miércoles, 31 de mayo de 2017

LA GRAN ALFONSINA STORNI


Para Alfonsina Storni

Una playa sedienta y solitaria
con revuelo de gaviotas
girasoles negros y blancos que giran
sobre la triste loba que reposa
Un misterio de útero afiebrado
con cien manos apretando el amor
Una sirena militando entre las olas
espera el regalo de una estrella.

Alfonsina serena en el arrebol marino
Con un grito salobre y pertinaz observa
satisfecha, olfateando al que puede llegar
pero aun no llega. Y es tal vez
el hombre que camina entre las dunas
con el pecho dorado como un dios perdido
el que Alfonsina guarda en un poema.

Está sola y su canto es peregrino
Su voz cascada por las rocas y el dolor
porfiado, que la hace estrellar contra la muerte
que ronda miserable hurtando sueños.
Alfonsina se va caminando despacio al horizonte
Alfonsina no quiere regresar a pesar del amor

de un hijo que la busca y espera.

NIÑOS OLVIDADOS



LA CALLE DE BARRO

En la calle de barro juegan niños sin padres

¿Adónde están?

Una abuela los cuida como puede.

Falta el pan… rataplán

Falta el queso… ¿qué es un beso?

Falta amor… ¡qué dolor!

Son los niños del futuro sin ternura.
Con sus armas en la mano y las drogas que consumen..

¡Aserrín,  aserrán, por un porro matarán!
¡Aserrín,  aserrán a tu madre violarán!
¡Aserrín, aserrán por robar, a tu padre matarán!


En el barro de las calles también muertos quedarán.
En algún basural o en las zanjas sus cuerpos yacerán.


¿Tú ahora dónde estás? 

RECUERDOS


EL CABILDO DE BUENOS AIRES DONDE SE REUNIÓ LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO PARA SEPARARSE DEL GOBIERNO DE FERNADO VII DE ESPAÑA EN 1810


UNA CALLE DE PARÍS DONDE LA GENTE, TAL VEZ POETAS, SE SIENTAN A TOMAR CAFÉ.

UN CAMINO EN CALAFATE, DONDE LAS FLORES VAN INSPIRANDO AL POETA.  EL PERFUME DE LAS RETAMAS, PENETRAN EL AIRE. UNA MARAVILLA DE ARGENTINA. PATAGONIA.

ANA FRANK


            DESDE EL AIRE… ANA

            Se elevó sobre Amsterdan y voló por calles y canales. De pronto recordó una en especial, donde su padre tenía la casa. Curioseó. Todo estaba diferente. Siguió volando.
            Luego se acercó a la antigua escuela donde con Lies y Nanette jugaban y leían novelas de misterio. No reconoció ni la fachada ni el resto del edificio. ¡Bueno, es normal, después de tanto tiempo! Pero encontró la fábrica y el edificio donde pasó dos años escondida. Recordó al Doctor Dussell y Miep con su pequeño envoltorio con comida para ellos. ¡Las palabras cruzadas que borró en una tarde para que el viejo cascarrabias se calmara! Tener que dormir en ese lugar junto al ronquido y ella, niña pudorosa, aceptar en silencio esos momentos! Siguió volando.
            Está bonita Holanda en estos días, pensó. A la distancia vio dos manos que saludaban. Le pareció que dos ancianas movían con dificultad los brazos para llamar su atención. ¡Sí, son Lies y Nanette Blitz… que viejas están! ¿Cómo no encuentro a Peter? ¿Se habrá muerto? Ya no tengo ganas de volar.

            Es tiempo que regrese. Estoy, dicen, en Bergen-Belsen, pero en verdad estoy en el corazón de cada niña perseguida en el mundo. Qué suerte yo nunca seré vieja. Soy Ana Frank, y tendré siempre quince años.

