonido agudo. Desde no muy lejos aparecieron las aletas ahusadas de los asesinos blancos. El viejo se paró y tomó un arpón, señalándole al hombre en desafiante orden, que imitara sus movimientos. Sobre el agua de color sangre amarillenta, con certero golpe atravesó el cuerpo efímero del pez bravío. No pudo el extranjero imitar su juego. Tiró enojado el arma y se sentó perturbado en los maderos. Soñó con ser un héroe. Ya, el sol, parecía un dromedario agonizante. A lo lejos las luces de la Isla reflejaban una vida desplegando miserias. Comenzó el regreso. Atracaron en el precario puerto y casi sin palabras se despidieron. Una borrachera de ron abrazó la noche. En la mente de un enorme creador nacía una obra gigante.

martes, 18 de julio de 2017

FLORES DE MI JARDÍN DE MONTAÑA.


PLANTAS DE ORQUÍDEAS Y UNA CAMELIA DISCIPLINADA QUE ME REGALARON
 ROSAS DE MI JARDÍN EN LA MONTAÑA
PEONÍA BLANCA DISCIPLINADA DE MI CABAÑA DE LA MONTAÑA.

CUENTO MENDOCINO QUE DICEN OCURRIÓ

   COMPRA VENTA... UNA GANGA.


