domingo, 30 de octubre de 2016

RELATO CORTO


INVIERNO EN LA MONTAÑA

             Miró hacia la montaña y reconoció que la tormenta se avecinaba,  perturbada tomó su poncho mapuche, ese que la acompañaba desde que Horacio había partido la primera vez hacia la frontera. Negros nubarrones cargados de nieve pesaban en las laderas. Bajaban los grises sobre los riscos.

             Comió un buen trozo de pastel, un trago de “chicha” y se enfundó la mochila a modo de refuerzo, llena de jamón, queso de cabra y agua, para llevarle apoyo al hombre. Él, la esperaría en el viejo puente junto a los abrevaderos. Las llamas y las guanacas estaban en tiempo de parición y no podían dejarlas solas. El comprador europeo, llegaría en verano para pasada la esquila, llevarse los vellones de mejor calidad a Milán.

            El año anterior, habían sacado un muy buen precio y las colecciones de moda en Italia, se regocijaban con la novedad de esa lana fina y natural americana. La tormenta, con sus ráfagas de viento helado, la tiraba sobre la agresiva senda. Siguió un trecho pero un tapiz de nieve se iba acumulando. El frío le impedía continuar. Decidió regresar a la cabaña. Horacio la estaría esperando ansioso. Era imprescindible que se abrigara. El calor de la chimenea era una fuerte tentación. Pero... debía volver a salir hacia ese destino previsto.

            Ella era tan perseverante, que a pesar del peligro, se calzó las botas largas, una vez más. Seguro que en el refugio, aunque lejos, su hombre otearía el paisaje en la espera. Nunca lo dejaría solo allí. En la nieve las huellas le advirtieron la presencia de un puma, pero siguió hasta que avistó el humo de la chimenea. Los perros ladraban con regocijo, el corazón le golpeaba el pecho como un tambor de carnaval.

            Pero cuando llegó alrededor de la cabaña, no encontró a Horacio. Tendría que esperar. ¡Adónde estaría el hombre?  El aullido de un lobo la despertó, se había quedado dormida y ahí de pie Horacio la contemplaba con la pipa en la mano, que entinta en sangre le advirtió que había tenido una pelea con la fiera. Pasarían otro invierno más.

 

RECUERDOS INOLVIDABLES

 
EN GRAND RAPID MICHIGAN CON EL SACERDOTE QUE AYUDÒ A SANTA TERESA DE CALCUTA EN INDIA Y VINO A CONOCCERME CUANDO PRESENTÈ LA NOVELA , ACÁ JUNTO A SU HERMANA MARY, EN LA LBRERY KENT DISTRICT WYOMING BRANCH.

EN LA RADI "LA MEJORG.R."  EN EL PROGRAMA "CAFÉ ENTRE AMIGAS" CON LUPITA MARTÍNEZ Y SU ESPOSO.

UN HOMENAJE A MARIO BENEDETTI


A MARIO BENEDETTI

 

                                               “Vuelvo/quiero creer que estoy volviendo con mi peor y mi mejor historia…”

 

La nostalgia de una patria tan cercana y tan lejana

 

estremecen al poeta que duerme solo en la noche

 

con sus viejos recuerdos de “botija” inocente.

 

Militante de sueños y de búsqueda clara,

 

 delirante,  esperanzado, atrevido y sofocado.

 

 Y aunque nadie lo mate, se siente muerto.

 

Va codo a codo por el mundo con estandartes de piedra,

 

Va llevando una contienda entre carteles de ira

 

Va cabalgando en las plazas con una flor en la boca

 

parecida a una centena de metrallas vengadoras.

 

Se desvela en la contienda de buscar al compañero,

 

en una esquina lo encuentra, perdiéndolo, en una calle cualquiera.

 

Así conoce la vida y reconoce la muerte.

 

Regresa con sus historias de poeta malherido

 

Como un migrante de sueños, como un luchador querido.

 

Su patria lo reencuentra en un perfume de tinta

 

retrata su diligencia con clamor inevitable de poeta

 

tan amante de la vida y de gente luchadora

 

 por la sangre de la estirpe de su pueblo liberado.

 

Igual estará sorprendido. En plena risa y euforia.

 

Regresará con lo mejor y lo peor de su historia.

 

 

UNA MAÑAN ESPLÉNDIDA


EN EL LICEO MILITAR GENERAL ESPEJO DE MENDOZA FUIMOS INVITADOS LOS ESCRITORES A PRESENTAR AL ALUMNADO, DOCENTES Y PÚBLICO EN GENERAL LOS LIBROS DE ESCRITORES DE MENDOZA. FUE UNA MAÑANA HERMOSA DONDE LOS CHICOS Y PÙBLICO EN GENERAL SE INTERESÒ POR LOS AUTORES DE LA PROVINCIA.

miércoles, 26 de octubre de 2016

¡POESÌA, VIVE AÚN?


El mundo es un lugar

donde la poesía se lee en cada

puesta de sol, en cada crepúsculo

en cada rostro

en cada palabra que se libera

como las alas de un arcángel

 

la vida toda es una poesía

que permite al hombre crecer



 
hacerse un ser superior
digno de llamarse  “humano”

EL RUEGO.

      

 

Te pido despertar en este horizonte donde

la trampa esconde con astucia el miedo

 

te pido que escarbes en la oscuridad inversa

en los cristales rotos

en este cósmico universo de mis ojos quietos

 

busca el vuelo de mis alas desplegadas

plumas blancas que tiritan en la ciega noche plata

 

te ruego que detengas las aspas del molino

el pensamiento no es magia

ni es locura

ni sueño

te   ruego que camines los espejos

allí donde se perpetúan los rostros

y la ira es soslayada por espectros.

 

Te lo ruego simplemente, te lo ruego .