EXTRAÑA MIRADA



            Me enviaban a la frontera asiática de un país, que si bien apenas era nombrado, había ingresado en una guerra de indigno genocidio.
            El viaje sería largo y debía prepararme para vivir una aventura, más que un trabajo. A pesar que estoy acostumbrada a ese tipo de investigación, llevo años entre trincheras abiertas en zonas literalmente inhóspitas, me cuesta aceptar algunas visiones de la actividad “humana”.
            Siempre para estos movimientos en vuelos penosos, debo salir de mi casa a las peores horas de la madrugada. Desayunar en los aeropuertos, cargar las cámaras y muchos antibióticos. Vacunas, creo que no me falta ninguna. Papeles y mis tres pasaportes, uno de mi país, uno del país donde nacieron mis abuelos y otro que me da la Unión Europea. Ya he tenido que enfrentar varios robos, atravesar cárceles inmundas y conocer lo que es un secuestro por parte de para militares y guerrilleros. El periódico paga altas sumas y luego regreso, maltrecha, pero así aprendí a disfrutar de mi pequeño mundo, mi casa.
            Llegué al aeropuerto y me estaba esperando Mariano Leacheba, mi traductor al idioma de ese país. Apenas nos habíamos cruzado una o dos veces en la redacción. Parecía un pato moribundo. Flaco, alto y desgarbado. Sus anteojos parecían la base de una botella vieja, de carey y metal, brillaban los espejuelos con un arco iris, una chamarra llena de bolsillos con cien artilugios, parecía que iba de pesca y no a una guerra.
            Nos dimos la mano, él, recogió las cámaras y le agradecí, pero mi mochila la tengo implantada en la espalda. No la dejo jamás, me ha sacado de apuro siempre. Unos minutos más tarde llegó Paulina, la secretaria del diario y me entregó tres sobres con monedas de varios países, carta a un embajador asiático y otra a un lama budista de la frontera con aquel país.
            Nos llamaron y debimos apurar el paso, nos quedaban largas horas de vuelo hasta llegar a Los Ángeles, para hacer trasbordo a una línea asiática. Me dieron esos insufribles asientos en medio de una fila de cinco pasajeros. Cada vez se viaja peor. Dejé con dolor mi mochila en el buche del lado izquierdo y Mariano, las máquinas en el de la derecha. Pronto, cuando se elevó el avión, cerré los ojos y me perdí en la charla que había tenido con mi ex pareja.
            Me quedé dormida. Me sacudió una mano el hombro, era un joven que reofrecía una bandeja con comida. Debía pagarla en dólares americanos. Saqué con poca discreción un billete de cien, tan sólo para molestarlo, y miré lo que traía la misma. Un pequeño lunch de jamón con ananá, una cajita con una hamburguesa y un ínfimo helado envuelto en papel plateado. Luego me acercó una botellita de Coca Cola y sonriendo se alejó para traerle a Mariano una bandeja de primera clase. Costaba 58 dólares. Pero él, me dijo, “Come bien ahora, mañana no sabrás si hay comida en nuestro hotel”. Nunca se equivocan.
            Al llegar a Los Ángeles, hicimos aduana y nos transportaron a un aparato de línea Filipina. Allí nos tocó un buen asiento. El ritual fue exacto. Me volví a dormir. Pasaron varias horas y una turbulencia nos despertó. Por el alta voz, nos pedían colocarnos el cinturón (yo nunca me lo saco) y estar despiertos. Llegamos a Kuala Lumpur, donde nos esperaba el embajador de mi país. Le entregué la carta y él, nos entregó una serie de planos y cartas.
Nos invitó a cenar en el mismo aeropuerto y charló con Mariano sobre fútbol americano, rugby y luego hizo algunos comentarios de la gente que trataríamos. Allí, la ví por primera vez. Era una “diosa” extraña.
            Su rostro de fina piel oriental, tenía un rarísimo maquillaje blanco en la frente y azul en las sienes. El cabello sostenido con un turbante de texturas muy mezcladas en color y forma. Labios bien rojos y sus orejas pintadas de blanco y amarillo con un plumón negro. Me clavó la mirada. No se si era con odio o sorpresa. Sentí un escalofrío en la espalda.
Se adelantó al llamado de los altavoces y pude ver su enorme pollera de seda de varios colores y una chaqueta de piel de animal salvaje. Advertí al pasar junto a nosotros que llevaba una gargantilla de calaveras talladas en marfil y plata. Varios anillos con raros dibujos. Eran enormes y atraían la mirada del público extranjero.
            Pasó en primer lugar al hidroavión que estaba detenido junto a un enorme lago artificial. Deduje que íbamos a un país donde había que lidiar con el agua. Se ubicó en un asiento principal. Nos miró fijo y mal. Mariano hizo un rito de “según me explicó” era de los indígenas de Australia para espantar brujos y mandingas. No pude dormir. Ella se volteaba a mirarme a cada rato. Yo aparentaba estar en el séptimo sueño, pero era mentira.
            Al amanecer, el aparato descendió en una isla. Era bellísimo el paisaje. Ella se estaba cambiando el tocado, se puso aretes de oro muy elaborados y un tocado alto con plumas negras larguísimas. Me volvió a mirar e hizo una especie de reverencia. La esperaba un jeep antiguo, pero muy cuidado. Unos jóvenes ataviados con telas muy rústicas la acompañaron y la escoltaban con lanzas. Nosotros dejamos la isla y marchamos hacia nuestro destino en un tren que parecía una pajarera deteriorada.
            El piloto del último hidroavión, nos explicó que era la reina de una tribu muy importante y dueña de una fortuna millonaria. Le pregunté porqué me había mirado así… “Señora, su ropa de pantaloncillos cortos, su chaleco y su sombrero despellejado y roto, la tenían muy sorprendida. Sabía que iba como reportera a la guerra y eso la horrorizaba”. Me quedé pensando y agregó: “Ella dijo que usted iba a una muerte segura”. Unas leves lágrimas perdían mis mejillas mientras miraba maravillada la salida del sol. El tren corría por unas vías que parecían el resultado de un terremoto, pero era por la guerra. El vagón estaba sucio, lleno de insectos, en especial moscas que parecían pegadas con caucho líquido. El paisaje no se disfrutaba, era muy irregular y lleno de polvo, era un mensaje de tristeza.
            Pasaron varias horas en las que mis piernas se llenaron de pinchazos de mosquitos y mordeduras de quién sabe que insecto infernal. Mi ropa era un asco. Mi pelo chorreaba sudor y barro. Era horrible.
            De pronto una manada de “ñúes” se plantó frente a máquina. Se detuvo el convoy y algunos hombres se apearon. Yo me acurruqué en el asiento de madrea. Apareció un nativo con rostro feroz y me tomó del pelo arrastrándome por las maderas astilladas. Caí sobre la tierra pedregosa fuera del tren. Y como por arte de magia éste comenzó a marchar rápido por las vías haciendo que mi vista las viera como dos líneas de oro.

            Me habían raptado. 

POEMA VIEJO

                EN LOS CONFINES DE LA TARDE VUELO
                                                               Y ME DESCALZO SOBRE EL NOMBRE  DE CORAL




Es la mañana y el cielo traslada su nobleza

Retiene las sombras en su pollera de nubes blancas

Hechiza los postigones de la alcoba, reza

Llegará el olor del pan crujiente entre el lienzo

De porcelana floripintada con matices suaves

Dejando caer los besos en la almohada del lecho

Y dormirán los abrazos de pasión que embriagan.


Y al llegar la tarde volaré en el jardín de tulipanes

Cabalgaré el recuerdo del amor contigo

Iré descalza por el prado que intenta recobrar su primavera.

Iré caminando lentamente, sola, silente y sorprendida.

Un manto de pétalos coral será la alfombra


Que dejarán tus manos en caricias en la huida.