            La ciudad cabecea con un calor fastidioso, rumor de tormenta para algunos, descanso para otros. Viento zonda en altura que desencaja y trastorna la mente. Toda la población mirando al este o a la montaña buscando una señal de alivio. Las calles empedradas o las de tierra van recibiendo de mujeres y de chicos agua gredosa de las acequias, que dejan al secarse, polvo volátil como talco.
             Hay un calor pegajoso y seco que molesta. Don Florencio saca del solar trasero la carretela con "Emperador", que sudará con el trotecito bajo la canícula. No queda lejos el corralón de los amigos, necesita muchas cosas y a pesar de la hora, recorre la calle del zanjón. Viaja tranquilo. El portón siempre cerrado no impide que con sus fuertes manos de trabajador hagan un llamado como toda vez cuando necesita mercadería. Espera un rato y vuelve a golpear pero nadie aparece. ¡Qué extraño! Envuelve el lugar un silencio como de siesta, pero son las nueve de la noche, él no tiene reloj, lujo de señoritos bien, sólo se acomoda con las campanas de iglesias o conventos de la ciudad que aun recuerdan la colonia. Vuelve a insistir y aparece la voz de Fortunato, que casi guturalmente contesta que vuelva mañana. ¡Extraño! Ellos tan atentos, tan educados, charlatanes y jaraneros. -Será el calor, habrán tomado cerveza y les ha hecho mal.- piensa.
            Son tres viejos solos en ese caserón lleno de carbón, herramientas, leña, hierro, forraje, maíz, cebada y mil cosas más para vender, simples gangas, baratijas, nunca una mujer para alegrarles la vida. Don Florencio contrariado regresa por donde vino refunfuñando contra los gringos que le hacen perder el tiempo.
            Llega a su caserón de adobes y ya en la vereda se trenza con su vecina en una charla comadrera.
            - Vio, don Florencio, ayer desapareció el contador de la Bodega El Progreso, dicen que salió como a la siesta de la oficina y luego de ir a uno o dos lugares de Las Heras y Maipú, nadie lo ha vuelto a ver. La familia pagaría por saber algo.- la cara de Dominga tiene un aire de intriga y avaricia. Si ella supiera algo, podría ganarse unos buenos pesos, mal no le vendrían. Lava ropa para gente de todo tipo y camina de una punta a otra de la ciudad. Conoce a todos y casi todos la conocen.
            - ¡Parece que hay fantasma en esta ciudad, últimamente, doña, si no me equivoco, desde... hace dos años han desaparecido como cuatro o cinco personas sin dejar rastros...! - dice perplejo el hombre mientras se rasca el cuello y la cabeza.-¿Se acuerda del ingeniero alemán que había venido a “construir” el dique? Nunca se supo nada.-
            - Ese, dicen que se escapó a Chile con la hija del coronel Pereda, y se llevaron como doscientos mil pesos de la obra. Así escuché en las casas.
            - ¡Qué quiere que le diga, yo no lo creo, la chica dicen que se metió en las Carmelitas en Córdoba y que allá la van a ver los parientes!-  chismerío de mujeres. Por la mañana tiene que regresar al boliche de los solterones. -Me voy doña. Hasta pronto.
            Las calles dormilonas tienen en suspenso el tiempo y el polvo que vibra entre pasiones y amores. Las acequias traen algo de frescura a los árboles mustios y caballos que beben entre charla y charla de sus dueños. La ciudad comienza a murmurar. Algo raro pasa. Ya no sólo se habla del ingeniero, ha desaparecido el doctor Filomeno Uliarte, un médico con experiencia traída de Europa. También el candidato del partido liberal, Don Goyo Echenberrieta, otro que al partir  se llevó como cicuenta mil pesos del partido y ni hablar de Estanislao Telesky, el topógrafo del ferrocarril –¡Ese dicen que aparte de llevarse como ochocientos mil pesos, se llevó un Ford nuevito, recién llegado de los Estados Unidos en un vapor moderno a Chile! La gente comenta y saca conclusiones. ¡Algo pasa en este pueblo tranquilo!
            - Señor Comisario, necesito hablar con Usted. - la mujer insignificante se refriega las manos en su carterita vieja y deslucida.
            -¿Nombre  y datos de filiación? Agente tome los datos.
            - Me llamo Josefa Aureliana Pérez, soy nacida en Jocolí en mil novecientos veinte. Viuda. Empleada en casa de una maestra de la Compañía de María de ciudad. Se llama Clara Molina. ¿Algo más? No, no tengo documentos.
            - ¡Señora estoy muy ocupado! -dice con desdén el policía, casi sin ponerle atención a la pobre desgraciada. Y ordena a un ayudante para que la escuche.
            - Mire señor, yo vivo en la parte de atrás del corralón, allá en la Cieneguita, ¿conoce, me imagino? Bueno yo he sentido varias veces gritos pidiendo ayuda, a través de la pared, pero no me animo a asomarme. Después escucho ruidos de todo tipo y finalmente un silencio total, ni perros que ladren.- dice con mirada asustada.
            - ¡Bueno señora, no se inquiete yo le tomo la declaración y usted me deja su dirección y mañana o pasado la vamos a visitar!- rápidamente y torpe toma algunos datos como para tranquilizar a la humilde mujer... pero interiormente piensa que es otra vieja entrometida que fisgonea a los vecinos. Ya iría él a ver de todos modos.