FESTEJANDO LA FECHA PATRIA DE BOLIVIA EN CHILE

JÒVENES DESFILANDO POR LA CALLE AHUMADA EN SANTIAGO DE CHILE, EL COLOR Y LA ALEGRÌA DE RECORDAR SU PATRIA.
 

CON SU MEJOR ATUENDO ACEPTÒ FOTOGRAFIARSE CONMIGO UNA MATRIARCA.UN LUJO.
 

EL COLOR Y LA ARMONÌA EN LAS DANZAS Y UN DELICADO Y CUIDADOSO DESFILE CON ROPAS HECHAS CON ESMERO Y AMOR. UN MOMENTO HERMOSO JUNTO A ESE LABORIOSO PUEBLO.

ESE ALTILLO LLENO DE SORPRESAS


            Mamá nos ordenó “nunca entrarán en el altillo”. Ese fue el peor error que pudo cometer. No dormíamos la siesta ni podíamos concentrarnos en las tareas de la escuela pensando en lo que guardaban en ese altillo misterioso.

            La corta escalera tenía ocho, sólo ocho escalones y se encontraba detrás de ellos una puerta de madera oscura con una vieja cerradura metálica. Solamente mamá y el tío Eugenio tenían la llave. Siempre la limpiaban cuando estábamos en la escuela. Nunca pudimos ver qué había ocultado el viejo gruñón, del tío, en ese rincón famoso.

            El viejo llegó un día de otoño. Era soltero y había vendido su casa en la capital para venir a vivir con nosotros. Mi hermana Chachi, tuvo que dejar su habitación y cederle su cama, su ropero y su paz. Vino a dormir con Luciana y conmigo. Estábamos apretadas en el dormitorio que daba  al sur, era frío y el baño quedaba a cierta distancia. Siempre había que esperar que el hermano de papá terminara de vestirse, peinar su larga cabellera que pasaba de un lado a otro haciendo un enrejado parecido a una cesta de mimbre, en su calva reluciente.

            La primera semana fue muy agradable contándonos chistes y anécdotas, de su juventud. Luego habló de sus viajes y finalmente nos hablaba de sus maravillosas compras de anticuario. Nos veíamos obligadas a buscar en el diccionario la mayoría de las palabras que decía porque no sabíamos qué querían decir. Mamá nos retaba diciendo que para eso papá pagaba una escuela tan cara. ¡Es que el tío es tan antiguo, que nos se le entiende de qué habla! Le contestábamos nosotras.

            Comenzamos a imaginar que en el altillo había un tesoro robado en algún lejano país exótico. Luego decidimos que había una momia de Egipto, donde según él, había vivido entre traficantes de tesoros perdidos. A partir de las tres o cuatro semanas, ya habíamos llegado a la conclusión que había un cadáver de alguna mujer, a la que había comprado a los beduinos del África y luego de matarla, la había descuartizado para no estar preso en Devoto. Así, en las interminables noches desveladas, hablábamos tantas tonterías, que mamá terminó por prohibirnos dejar la luz encendida hasta que las campanadas daban doce golpes de bronce. El reloj, es verdad, era del tío. Era hermoso y tenía además unas bailarinas que salían de una especie de teatrito de terciopelo rojo. Lo había comprado en Italia, en Venecia. Con eso habían llegado dos sillones color azul y plata, de forma exótica; una vitrina repleta de miniaturas de cristal de colores, hechas muchas de ellas en países con nombre difíciles. En fin nuestra vida de niñas tranquilas había terminado con el famoso altillo prohibido.

            Descubrimos que el tío, estaba muy enfermo. Una extraña fiebre tropical, que había contraído en África o en Australia. Eso creaba mayor curiosidad entre nosotros. Esa llave... era un imán perfecto a nuestra imaginación. La cerradura herméticamente cerrada, ponía un murallón entre los ojos despabilados y el corazón palpitante. Mamá también escondía algo. Y para los chicos todo lo que es prohibido es la invitación a transgredir.

            Pero, un día, salieron los tres, papá, mamá y el tío Eugenio en busca de un médico especialista. Luciana encontró la llave y allá fuimos. Subir los escalones fue una aventura indescriptible. El olor a humedad y el polvo, golpeó nuestras narices. Un sin fin de cajas, baúles y arcones con maravillas se abrió a nuestras pupilas dilatadas por el asombro.

            Había un sin número de trenes eléctricos, a cuerda, muñecas con brazos y piernas articuladas cuyos ojitos de porcelana brillaban con el suave movimiento de sus cabezas. Se abrían y cerraban rítmicamente, mientras de sus vientres salía un sonido semejante al llanto o a la palabra: mamá.  Quedamos boquiabiertas. Un cajón contenía cajas de música. Las había de madera, de madre perla, de carey, de vidrio...; algunas tenían pequeñas muñecas que danzaban otras, una cascada de nieve que caía sobre un trineo. Había soldaditos de plomo vestidos con sus perfectos atuendos de época. Nos distrajimos tanto que cuando quisimos salir, descubrimos, ya tarde, que la puerta se había cerrado y no teníamos forma de abrirla desde adentro. Yo comencé a llorar y Luciana me trataba de consolar, pero sabíamos lo que se venía. Pasó un tiempo, para mi, interminable y escuchamos las voces familiares. Papá discutía con el ¡famoso! Tío Eusebio. Estaba tan enojado, que gritaba. –Han entrado sin mi autorización.-  La ira lo hacía temblar, dijo luego mamá, relatando la discusión. Chachi, por celos nos había encerrado y cuando mamá abrió la puerta... la abrazamos, pidiéndole perdón y que nos protegiera. Todos estaban muy serios. Papá nos habló con serenidad, pero con la formalidad de los momentos difíciles.