MI AMADA COLOMBIA

 ORQUÍDEAS EN MEDELLÍN, NO ERA LA ÉPOCA DE MAYOR PRODUCCIÓN Y ERAN UN ÉXTASIS
 UN CUADRO DEL GRAN PINTOR BOTERO QUE REPRESENTA LAS CORRIDAS DE TOROS QUE SE HACÍAN HACE TIEMPO EN COLOMBIA

UNA PUESTA DE SOL DESDE LA COSTA DEL MALECÓN EN CARTAGENA DE INDIAS.

LA CASA EN LA QUE VIVIÓ GARCÍA MARQUEZ ANTES DE TENER QUE REFUGIARSE EN MÉXICO Y EN DONDE VIVÍA SU HERMANA, DICEN QUE SOLÍA IR SIN AVISO PARA VERLA Y DISFRUTARLA. ESA VENTANA SI HABLARA, NOS CONTARÍA ¿QUÉ FUE DE "LOS BUENDÍA"

POEMA 346

            Como loba sedienta
            arrancaré de las venas la sabia
            la vida.

            Arrastraré con las manos
            andrajos de piel herida mutada en carcajadas.

            Caminaré por el laberinto
            con antorchas de incienso.

            Como loba insurrecta
            recrearé un sortilegio de olvido.

            Demandaré eclipses
            perturbando augures a mi futuro.

            Danzaré, cantaré y beberé clemente
            atraparé las raíces profundas de un rito
            transgresor y profano.

            Como loba hambrienta escarbaré las piedras de la luna.
           


            

UNA HISTORIA DE MI NIÑEZ

DE TERROR…

            RECUERDO DE NIÑA QUE MI MADRE TENÍA MUCHOS MIEDOS. LAS SOMBRAS DE LA NOCHE LE AFECTABAN, LA GENTE DESCONOCIDA DE OTRAS RAZAS LE CREABAN DESCONFIANZA Y LOS ANIMALES COMO PERROS Y ARAÑAS.
            CADA MIEDO TENÍA SU EXPLICACIÓN. SU ABUELA LE HABÍA CONTADO QUE EN SU LEJANA TIERRA DEL SUR DE ITALIA EN LA NOCHE APARECÍAN MOROS Y LAS ROBABAN A LAS MUCHACHAS LINDAS Y PÚBERES. LA NOCHE Y EL COLOR DE LOS MOROS ERAN SU MIEDO. UNA VEZ DE PEQUEÑA LA MORDIÓ UN PERRO DEJÁNDOLE UNA MARCA EN LA MANO Y LAS ARAÑAS… BUENO SON TAN FEAS, ¡POBRES!
             PERO LO CURIOSO ERA EL TERROR QUE SENTÍA POR LAS RATAS. ACÁ VA MI CUENTO.
            YO TENÍA ALREDEDOR DE 10 U 11 AÑOS Y ESTABA EN CASA HACIENDO MIS TAREAS. PAPÁ ERA DENTISTA Y TENÍA SU CONSULTORIO EN LA PARTE DEL FRENTE DE LA CASA. ATENDÍA DE MAÑANA Y DE TARDE. EN ESO ESTABA… CUANDO SINTIÓ UN ALARIDO DESGARRADOR Y AGUDO. DISCULPÁNDOSE CON EL PACIENTE LE DIJO: “PERDÓN MI ESPOSA HA ENCONTRADO UNA LAUCHA” Y SALIÓ HACIA EL INTERIOR. EN EL PASILLO ENCONTRÓ AL ANIMALITO MUERTO DE UN INFARTO.
            SE ACERCÓ A MAMÁ QUE ESTABA SUBIDA A UNA MESA Y MUDA TEMBLANDO Y LE MOSTRÓ LA RATA TIESA.

            MAMÁ BAJATE DE ALLÍ, MATASTE DE UN SUSTO A LA LAUCHA. YO TODAVÍA ME RÍO CUANDO RECUERDO EL GRITO DESGARRADOR ¡POBRE RATA, EL SUSTO QUE SE HABRÁ PEGADO QUE TERMINÓ MUERTA.

CUENTO CORTO

ATRAPADOS

            El reloj marcaba sin descanso el paso de las horas, Pablo trató de detener la vista en un árbol retorcido en la orilla del camino. El tren cada vez con mayor velocidad dejaba atrás todo lo que podía ser vida en colores de verano. Derrotado. Sintió un dolor siniestro en la espalda que pesaba toneladas. Su mochila y pertrechos pesaban.

                Parecían huestes en cacería humana. Un soldado tras otro se quejaba por el triste destino. Yo no quiero ser guerrero. Mis manos labriegas roturan la tierra y cosechan el trigo. ¿Qué hago así, disfrazado de muerte? A su lado otro muchacho acomodaba su ignorancia de armas y destino. Levantó la vista del ventanuco y sacó del bolsillo su armónica y comenzó a sonar una antigua música campestre. El sopor se disipó en los reclutas y comenzaron a corear la sonatina. El aire se llenó de alegría juvenil. A lo lejos, se comenzaba a ver humo de los incendios. Pero ignoraron las señales.
                Los sobrecogió un ruido contundente sobre sus cabezas. Eran aviones del enemigo que bombardeaban el convoy de vagones atestados de soldados.





                                                                                                                   

IMPOSIBLE

En vos duerme mi herida
y tus ojos me señalan.


En la nube descansa mi locura
y vuela una gaviota hacia el sol
en tu palabra muere la tristeza
y encarna el sortilegio del amor

en las cometas florecen tulipanes
y lloran pétalos de cristal

En un país de tréboles camino
y caigo al túnel celestial sin voz

en tu recuerdo me asilo
y un canto de campanas mueven  mi dolor

en ella estibo un sueño
y suelto el barco a la mar sin rumbo

en los confines de la tarde vuelo
y me descalzo sobre el nombre  de coral

en la hazaña de gritar tu nombre
y el dolor del silencio que regresa

en la hidalguía de ganarte
y  los reproches me superarán

en el momento de pedir perdón

y en lo saludable de aceptarlos tú

lunes, 29 de mayo de 2017

AHORA



Ahora cómo digo que quiero abandonarte
como abandona la playa
el agua de las olas enamoradas de la noche
en bajamar
como emigran las avacetas andinas en su tiempo
de apareo
dejando caer plumas en la nieve
manchas
que van señalando su búsqueda de sangre.