            Una tormenta se desgarra sobre la población, estremecen los truenos y parece que el cielo cae en gruesos trozos de mampostería líquida. Un olor acre a tierra y podredumbre sale de las acequias en las zonas que comienzan a inundarse. En el corralón tres hombres tranquilamente sentados comen un trozo de pierna de cordero que un vecino y cliente les ha traído del sur. Charlan animadamente, cuando ven aparecer por el portón entreabierto a don Florencio con su carro.
             La charla entre los hermanos se alarga y entre chanzas y risotadas se pasa el núcleo del temporal. Cuando se separan los hombres silenciosos, van a sus camastros en un profundo silencio. Cada uno pensando sus propias cuitas.
            ¡Don Florencio y su carretela nunca regresa con las compras! La familia comienza la búsqueda incesante. El enigma es pavoroso.
            A los pocos días, el cabo Fermín Segura sale rumbo a la Cieneguita para constatar la denuncia de doña Josefa Aureliana Pérez, la modesta mujer. Él sabe que no encontrará nada. Igual hay que cumplir con su trabajo.
            ¡Extrañamente, él tampoco retorna y su cuerpo no se encuentra en los sucesivos rastrillajes que hacen en zanjones y descampados sus compañeros!
            La policía está nerviosa. El comisario recibe permanentemente pedidos de familiares de los desaparecidos y de los correligionarios del político. Deben buscar una salida a ese atolladero. Llama a los ayudantes y comienzan a buscar pistas. Un detalle se les ha escapado... ¿Cuál?
            - ¿Adónde dijo que iba el cabo, jefe?...- se miran curiosos. ¿No tenía que constatar una denuncia en un barrio de Las Heras? De un salto suben al flamante automóvil que ha entregado Don Pascual Aguirre, el señor Ministro de seguridad. La polvareda señala la ruta que han seguido los hombres de la ley.
             Se presentan en la pobre casa de la denunciante. Nadie contesta, un olor nauseabundo delata un cadáver en descomposición. Cuando ingresan a la miserable habitación el horrendo cuadro los hace retroceder. Un montón de ratas y alimañas se están peleando por el despojo de un ser humano... ¡Es lamentable pero han llegado tarde!
            Comienzan a revisar el cuartucho y sólo encuentran diarios viejos con los artículos donde se leen las noticias de las desapariciones. Nada nuevo. El cabo principal Onofre Miranda observa algo que le atrae la atención. Una pala nueva sin más uso que pelos y sangre seca, un azadón lustroso, nunca usado... sólo con rastros de sangre y tierra... y una horquilla tan nueva, como los anteriores objetos, con señales de masa encefálica, sangre y pelos... y allí presiente que está la clave.
            Muestra al jefe las piezas. - ¡Don Melitón, compadre, no le llama la atención tanta lindura, para matar a esta vieja? Todo tan nuevito y sin marcas... ¿Quién tiene por acá plata como para comprar herramientas y dejarlas tiradas por ahí?
            - ¡Che Onofre, no me había dado cuenta..., pero tenés razón, compadre, todo esto me da mala espina! - se siente más tranquilo desde que ha llegado un médico del hospital San Antonio y se han llevado el cadáver. Comienzan a pensar y de repente los dos  gritan a dúo: "Los del corralón"... y salen como disparando para entrar por la otra cara de la manzana. Enfrentan el enorme portón y al grito de “Policía"... Escuchan un disparo. Ingresan y encuentran a Juliano el más viejo de los Leonello con un disparo en la sien. Siguen hacia las habitaciones donde una discusión proyecta palabras en un dialecto que ninguno reconoce. Sale Vicente Leonello con una cara tranquila y seria... -¿Parece que no se respeta el luto de la gente? y se agacha al lado del hermano muerto. Sale Fortunato Leonello con una mirada extraviada y sudor  que le moja la camisa manchada con la sangre aun fresca. Se sienta y deja caer un revolver sobre una mesa destartalada.
            - ¿Dónde están los otros?- el comisario arriesga por las dudas... ¡Ya no pueden ocultar más las cosas!- en realidad no sabe de qué habla pero su experiencia le hace decir con seguridad las palabras.- Cabos registren el lugar...- Da la orden sin titubear. Los hombres salen a buscar sin saber qué. De pronto un grito desde la caballeriza...
            - ¡Jefe acá hay mucha tierra removida!- corren. Todos se agolpan en ese amplio espacio. Alguien alcanza una pala otro un pico, de las herramientas que están allí a mano, comienzan a cavar y sale entre la tierra una mano conocida... la mano de Fermín Segura... el pobre policía que fue allá a ver y a  investigar... luego van apareciendo uno a uno otros cuerpos y otros rostros. Hasta “Emperador”, y el mateo abandonado llora su muerte entre paja y polvo.  El gran misterio sería saber ¿por qué? Y al mirar hacia los hombres  sentados impávidos y serios, ven en sus rostros descompuestos por la furia que se desplaza una luz de " avaricia"... ¡Tan sólo fue por " Dinero"!