            La cara del tío era una estatua de madera, pero, luego del susto, al final, nos regaló uno de sus tesoros. Yo recibí una muñeca alemana, de cabellos rubios naturales, que hablaba con un extraño mecanismo dentro de su cuerpo. Fui la más feliz de las muchachas de mi barrio. Luciana recibió una cajita de música siciliana con una arlequín que tocaba una pequeñísima guitarra y Chachi un tren a cuerda que giraba y giraba alrededor de vías que pasaban por una ciudad en miniatura. ¡Ah, mi muñeca tenía un precioso vestido de color azul! Aun la conservo a pesar de mis ochenta años.

           

lunes, 24 de octubre de 2016

EL VIEJO

EL VIEJO...

            Estaba cerca de su muerte. No teníamos una relación muy cálida ni próxima. Casi, por obra de los relatos nada ingenuos de mamá, yo no lo apreciaba. Lo respetaba, por eso de “honrarás a tus mayores” inscripto casi a fuego por mi padre. Y la realidad me obligó a cuidarlo en el sanatorio, donde, desde hacía varios días, estaba internado. Mi madre nunca pudo quedarse a cuidar enfermos en su lecho, exceptuando a papá, a quien amaba por opción.
            La noche había puesto un tul ceniciento entre las camas de los otros internados, que apenas murmuraban algún requerimiento a sus otros veladores. Así, comenzó en voz monótona a decirme algunas cosas.
Sabes, yo vine  muy chiquito de Italia. Mi mamá era pequeñita y con catorce años, la casaron con mi papá, casi sin conocerlo. ¡Pobre, ella era de buena familia! Él, no era un simple peluquero de pueblo. Sufrió mucho. Yo, a los seis años, me dejaron en la casa de un “sarto” (sastre) para que aprendiera el oficio. Como era tan pequeño, me subían sobre la mesa y me sentaban en una banquito para que pudiera coser. Con luz de vela. Otras veces, con luz de kerosene. En realidad, con mis 94 años, he visto todas las formas de luces de la historia. ¿Cómo serán las del futuro?- se quedó callado, como recordando su niñez. Al rato abrió los ojos y me tomó la mano- Durante trece años sólo comí todos los días...garbanzos hervidos. Por eso los odio, nunca le dije a nadie esto, pero me estoy muriendo y alguien tiene que saberlo, qué mejor que vos, que eres mi nieta más pequeña. Mi mamá nunca lo supo, yo el decía que me daban pollo y carne, pero era para que no llorara. Ella siempre lloraba recordando su “paese” y a su familia que no volvió a ver jamás. No sabía leer ni escribir. Después ya sabiendo coser, me dejaron volver con ella y salía al alba para el taller y volvía de noche. Sin embargo, tengo buena vista.- Yo había descubierto que no sabía leer. Se sentaba con el diario, pero sólo miraba las figuras y comentaba, por experiencia y por lo que decían en la radio, lo que pasaba. Seguro que le daba vergüenza que supiéramos que no sabía leer ni escribir. Pero tenía manos de oro para la costura. Era un verdadero Sastre Italiano, un caballero. Hacía los mejores chaqués y frac de todo Rosario, en Santa fe. Era famoso porque hacía los ojales con seda y pelo de mujer, que nunca se desarmaban por el uso. ¡Era otra época!
Sabes nena, yo cuando era chico, nunca tuve un juguete. Me hacía con los carozos de cereza o durazno, unos silbatos que daban un sonido agudo y así me comunicaba con mis siete hermanos. Además con maderitas me armaba carritos. Cuando era pequeño, viajábamos de a pie, cuando los domingos, después de misa algún conocido siciliano, lo invitaban a mi papá a comer la pasta. Era una fiesta y volvíamos tan cansados. Un día mi papá, que era alto, se cayó con un ataque y a los dos días se murió. Fue terrible. Mi mamá no sabía qué hacer. Debe haber sufrido mucho la viejita.  Al final, conocí todos los medios de transporte. Desde el burro y el caballo, hasta el automóvil, el tren, el avión y por la televisión, vine a ver la llegada del hombre a la Luna. ¡Qué cosa! Todo por tener 94 años. Ya estoy llegando al final de mi vida y no tengo a nadie; bueno, sí, a tu madre que no me quiere y a ustedes. Tus hermanas son cariñosas, pero siempre están ocupadas. Es la vida de ahora, yo entiendo. ¿De qué me habrá servido vivir tanto, no? Al final, nunca voy a saber qué hubiera sido de mi vida si mi papá no se moría tan joven. Me casé con la Juana...buena mujer, me aguantó muchas. Tuve tres hijos. Una murió chiquita. Tu tío y tu madre fueron buenos hijos, nunca me hicieron rabiar. Y ahora que estoy llegando a mi muerte, me doy cuenta que siempre estuve muy solo.- Cerró los ojos y se quedó dormido. A la madrugada, sentí que me tomaba la mano. Una lágrima le corría por la mejilla y se perdía entre la comisura de los labios. Me pidió que me agachara. Me dijo:- Gracias, trata de ser feliz. Dame un beso.- y cerrando los ojos expiró. 


Nunca voy a saber si era bueno o malo. Siento mucha pena por él. Tal vez si alguna vez nos reencontramos pueda decirle que lo quería un poco. Que lo respetaba y que admiraba su don, el de coser tan bien.

EGIPTO, MIS RECUERDOS


EN UN TEMPLO, UN ALCÓN GIGANTE CUIDA LA ENTRADA .

EL CAMELLO, EL GRAN AMIGODE LOS HABITANTES DE LOS DESIERTOS.


PLACA QUE NOMBRA A LOS CREADORES DE LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA. HOY MONUMENTO DE LA HUMANIDAD CONSTRUIDA POR LAS NACIONES UNIDAS.