¿Cómo lo digo? Abandonarte.
Tensando las palabras en huracanes
desplazando topacios por el lecho de nuestro   no
cansado

Abandonarte, sí, abandonarte
resistir el viento
resistir el estallido de perfume de jazmín en primavera
de la tierra húmeda
el sabor de las cerezas en noviembre
seguir caminando en el poniente
en la arena desnuda
con gaviotas mutilando burbujas
en huída torpe en la marejada. Y


seguir tan sola como siempre. Huyendo.

COLOMBIA. EL ACUARIO




CLOTA Y LA MULA PELUSA


         Después de lo sucedido, cuando los chicos descubrieron que Clota en realidad estaba disfrazada de maestra todo cambió. Ese lunes, la "seño" llegó a la escuela cuando ya había tocado la campana, cosa muy extraña en ella que es fanática de la puntualidad. ¡Pero, venía lentamente montada en su mula color rosada que se llamaba Pelusa. La nueva amiga de cuatro patas, tenía un enorme moño azul atado en la cola y estaba tan coqueta con su preciosa montura tachonada de brillantes monedas y pompones de lana multicolor, que era una preciosura. Usaba unas anteojeras de preciosos bordados multicolores. Clota, se apeó con mucho cuidado, porque "Es una maestra ecologista y ama mucho a los animales. La dejó atada de las riendas, al picaporte de la puerta de la dirección y entró feliz por regresar. Venía, esta vez, con el cabello de color amarillo, una pollera llena de volados, con lunares multi-color y los hermosos botines de fútbol. Los chicos estaban felices de verla. La rodearon con el amor que siempre les había enseñado y comenzaron a cantar.
         Les cuento, que la directora se quedó encantada de verla llegar. Clota, había cocinado una enorme torta de chocolate y masitas con forma de palabras agudas, graves y esdrújulas, para todos en la escuela. ¡Costumbre muy común en Clota!
          Mientras ella enseñaba dentro del aula, la mula picarona se estaba comiendo todo lo que estaba cerca: el jazmín del cabo, el plumero de Rosita le celadora de la tarde, los crisantemos amarillos, medio pino, la escoba de Irene, la celadora de la mañana, algunas figuritas de los chicos y hasta el libro de firmas de la dirección.
         La señorita Clota logró que los niños escribieran versos y cuentos sin errores y cuando ella salió al patio con todos los alumnos, abrieron las mochilas y remontaron cientos de barriletes con palabras hermosas que les había enseñado. Las palomas de la plaza dejaron sola a la tía Nené un ratito, para distribuir los barriletes en todos los rincones de “Salí si te dejan”.
         -¡Ay, chicos, me tengo que ir porque la mula "Pelusa" se está comiendo los registros y unos diccionarios de la biblioteca!
         - ¡ Chau seño!
         - ¡ Chau chicos!  Hasta pronto.

Tolón-tolón, tilín-tilín, este cuento no llegó a su fin. Esperen que continuará.

                                       1996. Graciela Vespa para Tintero. 

PAZ EN EL ALMA- SONETO

Ese fuego que alimenta la sonrisa

Se eleva desde el fondo de su alma

Regalando a la vida tanta calma

Como a otros le devuelve el tener prisa.


No hay calor más  fuerte que electriza

La mirada de un amante que no alcanza

A tener en el pecho una esperanza

Y los brazos y manos plenas de caricias.


Es por eso que yo creo que el amor nos eterniza

Y nos llena la vida de templanza

Para lograr que se llegue a la vejez amiga


Con el rumor de un fuego dulce y  alabanzas

Para que la noche oscura no desdiga


Que no se puede vivir sin calor dulce en el alma. 

YARA EN LA SELVA. 2ª

El calor aprieta la garganta. Yara duerme. Sueña. Está en la hamaca con el pequeño niño entre los brazos. Plácidamente mama y el perfume dulce y tibio de la teta, inquieta la ávida figura agazapada. Escondida entre los trastos y la vegetación que crece desproporcionada en la tarde. Se desliza fría, con la mirada aguda. Sibilante. Brilla en la semi oscuridad. El hombre se ha ido por el sendero hacia el río, camino al pueblo. Abriendo con el machete entre la vegetación una senda despejada, que espera con sus aguas turbulentas y frías. La canoa es un nido de madera húmeda con alas. Viaja espejando nubes y espuma entre los árboles que peinan las orillas.
            El silencio es agresivo. Alguien se desliza cerca de Yara. Algo húmedo y frío. A lo lejos el sol se va apagando en rojos con perfume a mangos...a orquídeas. Yara duerme y sueña. La vida plácida se detiene en el deslizamiento gelatinoso de una piel morena. Hay un instante mágico. Despierta y se siente abrazada por la caricia prensil de la curiosa extraña, que también se acurruca junto al pecho y al niño.
            Nada interrumpe el sosiego de la selva. Sólo los monos y las bandadas de guacamayos rompen el hechizo de la tarde. Todo está tan bello como en los sueños de la joven madre. Hay un verdadero embrujo. Yara queda petrificada mirando con horror pero impotente.
           