                                                                       

DESPEDIDA

                                     Parada allí sola, mirando los adoquines de la calle,

                               grises y maltratados...como los hombres tristes,

que los labraron en piedra.
Parada allí entre el cordón pétreo que talló el picapedrero,
y la basura.
Y las tapas de hierro, fundiendo el rencor ,
de la violencia; que llevan a las oscuras
entrañas de las calles,
los desagües.
¡Espíritu de armas requisadas, que fueron la entrada
a algún infierno!
¡Y hoy son excusa de la vergüenza!
Calles  de mi ciudad perdida,
algunas bellas,
otras , como argumentos de la muerte.
Parada allí entre las bambalinas,
de un ballet del Colón,
o de un café de espejos biselados,
donde duermen los duendes,
y en la noche, un gallego,
con un mantel doblado en la cintura,
lava el damero triste de tus pisos,
ajedrez de embusteros y aventuras.

Parada allí  en el micro...
mientras leo a "Manucho",
y me observa la gente,curiosa,
indiferente, porque lloro o me río.
Doblamos en la esquina triste
y de repente...encuentro el "obelisco",
encuentro muchedumbres, mudas,
apasionadas, algo dementes.
Loca, parada allí me quedo,
buscando en el recuerdo :...
la ternura,
de tus calles hermosas, de tus jardines,
y de la espléndida música...¡ tus tangos !.
¡ Adiós ciudad de Buenos Aires !.
Me despido.

Comienzo a transitar por otras calles.

MIRANDO DESDE ARRIBA

Cuadrícula estrecha de colores verdes
repujados todos en el cuero rústico entre los parrales
en la tierra árida de color de talco
lanzas que se elevan          brillante esperanza
un hombre agachado
su áspera espalda marcando los hilos que llevan el agua
un chorro de néctar de color naranja y marrones viejos y ocres amargos
volverá en el vino de un tal vez mañana
el añejo porte de hombre gastado     de silencio triste de amigo lejano.
Abra una ventana de viñas brotadas cuajadas de frutos
que arrullan el canto de los amplios álamos
mas...
una cumbre oscura         un sol que amenaza
vendimia se acerca.         Una gran tormenta se aprieta entre nubes y
el granizo artero  que arremete fiero
la verde vereda de parra y frutales.
Espera el “tomero” con la azada en mano      el agua no alcanza
la tormenta arrecia      cae el alarido de nubes de hielo
ya no queda nada          queda solamente un hombre mirando
hacia el infinito desde los parrales
allá entre las cumbres
donde la montaña esconde su trampa de espanto
hay un hombre solo...   solo con su pena...   solo con su llanto
que nadie ha  escuchado  porque no es de machos...
se avecina un tiempo de dolor sin quejas
volverá en otoño de añejos colores a llenar lagares con roja esperanza
y una mañanita de sol veraniego entre las hileras
volverá su canto...