UNA VENTANA EN LA HABITACIÓN DE UNA VIVIENDA MEDIEVAL DONDE HABITABAN ALGUNOS ÁRABES-EGIPCIOS EN EL SIGLO XIX.

POEMA 256

POEMA 256

No hay magia en la vereda de la ciudad sin nombre.
Los refugiados del odio se esconden entre la bruma.
Pecan los hombres soberbios mirando al contraluz.
La noche miente sabores de luna vieja y aliento a mandarina.

No hay magia en la ciudad sin nombre.
Hay refugiados del odio que se esconden entre los escombros.
Pecado de los hombres soberbios que dominan.

Mirando al contraluz nos vigilan fantasmas despiadados.
La noche miente sabores de luna vieja y aliento a mandarina.


EGIPTO Y MIS RECUERDOS

¡COMO SIEMPRE, EGIPTO!

Sólo escalla o chispa de lejanía
Sólo nube o nostalgia de celestes
Sólo caña flexible en el quebranto

Farol azul con lumbre que agoniza
Estaño oxidado en un morral de seda negro
Máscara agrietada sin ojos que me espíen
Lágrimas de arco iris
Colibríes libando entre peonías rojas
Azucenas con azúcar en los estambres
Donde se esconden escarabajos brillantes
Y mil vueltas al símbolo de la vida entre las dunas.
Sólo entre las pirámides inmóviles
Sólo cansados camellos lentos
Sólo una silenciosa espera de los muertos
Un “canapo” conteniendo mis cenizas
Arena, mucha arena.

El mar lejano no sonríe y vuelve un alcón sobre mi cuerpo.


PASEANDO POR LONDRES.

EN EL MU7NDO DE LOS SUEÑOS, EN LONDRES, ME ATREVÍ A MIRAR EL TERRENO ARTESANAL DEL MIEDO. EL MUSEO DE SHERLOCK HOLMES, SEGURA COPIA DE SU MUNDO REAL PARA LOS INGENUOS CAMINANTES. LA VIDA ES UN SUEÑO Y PARA LOS CURIOSOS LO ES MÁS.




TAL VEZ TODO SEA UN ACTO DE PLAGIO A SU VIDA REAL, PERO ME PERMITIÓ IMAGINAR EN CADA RINCÓN CON ESE SER MÁGICO Y ROTUNDO QUE INVENTÓ CON TRAVESURAS LOS ACTOS OPROBIOSOS CONTRA ALMAS INOCENTES DE UN LONDRES ANTIGUO Y GENIAL.

AHORA -poesía


                                                                           AHORA.

 

Ahora cómo digo que quiero abandonarte
como abandona la playa
el agua de las olas enamoradas de la noche
en bajamar
como emigran las avacetas andinas en su tiempo
de apareo
dejando caer plumas en la nieve
manchas
que van señalando su búsqueda de sangre.
 
¿Cómo lo digo? Abandonarte.
Tensando las palabras en huracanes
desplazando topacios por el lecho de nuestro   no
cansado
 
Abandonarte, sí, abandonarte
resistir el viento
resistir el estallido de perfume de jazmín en primavera
de la tierra húmeda
el sabor de las cerezas en noviembre
seguir caminando en el poniente
en la arena desnuda
con gaviotas mutilando burbujas
en huída torpe en la marejada. Y
 
seguir tan sola como siempre. Huyendo.

OTRO CUENTO


CAYETANO, EL SICILIANO.

       -No voy a decirles cómo me siento. No, es difícil expresarme, todavía no domino bien el idioma. Sé que hace más de cuarenta años que llegué de Italia, pero qué quieren que les diga, a mí, me cuesta mucho hablar. Yo observo y me callo. Yo veo muchas cosas acá en la placita. Lindas y feas, muy feas a veces, pero no digo nada, ¿para qué? Si nadie pone atención a lo que puede decir un viejo. De igual modo me encanta salir temprano, casi a las seis a remover la tierra y cuidar las plantas. El olor de la tierra es algo que me mueve a soñar, a recordar mi infancia allá en Sicilia. Tantas veces bajé de la montaña estéril para recoger puñados de terrones para agregar a los esqueléticos olivos, luego con el escarpidor hacer un légamo vivificante y saturar la copa evitando que las raíces se frustraran. ¡ Qué maravilla ver surgir de la planta las aceitunas que maduraban como muchachas fértiles! Bueno, le sigo contando, porque estoy preocupado por los sucesos de esta semana. Por Sebastián, sabe, es un buen hombre.- Cayetano se seca el sudor que cae abundante sobre la camisa sucia.
      -En la plaza hay de todo, gente que viene sólo para descansar, de paso; otros vienen con sus perros; que era lo que hacía esa mujer. Traía a un perro “Luli”, lo llamaba. Sí, lo llamaba y el animal corría libre hacia la figura femenina, que de paso, era tan linda como la Gina Lolobrígida, qué sé yo, estaba como dicen ahora los chicos, re buena. Pero algo pasó con ella. Dice Sebastián que se fue a casa de su madre no recuerdo en dónde. Ella me contó una vez que su madre estaba muerta. Puede ser que me equivoque pero ella era muy callada, no hablaba así como así. Ve esta rosa, me la trajo ella, el año pasado. Se llama Aleluya y es de un rojo inmortal con su envés plateado. Me dijo: -Cayetano, acá tiene la rosa más linda para recordar a mi madre que está enterrada en Baigorria. -Yo no sé dónde queda Baigorria, pero es cuestión de preguntar nomás. Ahora,  Sebastián pasa de largo, ya no se detiene, si no le preguntaría a él. ¡Está tan delgado! Y extraño a Luli. ¡Qué perro más alegre! Era muy limpio, jamás rompía las plantas. Él no lo trae.- las ásperas manos del jardinero, alardean en el espacio su tristeza.