            La pequeña explanada del malecón donde deja su canoa está hirviendo de gente. El mercado es una boca abierta por donde se trafica todo. Nadie se compadece del que tiene frente a sí. Cargas que vienen desde río arriba con aves, ropa, relojes, cigarrillos...droga. Los billetes pasan de mano en mano. El hombre de Yara camina cabizbajo con una intención pendiente. Sigue por la vereda caliente del lugar donde ganó a la niña. Allí en un rincón pestilente, perdido, el licenciado se babea. No lo reconoce. Llama al `Mono¨ que se acerca ágil con un cubo de agua fría. La inesperada descarga helada arranca un grito agónico del desgraciado. Con ojos extraviados, inyectados en sangre, trata de enfocar esa figura.
            - Esto,  le manda Yara. - Un abanico de billetes se desparraman sobre el cuerpo tembloroso y sucio. - Tuvo a mi hijo hace cuatro meses.- Las manos agarrotadas tratan de atrapar el dinero. Pero el cantinero es más rápido y se los arrebata. Se cobrará deudas atrasadas e inexistentes. Si algo resta, seguro que comprará más drogas. Puras, fuertes, mortales. La cara desorbitada se sonríe estúpida. Balbucea incongruencias. Tiene un tiempo letal que espera. La muerte siempre espera.
            El orgulloso macho de Yara sale. Ha pagado.¡ Apagando su conciencia por el niño! Su hijo. Por esa mujer hermosa, la hembra que dejó soñando en la hamaca,  que está allá y lo espera. Vuelve al río. Escapa de ese infierno hipócrita que se mece al compás frenético de las radios. Odia a la gente. Expulsora siempre. La ciudad es una cloaca enorme.
            La canoa se desliza como imitando a los dioses entre las  nubes en la tarde.
            Cuando abandona ese camino rumoroso de aguas marrones y verdes; comienza a desandar la brecha abierta recién hace unos días. Ya empezó la selva a borrar su paso de machete. Se detiene y arranca unas flores para Yara. Continúa silbando. Los pájaros y los monos con sus gritos van anunciando su regreso. Siente un fuego diferente adentro de su cuerpo. Recuerda el cuerpo de carnes magras. Los pechos ahora hinchados, el pubis oscuro y jugoso. Su deseo se despierta. Fuego le sube por el vientre. Se sonríe. Aprieta el paso.
            Un enorme silencio lo recibe. La olla con sus brasas muertas. Más silencio. El corazón y la cabeza estallan como una tromba. Se detiene inquieto.
            Allí está la hamaca. Una enorme boa  con una forma hermosa, misteriosa imagen, enroscada en las fibras elásticas de la dormilona. Su  cuerpo se distiende al calor de la techumbre. Tiene una extraña belleza. Con el machete abre una brecha roja y verde en la piel escamosa de la bestia... Repugnante. Negra y brillante. Salta un chubasco bermellón que salpica la espesa tierra primitiva. ¿Dónde está la mujer de su ensueño y su muchacho...? Nadie responde a su llamado. Sí, entre la masa informe de la boa aparece el cuerpo azulado y frío de su Yara. El niño aún prendido a la teta helada.
              ¡Un grito de horror se desparrama en su garganta! Comprende, vuelve a la realidad...
 Una bandada de pájaros ruidosos, huyen con su alarido. La selva ha cobrado una presa inesperada. El hombre ha regresado a la soledad.
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MENDOZA, POTRERILLOS


 MIS MONTAÑAS EN POTRERILLOS LUEGO DE LAS PRIMERAS NEVADAS.
 LOS HONGOS O SETAS QUE COSECHO EN MI JARDÍN BAJO LOS PINOS Y TIENEN UN PERFUME EXQUISITO Y UN SABOR INIGUALABLE.
UNA PUESTA DE SOL EN REÑACA CHILE.

YARA EN LA SELVA -1-


La delgada Yara se desliza reptando por el costado del rústico catre. Húmeda y agria. Con el olor persistente del violento sexo vivido. Se arrastra discretamente, pero una ruda mano  trata de atraparla. Ella escapa. En medio de un ronquido, él, escupe una palabrota incomprensible y vuelve al ruido estentóreo. El ambiente todo se estremece. Medio escondida en la penumbra se agazapa y se estira hacia un pequeño hilo de luz. La tabla que sirve de  puerta se desdibuja entre el polvo  en suspenso. Ella desprende una nubecilla del inquieto piso de tierra , polvoriento. Roja, la tierra, se le pega en la piel del vientre, de sus senos machucados y pequeños. Agrede la garganta el polvo ceniciento. Se estira  y acerca sus piernas ávidas, a una palangana con agua que espera en un rincón umbrío. Apaga el ardor de sus sexo herido. Desparrama una cantidad en su cabeza. Chorreada y fresca, se trata de lavar el torso. Descubre los moretones que la brutalidad del hombre le ha incrustado en su piel morena. Atrapa un vestidito de algodón y lo desliza en su figura. Tiembla, se sustrae a los ronquidos y los groseros ruidos intestinales . Se desliza hasta la hamaca. Trepa y se queda dormida como un embrión. Duerme. Sueña.
            El cielo brama, se transfigura , trepida. Una lámina transparente de acero cae desde los nubarrones negros, grises, rojos. Un olor penetrante a selva...a plantas que se deslizan creciendo descontroladas sobre un terreno gredoso, que se anega. El techo de palma se precipita en algunos rincones de la casa con mucha agua.
            Corre el hombre a repararlo en medio del acoso de la tormenta. Ella está pálida. Abrazada al vientre tumefacto...amoratado y palpitante.  Los ojos desorbitados mirando hacia la nada. Él, acomodó todo para ese instante. ¡ Lástima la lluvia que desmerece el momento ! Entra y la toma de los brazos. Le hace acucliyarse sobre un almohadón de algodón recién cosechado. Le ata las muñecas con tientos a  una rienda que cae desde la cumbrera. Ahí está Yara y su vientre convulso con cada contracción. Un trapo entre los dientes. Los ojos abiertos, desproporcionados. Miran sin ver. Apenas parpadea. Puja. Llega el niño y unas lágrimas se aquietan en sus pupilas desmesuradas. Él lo toma y lo envuelve con la agilidad de un tigre. Lo apoya con suavidad en la tierra. Le limpia los ojos y la boca de  humores. El pequeño berrea. Lo esperado. La vida no permite que Yara salga de esa ancestral postura. Recibe el cuerpo carnoso, informe, sanguinolento, húmedo. Lo revisa con ojos de entendido. ¡Nada debe quedar en el hueco profundo de la muchacha! Luego la higieniza. La envuelve. La levanta y la acomoda en la cama, hoy limpia y tibia. El niño entre sus brazos buscando ávido la teta. Sale el hombre y cumple con el viejo ritual. Entierra bajo el árbol, esa cáscara protectora de la vida. La selva se contenta y cesa la lluvia. Se desliza el agua limpiando la zona del frente del rancho. Ella se abraza a su hijo y duerme. Sueña.
           