CLOTA EN EL CONTINENTE BLANCO

Habían pasado varios meses en " Salí, si te Dejan". Todo estaba muy tranquilo, como debe ser en un pueblo de gente buena y trabajadora. Los chicos, siempre jugando en la plaza, aprendiendo a cantar con su natural alegría, y los abuelos ganando partidas de bochas, damas, dominó y entretenidos juegos.
         Caminaba Clota hacia el mercado, con una linda cesta de mimbre, y sus infaltables y alegres polleras, cuando se encontró con Irinalda Roca, la tía de Cosme Roca, su ex alumno de 1987. Ella, Irinalda, le habló maravillas del muchacho que investiga la fauna autóctona del sur y le avisó que pronto vendría al pueblo a visitarla. ¡Es un gran científico su exalumno!
         Así, supo que vivía en un lugar lejos, donde hace muchísimo frío, la Antártida.
 Cuando llegó el joven, le llamó por teléfono y se pusieron de acuerdo para juntarse a conversar, ¡tenía muchas cosas para contarle a su querida Clota!
         Llegó con un paquete de bizcochitos y un enorme chocolate con almendras, que comieron entre té y café. Así, la entusiasmó tanto, que pronto Clota, sintió el deseo de ayudarlo con el hermoso trabajo que realizaba en el sur. El viaje fue preparado con la más grande de las precauciones y entusiasmo, ya que entre el hielo no es fácil vivir. Ella se llevaba un equipo de color anaranjado fosforescente, con una manta multicolor que le dio la Tía Nené, de pura lana. Gorro y guantes muy abrigados bordados con mostacillas. ¡Dejó los botines y se puso botas especiales para la nieve, y por supuesto, llevó sus calzones con puntillas, que se morían de calor y sofocones! Se tiñó el cabello de un precioso color verde brillante y las uñas amarillas, para que la vieran bien, en la blanca soledad. Así en un avión pintado con rayas violeta, con tréboles verdes y mariposas multicolores, sobre el fuselaje anaranjado, aterrizaron en " Marambio", donde un grupo de amigos los esperaban con “leche chocolatada” y churros rellenos de dulce de leche. Una gran ceremonia la sorprendió, sí, Clota no sabía que tendría una comitiva de atildados pingüinos, que con sus trajes de etiqueta la vinieron a recibirla, haciendo un aplauso festivo, dieron la media vuelta y partieron a buscar algún otro ser humano a quién agasajar. Luego se acomodó en un cuartito pequeño, pero lleno del calor de los amigos de la "Base Argentina" y así comenzó su aventura polar.
         ¡La verdad es que habían tenido un gran problema! Sí, habían sorprendido a un grupo de atrevidos y malvados, tratando de robarse unas crías de focas. Cazadores furtivos que con enormes arpones habían intentado atrapar unos ballenatos y golpeando a unas elefantas marinas, que tenían crías, hicieron mucho daño a la colonia. ¿Quién puede ser tan cruel?
              La buena "Seño Clota", comenzó la búsqueda, siempre ayudada por los habitantes de la “base”. Sin parar, buscó y buscó, hasta que vieron un avión pintado de blanco, escondido entre la nieve. Los que habían llegado en él, eran de un lugar muy triste, donde no habían descubierto aún, lo lindo que es vivir en armonía, libertad y paz. El país del cual provienen se llama " Torreón Maléfico" y tiene un presidente tirano, gobernando desde hace como cuarenta años.
         Los chicos, allí no saben, que existe una "ley de amor y de defensa de los derechos de la vida".  ¡Están muy callados y no saben cantar, ni jugar y no van a la escuela, porque si aprenden cosas importantes, los tiranos se tienen que ir! Clota se acercó con mucha cautela, enseguida la rodearon los hombres de gris, y en una forma descortés la obligaron a subir a la nave. Allí, grande fue la sorpresa cuando vio pieles de focas, de elefantes marinos; barriles con grasa de ballenas y de orcas, pingüinos en jaulas y palomas polares encerradas. Las lágrimas de nuestra amiga se iban congelando en las mejillas. De pronto, se hizo un gran silencio. Un grupo de defensores del lugar, científicos y amigos de la base, llegaron hasta el avión pirata, y advirtieron lo que pasaba :- ¡ Clota, baje del avión, estos malvados deberán cumplir con las leyes establecidas!- gritó el jefe desde abajo.  Ella no quiso dejar a los animalitos y una a una fue abriendo todas las jaulas. Así lograron salvar muchos amiguitos antárticos. A los ladrones los llevaron lejos y nunca podrán regresar, como castigo.
         En la Base Marambio, desde entonces hay banderas con estrellas bordadas con perlitas de colores, flores con pétalos del arco iris y mariposas de alas doradas y plateadas, que dejó de recuerdo Clota y que cuidan sus amigos. También cantan alegres canciones que crearon juntos, y comen las riquísimas masitas que ella, les enseñó a cocinar. Hoy Cosme Roca guarda una foto hermosa de "su maestra" rescatando los preciosos "pingüinos, focas, ballenas y todas las aves del lugar".

         ¿No crees que todos debemos cuidar igual a los hermanos animales? Y... ¿A los chicos? ¡Porque sí, que a veces te peleas mucho! ¿Verdad?