-          ¿Pero usted don Cayetano, nunca la vio salir de viaje a la señora?- el agente de civil indaga tratando de no mostrar demasiada intriga.

-          No, he visto al hijo menor del concejal que vive en la mitad de cuadra cuando compra el pequeño sobrecito en papel brillante a un tipo que viaja en un Ford K., he visto a la esposa del peluquero con la cara llena de moretones y la nariz rota a golpes, he visto a la señorita de la casita de ventanas verdes despedir a su amiguita con mucha ternura a la madrugada..., pero a ella no la vi salir. solía verla llegar con un pañuelo tapándose la cabellera. Y estaba él, el Ruben, el rondín, el que se creía Mastroiani, les hacía el filo a todas. Era un verdadero don Juan, pero algo pasó porque ahora han mandado a uno nuevo. Más viejo y callado. El otro era un loco, en el buen sentido. Se conocía la letra de todas las canciones de moda, se perfumaba con esas colonias caras que se venden ahora. En mis tiempos... apenas si nos podíamos bañar para la conquista de las mujeres. Casi le diría que allá en Sicilia, mientras más olor a macho teníamos, más nos querían las mujeres. Éramos como los animales, cerriles y rudos, pero las hembras eran otras. Ninguno de los dos ha dado señales de seguir viniendo... no sé qué pudo haber pasado. Ya se me está anegando el cantero de las hortensias, lo voy a tener que dejar. Pregunte al farmacéutico él conoce a todos por acá. – las manos vigorosas carpen con amor los canteros mientras mira de soslayo a Sebastián que cruza apurado la plaza. El corazón del anciano es un tropel de cascos que golpean en el cerebro. Intuye sucesos.

miércoles, 19 de octubre de 2016

DESFILE DE MODAS DE PERÚ EN E.I.D.E.

EN EL ENCUENTRO DE E.I.D.E. LA EMBAJADA DE PERÚ NOS REGALÓ UN DESFILE DE MODAS INSPIRADO EN LOS INCAS. UN HALLAZGO Y MUY HERMOSO. GRACIAS.

POEMA XXX



XXX

A la saga de un centauro correremos...
me dijiste      empinando mi cuello sobre el muro
de espejos de la alcoba
el mundo pareció descalabrarse en estallidos
caían rastros de tormentas en el lino blanco de la cama
fuego     mucho fuego de antorchas
destruyendo la calma de nuestro paraíso.

Y el paraíso se transformó en un mar embravecido.
Cada ola era una ráfaga de pétalos de suave terciopelo,
donde una mano atrapaba los suspiros.
Hoy somos un puñado de loicas que cantan lejos
y los nidos están desparramados como fuentes sin agua.


CARTA AL HIJO PRESO

" Te recuerdo como eras en el último otoño"
                                                       Pablo Neruda.

            QUERIDO...
                        Te recuerdo como eras en el último otoño. Delgado hasta el asombro, de estatura media, siempre nervioso tratando de ser el más compuesto. Sólido en el pensamiento para enfrentar las tormentas que la vida te asestó injustamente.
                        Te veo parado junto a la gran puerta de casa a tiempo para salir al instituto donde te educabas. Allí con la suave curvatura de tu mandíbula, como queriendo aparentar ser más fuerte aun de lo que tú eres realmente. Tu mirada inquieta, las manos nerviosas buscando en tus bolsillos quién sabe qué objeto que creías haber olvidado. El cabello muy corto para esconder la rebelde hirsutez, que heredaste de la abuela paterna y que daría motivo para chanzas entre los muchachos o quejas entre tus maestros. ¡ Cuando eras niño, a veces, caía por tus hombros como una cascada de crines claras! Con el tiempo el pelo se fue oscureciendo y te dio un aire más duro. Pero nunca fuiste ni serás duro. Eso lo sé.
                        Te sigo imaginando como ese día en que me llamaste para decirme que habías tomado la determinación de seguir la carrera que hoy te hace un hombre público. ¡ Qué alegría y qué pena, con ella te perdía! Es verdad que lejos de nuestro pequeño mundo mágico, cambiarías mucho. Tu madurez de hoy, es en verdad, el producto de la separación del nido que habíamos construido con tu padre. Pero los pájaros acercan a sus pichones a la orilla del nido para que echen a volar cuando ha llegado el tiempo. Nosotros debíamos hacer lo que la vida exige. El amor es otra cosa. El amor persevera y marca. Tal vez por esa causa, hoy padeces persecución en quienes no conocen la `verdad´ de tu ser interior.
                        El instinto me dice que podrás superar la desdicha. Muchos hombres fueron malogrados por la ignorancia y la maledicencia. Fuiste justo. Creaste un círculo de hierro entre la maldad de `ellos´ y tu gente. Es posible que nadie pueda explicarse la razón que te obligó a ser tan leal a tus principios. Yo sí. Sé, la clase de humano que atravesó la puerta más íntima de mi ser. Mi corazón late entre cada suspiro que sale de tus labios. La vida en prisión es dura, pero la libertad está en nuestra mente. Tú serás libre, siempre que sientas que has cumplido con la ley más importante, la de la verdad.
                        Por todo eso, hijo, cuando te vi en el noticiero esposado, con una rueda de gente de seguridad que no te permitía caminar, los reporteros ahogando el poco aire que podías respirar, sentí que en tu mirada triste no había sino dolor por nosotros. ¡ Calma! Estamos bien y te queremos. El tiempo dirá la verdad. Aun hay gente que cree que Jesús era un bandolero..., un traidor que trataba de sublevar al pueblo. Tú, seguirás siendo nuestro orgullo. Tu familia tendrá en nuestra casa el refugio que esperas para ellos.
                        Ya verás que este otoño cuando el parque se cubra de colores...brillará la esperanza en tu vida y en la nuestra. Confía amor, confía. Los hombres no pueden ser tan necios. Si lo fueran, no querría vivir hasta otro invierno.
                        Tu madre que te ama.