            El hachero hacía un tiempo que no volvía a la ciudad. No le gustaba la gente. Menos esa. Había conocido en los tugurios hombres de toda laya. Buenos...malos...
            Así conoció a ese hombre hostil. Un petimetre vicioso que sólo quería dinero para perversiones y mañas.
 ¡Él, el padre de Yara una pequeñita morena y dulce! La expulsión de su casa, de su familia, de sus amigos. Le había conseguido sólo el desprecio de la comunidad. Y cayó...profundo cayó. El  juego. La humillación. El alcohol. La nada. El juego. La cocaína. El juego. Las deudas. Se hunde en una vida miserable y trágica. Sin embargo él está ahí, abotagado, ebrio, perdido... ¡Cómo siempre perdiendo en el poker! Un hombre rústico  se le acerca para apostar cualquier cosa. Él, el licenciado, como le llaman burlones los otros..., no conoce a ese que se le acerca. Apuesta su reloj. Lo pierde. El que tiene frente a sí, es un hachero de la frontera. Rudo, silencioso, astuto y ávido. El joven hachero juega y gana. Ya no tiene que apostar. El `Mono´, su amigo, le habla sutilmente al oído. ¡Tu nena, ya tiene sus catorce... recién cumplidos, está muy buena...! No lo piensa. El forastero ofrece un puñado apretado de billetes y una bolsita con polvo de  oro. Piensa en la droga que puede comprar con eso... Sonríe y apuesta. Abren un mazo nuevo. La chiquilina lo vale...
             Tres ases y dos reinas...tiene el hijo de puta... ¡Mañana me la trae...me voy a la frontera! ¿Qué importa que yo tenga cuarenta años, creo que igual será mi hembra! Escucha decir al hombre. ¡Perdió a la Yara ! ¿ Qué puede hacer? ¡ El `Mono´se hace el tonto! Una mirada astuta del Mono, se cruza con la del ganador. Le deja una jugosa propina. Se van y lo dejan solo. Unas hileritas de blancura lo extravían. Se pierde sin saber la tragedia que ha creado. Se confunde en su mundo disparatado. No piensa.


PARA LOS MIL POEMAS DE "PABLO NERUDA" ISLA NEGRA, CHILE.

ZAFIRO AZUL, DIANA DE GALES

Nació como una niña especial,
simple y dulce, pura y bella .
Sus virtudes señoriales
la hicieron ser señalada por la mano de una reina.

Un zafiro azul le incrustó el doloroso destino,
ser princesa,  en un mundo de promesas.
Y fue en blanca carroza entre tules y perlas.
Blanca flor que desde lejos parecía una azucena.

Una tiara de diamantes coronaba su cabeza
Una a una como espinas se incrustaron esas gemas
Un Jesús entreverado entre Judas que miraban
el desmayo de sus penas. Diana hermosa.

Los hipócritas galantes la miraron con deseo
Su preciosa compostura dejó sus joyas en los niños
en los pobres enfermos de extrañas enfermedades
de remotos lugares, donde flameaba su enseña.

Y un día…

Como pálida garza de alabastro echó vuelo
hacia un soterrado puente oscuro donde la luz
la desmembró. Fue silencio entre metales de fuego.
Lloran lágrimas los niños, los enfermos…
Lágrimas como pétalos que van dejando una huella. 
En la reja de aquel palacio pletórico de tristeza
Sus hijos lloraron su ternura y bonomía
en los brazos de un hombre que nunca pudo quererla
tal como lo mereciera. Diana sombría ya duerme.

Atroz historia de un ángel que donó tanta ternura
entre los más desprotegidos, los olvidados,
los pobres de países lejanos que adoraron con locura  
a esa bella princesa que perdió su historia en sueños.


A MI HERMANA NENÉ

REBELDÍA EN MAYO

Las violetas aun no florecen y es el final de mayo.

Los nardos inmutables no entregan su bello aroma dulzón.

La distancia despierta el silencio de la cámara oscura.

El llanto escapa conmovido en la espera, el laberinto etéreo

se deshilacha en lamentos verdes sin esperanza.

Tu memoria anula los albores soleados que intentan abrazarme.

La nostalgia es como una espina que penetra la carne dolorida.

La mirada de ojos secos no encuentra otro camino. Ciega

cual ave que peregrina en la noche de tu historia breve.

La calle empedrada de látigos y palabras quejumbrosas

derrama pisadas inútiles que buscan la azarosa mano quieta.

¿Qué resta de tu risa y las charadas juveniles en el nido seco?