CUENTO CORTO


                  LO EXTRAÑO EN LA NOCHE DE PRIMAVERA.
Sí, fue y será extraño. Por eso y por otras cosas quiero contar lo que se vivió en aquella casa de las afueras de Olivares...
            Luego de empujar con fuerza la puerta azul de ingreso exterior de la casona, Marisa Montes, lanzó un fuerte suspiro. Era una noche fresca de primavera. El clima benigno como hacía tiempo no se vivía por la zona costera. Generalmente fríos los cambios de estación, transformaban en indeseable las nochecitas que preludiaban días mejores. Era casi la medianoche. Hacía un extraño calorcillo. Entraba un aire fresco, sin embargo, por un resquicio de la galería que daba al sur. Dejó su abrigo, liviano para la época, sobre un sillón del salón en semipenumbra. Dejó su sombrero y sus guantes.
            ¡Allí pudo ver por primera vez la luz! Era una pequeña luz, que se filtraba desde la habitación de Juanca. Él, hacía ya varios meses que había partido hacia Calcuta. Sintió frío. Un raro escalofrío en la espalda la hizo acercarse al ventanal para cerrarlo. ¡ Juanca y su búsqueda espiritual, lo había hecho demorarse en ese país mágico, la India! Luego del suceso. Ese que lo había hecho inquietarse aún más, al punto de dejar trabajo, novia, amigos, todo. Estaba tan lejos como antes. Más ahora.
            La puerta estaba entreabierta, pero sólo se alcanzaba a ver desde un punto de vista un punto de visión hipnótico. Sosegado. Por el pasillo apenas iluminado por la luna, que penetraba con un haz luminoso de tono rosa pálido, pudo sentir “una” presencia. Igualmente desde la hendija en la puerta de la antigua habitación de Juanca la acarició una sombra. ¡También sintió el sonido de música suave, casi imperceptible, que provenía de la estancia! Ésto hacía más cálido el clima de emoción. ¡ Yo sé que él, está  muy lejos ¡ Su figura alta y desgarbada se filtraba en su memoria. Juanca tenía el cabello largo y fino, apenas ondulado que caía en una coleta fina trenzada en su espalda para crear un vínculo con la tierra. ¡ Lo recordó como había sido antes, cuando era su respaldo incondicional en la infancia y en la adolescencia! Todo acabado. Nuevamente recordó el suceso. ¡ Lo extraño, se dijo malhumorada! Y hoy, justo hoy, después de este momento mágico en el teatro, le ocurría esto. La obra era buena. Algo profunda para el entorno de Olivares. La gente es sencilla y buena. ¡Nada complicada, claro! y tal vez no entenderán, como yo, alguna propuesta de los parlamentos. ¡Charlaría horas junto a él, sobre la obra! Sus manos cálidas, pálidas y azuladas, con perfume a tabaco y cuero, jugarían con mi cabello oscuro mientras me explica cada palabra de esa puesta esotérica... piensa. La luz se aclara. La puerta se abre lentamente y Marisa se ofusca, no, se sobrepone y observa. Él, Juanca está allí. No físicamente, es extraño. Es su espíritu manifiesto, que ha llamado persistentemente con su alma y su palabra. ¡ La mente humana ! Juanca ¿ vienes a acompañarme en este extraño momento de ensoñación? Su luz se inquieta. Se aquieta. Se detiene. Un aire fresco penetra y mueve la ropa y las cortinas. Ya comienza un leve entintarse del horizonte. Agoniza la noche. Se tiñe el añil de un púrpura primigenio. El perfume del mar penetra en la estancia. Ella siente la presencia. Siente que se acerca y la toca con manos insustanciales.
            Hincada en la alfombra ve que el haz de luz penetra lentamente en su piel. Su ser está en éxtasis. Entiende el mensaje...Una paz tenue inunda el corazón de la muchacha. El corazón se acompasa con otro corazón lejano. Marisa es feliz y espera. No habrá otro suceso.¡ Hermano... estás acá y sé que siempre que te llame , que necesite de ti, vendrás a darme tu calor! Marisa es muy feliz. Aprendió. Comprendió.