                                         

POEMA 19


CAMINANTE

Impúdica y febril camino
por el brocal de la historia,
escondida
tras la cornisa hostil
de aquello que fuera mi memoria

Parpadea la luz
Una brizna puja en la piel caliente
carcome el minúsculo candor de la flor extinguida.

Silente, camino apagando la sed de la tierra.


viernes, 14 de octubre de 2016

AMIGAS Y POETAS DE EIDE. MIAMI


CON LA POETA COLOMBIANO-ISRAELÍ: BELLA CLARA VENTURA, LA POETA Y ESCRITORA DE MOZANBIQUE FÁTIMA LANGA Y YO TRATANDO DE TRADUCIR EL PORTUGUÉS.

LA ESCRITORA LAURA HERNANDEZ DE MÉXICO; FÁTIMA LANGA Y MAGALÍ LETONA DE GUATEMALA, POETAS Y NARRADORAS EN MIAMI.,

POEMA 137

                                       “Estar acompañado 
                                              /no es estar con otro 
                                                        / sino en otro.”

Y estamos rasguñando el silencio con la lengua herida.

Atrapando recuerdos como escombro suelto

en calles de arenas movedizas      grillos ruidosos
que acompañan en el territorio calcinado de mis sienes
un llanto desplegado de arcilla          gota a gota
penetrando el hemisferio cordial de la memoria.

Estoy desnuda de asombro
el vértice señala una presencia en un espejo sin reflejos
escapando de la garganta o del vientre un agónico adiós.

Grítame, suavemente que me esperas en la otra cara de la tierra
en la cumbre del solsticio de verano con un sonido de chicharras

envuélveme, con tu piel vegetal sin espinas
yo ingresaré entonces en las vísceras calientes y estaré dentro de ti
penetrada en tu materia y atraparé la mejor careta
del carnaval de nuestra mentira     con mentiras.
Nos agitaremos con las cuerdas de una mandolina
Inventando un sueño trasnochado entre sábanas de lino.
Vamos    viajemos por el interior de esta ópera infinita sin grandes corifeos.                    


¿MUNDO ACTUAL?


                                          Cuando el agua del río es demasiado límpida , la vida del pez es muy                                                 difícil. Dicho chino.


                        Nada puede ya sorprenderme, pienso, mientras nerviosa me preparado para el momento más esperado desde que nació Macarena.  Recuerdo cuando en la pila bautismal movía sus manitas rosadas tratando de aferrarse a mi cabello. Recuerdos todos recuerdos que van y vienen.
                        Una marcha nupcial se expande por la nave iluminada y floral. La alfombra roja acapara pétalos, de blancas rosas esparcidos, perfumando abrumadores los sueños. Un murmullo sofocado se silencia al abrirse la pesada puerta de roble. Ahí temblorosa, tomando al padre del brazo, mi pequeña envuelta en una nube de tul y seda, se destaca en la noche iluminada.
                        Me detengo a observar, no sólo a Macarena, que ingresa trémula, sino a la gente que se mueve semejando babosas brillantes entre el aroma de las flores de jazmín y rosas. Gente curiosa. Pretende mostrarse con un pavoneo histérico, intenta que el flash de los periodistas de sociales los descubran “en y junto a...”, parados codo a codo buscando ese ángulo perfecto de exponerse. Me siento molesta. Eso no para mi Macarena. Allí un famoso diputado calvo y grueso con su pareja veinte años más joven que brilla como cascabel dorado; allá el nuevo juez de la corte suprema con su cónyuge que intenta mostrar que `ella es la...”legítima”, un verdadero logro en este tiempo; otro allá, médico famoso, que ha cambiado el cuerpo y el rostro  a hombres y mujeres que  pretenden seguir siendo jóvenes al invertir relojes y almanaques.
                        No esto para mi pequeña. Ella sonríe y tiembla, llega al altar donde su enamorado, casi adolescente la recibe lleno de gozo. Ajenos al gran sainete que se vive detrás, donde los adultos maquinan en silencio un futuro negocio, un contrato jugoso o tal vez sacar tajada a ese encuentro que para sí es tan sólo una parodia más.
                        Una joven soprano canta como ángel humano, el Ave María  y las ancianas sollozan recordando su tiempo de novias quinceañeras. Pequeños niños reptan junto a las piernas de sus jóvenes padres cerca del altar, ajenos a todo rito. Otros invitados sin disimulo miran los profundos escotes de las mujeres tan jóvenes como viejas son sus esposas. Arquitectos glamorosos, fiscales famosos, ingenieros o médicos, todos trajeados con sus chaqué o esmoquin, atildados para representar en una vieja ceremonia para la cual ya han perdido los sueños.
                        Macarena acepta complaciente su anillo nupcial sin saber que el “senador de ultra derecha” mira con odiosa insistencia al “senador del partido de izquierda”, que se mira en las pupilas de su nueva conquista, una joven intelectual, socióloga, de la facultad donde es catedrático. Lejos quedan los ideales revolucionarios de su tiempo de estudiante. Él esconde obstinadamente la realidad actual; se ha mimetizado con esta nueva generación militante de ideas sin compromisos con la realidad social, decadente y marginal. La moda azota las conciencias y las palabras desvalorizadas se pierden en diálogos pomposos y huecos. No se juega como cuando era joven...¿ para qué?
                        El sacerdote con voz grave bendice la nueva pareja que sale con “Pompa y Circunstancia” a toda sonoridad del órgano. Cae un rocío de pétalos de rosa y jazmines, arroz y risas juveniles de las amigas de nuestra Maqui. Pero la mascarada continúa.
                        En el gran salón de fiesta la mascarada es más vistosa. Llegan todos los invitados que por falta de pudor o demasiado pudor, no se atrevieron a ingresar al templo donde el enorme “Ojo de Dios” los miraría,  no tan sorprendido como disgustado.
                        Un cínico maestro de ceremonia reparte a los invitados entre mesas primorosas. Hipócritas, copa de "champagne" en mano, los acá presentes se abrazan sonriendo, majestuosos enemigos políticos, displicentes parientes que se odian mezclan voces amables en un damero dantesco. Los buenos y los malos en el gran ajedrez de un teatro previamente instalado en nuestra comunidad...y ella, Macarena feliz, repartiendo besos y abrazos. De pronto se hace un silencio mortal, ha entrado el famoso ` enemigo ´ del tío de la novia, el hombre que lo denunció por los medios. ¿Qué sucederá? Nada. Los demonios disfrazados de caballeros dan un paso adelante y saludan como si fuésemos ángeles todos. ¿Todos? Y esa distinguida señora que es amante de...y aquel otro que coimeó a...sigue el corso.
                        Las jovencitas angelicales con rostros aún puros inauguran inquietas la cena y el baile. Los muchachos galantean desbordando nobleza en sus cuerpos deportivos a las muchachas. Mi ahijada se me acerca triunfante. La abrazo feliz. Dios quiera que sea tan bello y duradero como soñamos. Me muestra la hermosa sortija que le regaló él, un zafiro azul, puro, que perteneció a la abuela, y que luce con maravillosos reflejos. Yo la beso y ruego que no cambien. Su rostro, que yo amo desde el momento que se anunció en el vientre de su madre, mi querida amiga de la infancia, y donde hoy hay una luz nueva, la esperanza, me dice cuánto puede el amor joven. Y la madre sueña que su hija viva su experiencia de vida plena en un verdadero  hogar. Yo sé que ellos, con mi ayuda han podido conjurar ese mundo hostil en el que deben, por trabajo, moverse. Hemos compartido ternura, pena  y un gran compañerismo. ¡ Cuántas veces corrí a cuidar a Maqui cuando sus padres estaban en los tribunales o cuando tenían que salir para un curso...?  Me emociono y se me escapa una lágrima. Le doy un beso y dejo caer unas palabras claves: tolerancia, sinceridad y ternura.
                        Lo que suceda después será la gran posibilidad del destino. Hablaremos de ello dentro de un tiempo.