Nada falta, nada queda. Tu piel azulada y suave debe estallar

en la triste oscuridad de tu sepulcro. Cayó una rosa blanca

sobre la almohada de mi dolor infinito y expectante. Rezo.





viernes, 26 de mayo de 2017

AMOR FRUSTRADO

CARTAS

            Adoraba al tío Atilio. Moría y me pedía que llamara a Ricardo, amigo incondicional de la niñez. Bajé las escaleras con una velocidad increíble en mí.
            Con mano temblorosa entregó una llave de plata y murmuró un nombre... Elisa. Cerró los ojos y dos lágrimas casi desaparecieron en su piel arrugada y pálida.
            Me entregaron una pequeña caja de madera perfumada, con su tesoro. Salí corriendo, al llegar a una casona de la zona residencial de la ciudad. Fui recibida por una anciana muy elegante y fina. Tomó       el cofre; las cartas cayeron como cascada en la alfombra. Comenzó a leer. Estaban escritas en fino papel de hilo con la hermosa letra de Atilio.

                                               ..................................
                                                                                  Marzo de 1927

Mi amada niña...
                           Hoy volví a verla. He pasado por décima vez delante de su casa. Usted no me mira. ¡Claro cómo va a fijarse en un pobre muchacho como yo!.... La amo tanto....Sueño con su cabello de color de trigo y el pálido y suave tono de su rostro. A veces la veo jugar con su hermana que no es ni la pálida sombra de su cálida belleza. Siento su clara risa juvenil y sueño con poder hablarle. Le envié un libro de poemas de amor y ví que lo leía sentada en los troncos del jardín mientras se hamacaba entre las flores. Todos los poemas son lo que yo quiero para nuestro mundo. Vuelvo a decirle que la amo.
                                                                                  Su enamorado.
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Adorada Eloisa...
                          Su traje negro la hace más fina y frágil. ¿Cómo la cobijaría entre mis brazos, para que su pena se calme? ¡Perder a un ser amado es una tortura, pero no poder hablar al objeto de adoración, una tragedia!... La amo tanto que...creo que voy a enloquecer. Ayer volví a pasar por su casa y vi. Con dolor, que lloraba junto a su árbol favorito. ¡Cómo hubiera entrado para que , apoyando su cabecita en mi pecho, encontrara un poco de consuelo a sus penas? Perder un ser tan querido, es como perder la luz del sol y todas las primaveras. ¡Insisto la sigo amando, tanto...como puede un poeta amar a su inspiración! Me imagino una larga conversación con el ser más bello de la tierra. Usted.
                                                                      
                                                                                  Quien la adora por siempre.
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Amor de mi vida...
                           Quisiera decirle que las rosas, son mi regalo de cumpleaños, la vi salir vestida para su fiesta de gala en el Jokey Club, parecía una reina. ¿Cómo no ser yo un caballero y poder acercarme para decirle cuánto la amo?
                           Su cabello caía como una cascada de oro por sus hombros. Casi caí desmayado, cuando me miró y me sonrió.... yo estoy necio y creí que sonreía de puro feliz.... ¡Estaba tan bella! Elisa amada niña, ya tiene dieciocho años. ¡Pronto no podré verla, seguro que alguno de esos jóvenes con los que bailó el vals, será quien la pueda amar. Yo la vi por las rejas desde la calle, todo el tiempo..., hasta que me sacó la policía.
                           La sigo amando...
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Amor  
            Cuando la vi partir a Europa (lo supe, por el chofer de su padre), sentí que me arrancaban un tesoro. Tal vez no regrese jamás.... Disfrute de lo que le regala la vida. Mi niña adorada...Cuando camine por las viejas callejuelas de París  y vea las arcadas del Coliseo yo, desde acá iré besando ese viejo y conocido pavimento, que nunca pisaré o tal vez, sí, lo haga pero sólo será para buscarla entre la muchedumbre que ignora mi devoción por "ti..." ,te he nombrado por primera vez con la confianza que me dan los años de seguirte por todos lados donde tus cadenciosos pasos andan.¡Te amo más que nunca!
                                  
                                                                       Tu amigo y adorador de siempre.
                                               ..................................
            ¡Muchacha, corramos, quiero verlo!
            Llegamos a casa, subió con agilidad, entró. Lo tocó, él abrió los ojos.... ¡Cuánta dulzura!
- Amor mío, Atilio, ¿Por qué tardaste tanto en llamarme para decirme que me amabas? Yo también te amé toda la vida...y te esperé.
            Casi habíamos llegado tarde.
                                              


lunes, 22 de mayo de 2017

TATITA JOSÉ

En un caliente  día de 1818, en la casa de la calle de la Cañada, junto a las acequias que daban frescura a una bochornosa tarde en que el viento sanjuanino, prometía una difícil jornada. La arboleda aún no servía para amparar a las casas chatas de adobones y techos de caña. ¡Tratemos de escuchar!