TRANSVIVIENDO

sabíamos los dos
qué pasaba junto a nuestra casa
los sueños huyendo sin destino
y nuestras manos  despertaron ocupadas de soledad
sin guijarros de turquesa  o malaquita.

Sabíamos que las violetas estaban mustias.

Su perfume era la huella del pálido amor que nos ataba
en racimos de uvas frescas.

El vino cae en los toneles con perfume todavía.
Tú, aún lo sabes. Bebo vino tinto en copa de plata
sobre tu pecho pálido      cada mañana
gota a gota, en cada lágrima de besos.



ANGUSTIA

                        Y es la sangre que fluye de mi mente,
                        antojada de silentes aflicciones. El ocaso.
                        La llovizna y tus ayeres dolorosos
                        que provocan la oquedad y la premura.
                        Nada queda del valor. La altanería, que en desmayo
                        de gritos sin mañana yo no oía.
                        Presentía en el dolor y en las miradas.
                        Vislumbraba en el olor a podredumbre perfumada
                        con almizcles importados y lavanda.
                        ¡La cosecha, tal vez, fue gloriosa para entonces!
                        Hoy...es miedo, y es...horror y es compromiso.
                        Sospechosa como oscura servidora, allí parada
                        está la Hembra calva y desdentada, esa
                        que como dueña agasajada, se ríe entre las sombras.

                        Ingenuamente nos cubrieron con la música y el eco
                        de un precioso y agradable estribillo inexistente.
                        ¡Qué procaces!  ¡Cuánta infamia!
                        Profanamos el prodigio de la vida.
                        Engendramos el odio y la nausea y más violencia.
                        Y esos muertos.... ¿Qué será de sus almas y tormentos?
                        ¿Qué prodigio hará que nos reciban con clemencia?
                        ¡Hoy me siento una hoguera de ignominias!
                        Hoy perdono a pesar de mi dolor y de mi afrenta,
                        ¿A quién más podré culpar que a mi destino?
                        Que me dio alas de ángel y que transformé en mil saetas!!!

                        Quiero dormir..., adormecer a mi conciencia.

viernes, 7 de julio de 2017

MANOS

Manos grises
alas de gaviotas heridas
que arrastran sobre el arrecife
un manto de algas impregnadas de cielo.
La profundidad en el agua inquieta de mareas
azules mórbidos del mar.


Manos quietas
socavando el páramo de cieno
con perfume de alambiques rojos
unicornios grimosos.
Hembras inmóviles con rostro de vampiresas. Miran
el cuerpo desnudo de la vida en el pecho.


Manos metálicas
penetrando la lava azul en tiniebla de sueño
desespigando trigales con esferas de hielo o
con tormenta de trombones mágicos
domando         truenos        relámpagos      lluvia.
Ellos haciendo el sonido del viento.


Otras manos muertas    silencio
un sonido de  antaño que en el eco murmura sibilante
el dolor de la ausencia
ojos vacíos en cuencas de piedra.
Hambre de niños que se sientan en la calle solitaria entre los escalones

de piedra esperando una palabra de olor a pan nuevo.

DE: "TRASVIVIENDO"

Y descubrí que no estábamos solos
y
mi ciudad se enredó en los árboles y acequias
escondiendo el dolor de los hombres y   los  niños.
Cada par de ojos, cada mano que se extiende
 me recuerdan
cuánto me hace falta comer de tu boca
tengo hambre de tus besos    de muslos abiertos
entonces mi ciudad me duele con llagas vivas
le falta amor al pueblo      mi pueblo   tiembla
en deseos   que me recuerdan   el tiempo de repartir
los viejos sueños. ¡Ay...qué haremos?

Ven     
cerremos las ventanas. Abramos el corazón
dejemos que el sonido de nuestro palpitar aturda nuestro lecho.

Estamos solos con nuestro amor lejano. Aun
tenemos nuestro amor. A pesar de todo

a pesar del tiempo.  Y nuestros sueños.