                                                            

UN CUENTO NUEVO

      EL REGALO



                                                                           “El EIS o ISIS, es como un virus que se introduce en la sociedad sin                                                                                                            piedad” París 13/11/15.

           
Buscaba que regalarle a ese hombre que había conocido en el trayecto desde Turín a Milán. Su atención para ayudarla a subir el equipaje la dejó asombrada. ¡Un caballero!
Mientras se ubicaba en la cabina, frente a ella una familia de refugiados de Bangladesh comían “pita” con verduras y carne perfumada a con mil especias. El hombre mayor fumaba sin entender el cartel que, escrito en italiano e inglés, prohibía fumar. Comenzó a toser y la profunda mirada del fumador, la traspasó. Las mujeres la observaron con desprecio, ya que usaba un pantaloncillo corto y estrecho. En realidad había engrosado en el viaje tanto comer pasta o comida “chatarra”. Rebuscó en la mochila y encontró un pañuelo con los colores de la bandera de Francia. Se adelantó por el pasillo y se acercó al “hombre” para dárselo. Éste la evitó haciéndole un ademán desdeñoso que la sorprendió. Ya los parlantes anunciaban la llegada a Milán, dejó sobre el asiento el Regalo y se alejó.
El estallido fue brutal. Cuando los socorristas buscaron entre los restos retorcidos del vagón a los muertos y heridos, encontraron el pañuelo con los colores de Francia manchados con restos de piel oscura de la familia de Bangladesh y un trozo de un pantaloncillo de mujer con algo de piel blanca y joven. El “caballeroso” hombre, era un terrorista inmolado.


miércoles, 12 de octubre de 2016

EN LA RADIO "LA MEJOR.G.R." EN GRAND RAPID, MICHIGAN


EN LA RADIO DE VOZ LATINA MÁS IMPORTANTE DE GRAND RAPID, EN MICHIGAN, CON LA LOCUTORA LUPITA Y SU COMPAÑERO PRESENTANDO MI TRABAJO DE LARGOS AÑOS CON LA PALABRA. UNA HORA CON SU PÚBLICO QUE ENTUSIASMADO PREGUNTÓ Y REMARCÓ EL TRABAJO DE DICHA EMISORA. 
¡GRACIAS AMIGOS!

martes, 11 de octubre de 2016

POEMA 191

RITUAL DE HUIDA

En el ritual clandestino de mi huIda cotidiana
voy dejando huellas en el agua
murmullos en las olas
                                    maremotos
viento de pálido reflejo que perfilan nostalgia
de tu nombre.
para hoy no hay regreso
ya no queda el fruto de tu boca sonriendo
                                                                  esperanzas
A pesar de tu esfuerzo queda un grito
                                                            en silencio
una máscara rota de una arcilla impregnada
del niño que fuiste hasta el momento del nuevo nacimiento
partido en dos pariendo olvido
estrechando súplica de papel en blanco
renegando de ancestros innombrables
aligerando conciencias

Me queda aun el látigo de sueños
restalla en mí frenético el golpe rebelde a este destino
que me deja ingresando sola en el averno
de una historia de piedra

tomo el martillo y golpeo
                                           fuerte golpeo
detrás el muro está entero
                                           puedo romperlo
tal vez allí el mar calmo...




LUISITA

LUISITA...

LUISITA

Bajo un cielo caliente de verano
caminando
apoyada en el brazo de un arcángel
sobre un manto de flores aliladas
de agobiados jacarandáes...
va Luisita.