RECUERDOS DE MIS VIAJES

 IRLANDA PAISAJE DE UN ANTIGUO CONVENTO DESTRUIDO EN LA ÉPOCA DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA DE LOS CATÓLICOS CON "ENRIQUE VIII".
 MUSEO METROPOLITANO DE NEW YORK, UN CONJUNTO EN MÁRMOL DE CARRARA.
COLLAR DE UN FARAÓN EGIPCIO EN UNA DE LAS TANTAS VITRINAS DE UN MUSEO.

OTRO CUENTO CORTO

NARCISO

Lo seguí por el callejón como a lagartija de siesta en verano. Se escabullía y se escondía entre las ramas que caían en el zanjón de sauces viejos.
No podía atraparlo. Era malo. Tan malo como puede ser un chico criado sin familia conocida. Una vieja abuela que le gritaba casi siempre para que se bañara y durmiera como un buen cristiano.
Cuando lo atrapé, se mojó los dedos mugrientos con los mocos y me pasó por la cara. ¡Qué asco! Pero no me dejé aventajar. Le dije: -Narciso tu costumbre de echarle kerosene a los gatos silvestres y luego incendiarlos es una porquería.
¡Callate negra de mierda! No sos nadie para decirme qué tengo que hacer.
Pero yo insistí. Sos malo y eso que hacés es criminal.
-¡No, cuando salen esas bolas de fuego me hacen sentir como un dios cuando hizo el sol!
Y me tiró un cascotazo que me dio en el pecho y caí desmayada. Se fue y no regresó hasta hoy que vi un gato en llamas correr entre los viñedos.


CUENTO MUY CORTO

GRAMÓFONO
No me gusta tu nombre, Morocha. No me gusta tu rostro. No me gusta tu sombra. Por eso te echaré de la suave hendidura de este disco de pasta que cuenta la historia de tu vida y mi traición.
Te miro y el sombrero de fieltro me arrima al barrio cercano al Abasto, donde el organito ríe y canta con lágrimas los idilios perdidos y olvidados por los dos.
Por eso levanto la púa del gramófono y busco en la luna del espejo de aquel boliche a esa Morocha que miraba con la boca sedienta de besos y placer. Yo era el hombre del sombrero que reflejaba un amor perdido en el silencio del espejo. Me fui con la rubia y me dejó. Ahora busco tu cuerpo y tu alma. Llora tu tacón en la vereda donde a veces pasa un gato negro y te soba con su suave piel la pierna. No me esperes Morocha, me desdibujé en una milonga en el callejón.


DE MIL POEMAS A DIANA DE GALES " ISLA NEGRA" CHILE

ZAFIRO AZUL, DIANA DE GALES

Nació como una niña especial,
simple y dulce, pura y bella .
Sus virtudes señoriales
la hicieron ser señalada por la mano de una reina.

Un zafiro azul le incrustó el doloroso destino,
ser princesa,  en un mundo de promesas.
Y fue en blanca carroza entre tules y perlas.
Blanca flor que desde lejos parecía una azucena.

Una tiara de diamantes coronaba su cabeza
Una a una como espinas se incrustaron esas gemas
Un Jesús entreverado entre Judas que miraban
el desmayo de sus penas. Diana hermosa.

Los hipócritas galantes la miraron con deseo
Su preciosa compostura dejó sus joyas en los niños
en los pobres enfermos de extrañas enfermedades
de remotos lugares, donde flameaba su enseña.

Y un día…

Como pálida garza de alabastro echó vuelo
hacia un soterrado puente oscuro donde la luz
la desmembró. Fue silencio entre metales de fuego.
Lloran lágrimas los niños, los enfermos…
Lágrimas como pétalos que van dejando una huella. 
En la reja de aquel palacio pletórico de tristeza
Sus hijos lloraron su ternura y bonomía
en los brazos de un hombre que nunca pudo quererla
tal como lo mereciera. Diana sombría ya duerme.

Atroz historia de un ángel que donó tanta ternura
entre los más desprotegidos, los olvidados,
los pobres de países lejanos que adoraron con locura  
a esa bella princesa que perdió su historia en sueños.