Dulce.
 Infinitamente buena...
Frágil,
con su carga de asombrados ojos niños.
Sus palabras
siempre como azúcar impalpable
son hasta hoy encajes que
en secreto me dejó con
mil consejos.

Mira ausente a
ese río voluptuoso y
agresivo Gualeguaychú de aguas aviesas que
alguna vez le llevó su dulce nido.
Aumentado por una de sus lágrimas, apenas.

Siempre amable...
con sus manos servidoras
amasando su pasta dominguera o
correteando por las calles empedradas
en esa búsqueda constante de belleza.

Dulce niña. Suegra santa. Madre buena.
Para ella que sufrió
Una vida tan pesada y
 sin quejas...
le regalo una guirnalda de jazmines
una diadema de esmeraldas
y le ruego que me espere...

ya regreso.

"EL VOCERO HISPANO" CANAL DE T.V"

EN EL CANAL "EL VOCERO HISPANO" CON EL SR. ANDRÉS Y KARLA BARHM LUEGO DEL REPORTAJE. GRACIAS.

UN CUENTO DE TERROR?

                        ARROYO EL INDIO MUERTO.

            Apenas habían llegado los cosechadores al pequeño pueblo cuando el comisario Fernández, llamó a Cárdenas a su despacho. Un nuevo incendio estaba consumiendo el cuartel sur del arroyo Empedrado, que desembocaba en Indio Muerto. Nadie podía sofocar esos malditos fuegos que se llevaban todo. Los animales que podían huir, quedaban tan heridos por las espantadas, que había que sacrificarlos. De la cosecha no quedaba nada. Los hombres que mandaba el gobierno habían encontrado entre los muros quemados de un galpón el cuerpo irreconocible de... ¿quién sabe qué infeliz, que no alcanzó a escapar de las llamas? Sólo el cráneo negro y los húmeros, que apenas se tocaban se deshacían en las manos de los de “criminalística”. Ellos, los expertos, se sorprendían del estado de los restos. Nada quedaba que les ayudara a desentrañar el misterio de la identidad del desgraciado. Seguían los incendios por la zona norte. Los vientos se movían como “olas de tormenta”en el océano. Cuando abrían picadas en un lugar, ya se había desplazado el fuego hacia otro lado. Un magnífico hidroavión comenzó a despanzar agua sobre el cuartel nordeste. Fernández trataba de mantener a su gente alerta y lista. Había muchos forasteros en el pueblo.  No se conocía a toda la gente y si alguien se perdía él sería el responsable.
            Cárdenas estaba proveyendo de palas a los obreros que se acercaron para ayudar, cuando vio a Eulogio, pasar con una carretilla hacia el galpón de los herreros. Le llamó la atención el bulto que tapaba con una lona sucia. Alguien lo distrajo. Se dedicó a entregar picos a los hombres del pueblo cercano. Ellos querían evitar que el fuego les llegara. Los aviones hidrantes iban y venían desde el río al nuevo campo en llamas.
            Fernández estaba de parabienes cuando supo que se había sofocado el foco del Norte. Luego de dos días entre los árboles quemados encontraron una calavera. Otra más. Esta vez tenía el cráneo roto con un martillazo. Cárdenas llamó a su jefe y le comentó que había observado a Eulogio pasar el otro día con un extraño bulto, pero una carcajada lo dejó un instante paralizado. Eulogio les traía una de aquellas famosas cabezas que hacía de barro cocido. Desde niño las hacía. Eulogio era deficiente mental y no era capaz de matar una mosca. Sonriendo se la dejó en el umbral de la comisaría. La baba del muchacho, que ya tenía como cuarenta años; mojaba esa cabezota malformada con la que él infeliz se distraía.
            Cárdenas trató de sacarla del medió en el momento mismo que Eulogio con un martillo la empezaba a romper. La herramienta estaba muy sucia. Tenía pelos y sangre. Barro y el mango algo quemado. También vio que los brazos del lelo, tenía una seria quemadura y la ropa agujeros hechos por el fuego. Fernández le preguntó: - ¿Con qué se había hecho eso?- A lo que el muchachote contestaba sin palabras y sólo reía y reía sin dar mayor precisión. Nada sacarían de allí. Cárdenas lo tomó con algo de brusquedad y lo obligó a entrar en la comisaría. Él, Eulogio, se tiró al piso y se puso a llorar con temor. Se orinó y se secaba los mocos con la parte de su manga donde tenía la quemadura. Luego de arrastrarse y gimotear un rato, Fernández lo hizo tranquilizar. Le dio  un vaso de cola y un resto de emparedado que había en la mesa. Trató de indagar pormenores. No logró nada. Llegaron desde la zona este con la noticia que se había iniciado un nuevo incendio. Era totalmente intencional. Era imposible impedir que se apagara en forma rápida. Ambos policías despidieron al enfermo con la seguridad, ahora, que él nada tenía que ver en el asunto. Salió como disparado.
            En ese tercer fuego también encontraron un cráneo roto a martillazos. Quemado. Pero por algunas piezas de metal de la ropa, supieron que era un peón del campo donde vivía Eulogio. El padre del muchacho era uno de los que más había ayudado en la terrible tarea de apagar los fuegos. Cuando vio llegar a la autoridad salió corriendo como quien se lo lleva una tormenta. Se internó en el monte. Hasta allí llegaron más personas para buscándolo. El rastrillaje dio su resultado. Allí estaba el viejo martillando la cabezota de su pobre idiota. Comprendieron con dolor. Todos pensaban que ese juego que Eulogio tenía desde niño de armar cabezas de barro y romperlas con un martillo, había sido sólo un juego, pero en realidad el pobre “tonto” tan sólo imitaba lo que su padre hacía en cada asesinato.