                   _ ¿Puedo ayudarle a Jesús, mamita?- dijo Mercedita con una graciosa sonrisa.-Viene el zonda y todo el patio es un gran lío. Las plantas se arrancan de las macetas, las gallinas revolotean.
                   _ ¡Mercedes usted no debe salir con este viento, le puede hacer muy mal y mamita está algo enferma! - dijo Don José preocupado, mientras acariciaba la frente perlada de sudor de la infanta.
                   _ ¡La pobre Jesús lavó toda la mañana y tendió la ropa y se pondrá más negra que ella! - insistió la pequeña.
                   Una nube de polvo caliente comenzaba a malograr el día de otoño y la familia preocupada por la salud de Remedito, sólo quería tener calma para la enferma. Doña Tomasa, la madre de Remedios había llegado en esos días de Buenos Aires, para dar consuelo y una alegría a su frágil hija. La pequeña ya sabía que seguramente su madre no le quitaría el placer de ayudar en las pequeñas tareas domésticas, pero el padre, atento a todo lo que sucedía en la casa no lo permitió. Un joven granadero pidió licencia para entrar y avisó que por la calle de San Nicolás habían caído algunos aguaribay, por las fuertes ráfagas de viento.
                   -Mi vieja herida española ha vuelto a molestarme, vaya a pedir en la cocina unas rodajas de papa para atarme en las sienes, que me duele mucho la cabeza.- le indicó con dulzura a la pequeña niña. Mientras el general tomaba unas gotas de láudano, para aliviar sus repetidos dolores, le tomó de las manos a Remedios y le dijo: -Mi adorada amiga, debe cuidar mucho de Mercedita  mientras yo no esté, recuerde que estas cordilleras tienen sus secretos y uno de ellos es que no les gusta que las ronden ni la agredan. Su salud me preocupa y si yo no vivo, será usted quien deba hacer de ella una dama.
                   _ ¡Ay, José, cómo desearía que todo esto, estuviera en el pasado, y pudiéramos volver a Buenos Aires, donde el doctor Argerich, seguro, me curaría de una vez!
                   -Tatita, déjeme ponerle las papas con mi pañuelo de danza,- dijo la niña trepando en un escabel para estar a mejor altura- Verá que la negra Jesús le hizo unas oraciones a la Virgen Del Carmen y seguro se aliviará. La niña permaneció entre los brazos del fuerte padre y apoyando su cabeza llena de rizos, cantó una de sus canciones favoritas, un estilo ovillejo que le había traído su abuelita de la capital:
         ¿Quién hoy contento me da?
         La mamá.
         ¡Quién feliz la hace y la hará?
         El papá.
         ¿Quién de los dos necesita?
         La hijita.
         Ya que a brindar se me invita
         Brindo, porque larga edad
         gocen de felicidad...
         la mamá, el papá y la hijita.
                   San Martín la abrazó muy fuerte y besando sus mejillas y cabello, se quedó con la pequeña aferrada y tomado de la mano de la suave Remedios, cerró los ojos, rogándole a Dios le permitiera volver de los Andes sano y salvo; y así cuidar de sus dos amores.
                   -¡Chiche debes traerme papel y pluma, y no olvides el tintero- dijo con aire distraído el general, mirando preocupado hacia la habitación de su adorada Remedios- debo escribirle a tu tío Mariano una carta, para darle algunas ideas para vuestro viaje a la ciudad de Buenos Aires-
                   - Papito, tatita, yo no me quiero ir de Mendoza, acá tengo muchos amiguitos y siempre hay sol y puedo salir a pasear con Jesús sin problemas, allá los tíos Escalada son muy tristes y me hacen besar a señoras que me aprietan porque dicen que usted es como un rey o algo parecido! ¡Además siempre llueve y hace frío y a mamita no le sienta bien, por favor Tatita no nos mande para Buenos Aires!
                   -¡Si yo pudiera, no sólo no volverían a esa gran ciudad, donde no todos me son fieles, sino que viviríamos para siempre en esta bendita ciudad, donde aparte del zonda, todo es digno de los hombres bien nacidos! Tú sabes Mercedita que has nacido en una ciudad a la que amo por muchas causas, una de ellas, eres tú, otra que tu mamita acá se siente un poquito mejor y en especial por toda la buena gente que vive acá, mira hija..., si alguna vez yo falto, es porque la Patria me necesita...
                   - Nosotros también Tatita- interrumpió la chiquita.
                   San Martín con un dejo de enojo, la bajó de sus rodillas y con una suave amonestación le dijo: -¡Mercedes, nunca interrumpas a tus mayores . Recuerda que la Patria, es más importante que todos nosotros! - y salió sin advertir las lágrimas que surcaban las arreboladas mejillas de Chiche. La negra Jesús entró y arreglando las almohadas, orladas de encajes, que usaba Remedios, tomó de la mano a Mercedes y la sacó del aposento de su madre enferma y la llevó por las laberínticas habitaciones hasta la sala donde jugó con el clavecín de su mamá y vieron juntas por el pesado ventanal como su Tatita partía en su caballo rumbo al Plumerillo con un grupo de jinetes y granaderos. Sólo quedó una nube de polvo en la calle de San Nicolás.

        

                                                        

PÁJARO DE NIEVE

                     Leyenda huarpe.

                   En el Valle del Sol, en los viejos tiempos, vivía un grupo de huarpes que cuidaban grandes manadas de guanacos, plantaban maíz y cultivaban papas. Eran tranquilos y muy amigables. Quisieron los dioses que naciera entre ellos una pequeñita tan extraordinaria que el chamán, sacerdote-médico de la tribu, dispuso que sería dedicada a los dioses. La niña creció y era de piel muy blanca para ser una huarpe, y de entre su negrísima cabellera se destacaba un mechón blanco de canas, que parecía una pincelada de pintura dada por Dios, por eso le dieron por nombre: Pájaro de Nieve.
                   La chiquilina, como todo niño, jugaba con los otros niños; hasta que un día, la llevó el chamán a su choza y comenzó a prepararla para ser entregada en una ceremonia a los dioses. Los padres de Pájaro de Nieve aceptaban ese destino, pero lloraban porque nunca la verían casada y criando pequeños indiecitos como todas las muchachas de esa tribu. Quiso el destino que llegara desde el norte, el hijo de un cacique Inca, transportando mensajes para la tribu, su nombre era: Fuego de Paz.  Era un retrato de belleza y de bondad. Se enamoró, apenas la vio, de Pájaro de Nieve y pidió casarse con ella para llevarla al Perú.
El chamán enojado tomó a la hermosa muchacha, y luego de darle algunas pócimas, comenzó a subir las abruptas montañas para alejarla del amor y hacerla cumplir con su designio. Detrás, Fuego de Paz, trabajosamente, seguía el difícil camino entre riscos y despeñaderos. Vio como la vestían con una fina túnica de lana de vicuña blanca, tejida al telar. Como le ponían joyas de oro y lapislázuli, amuletos y semillas de maíz, algarroba y ají. La coronaban con finas plumas de aves de todos colores, y una capa de lana color roja le cubría casi todo el cuerpo. Un líquido de color ámbar, y muy espeso, la fue adormeciendo. Cuando el chamán la dejó para que se encontrara para siempre con los dioses, Fuego de Paz corrió y trató de despertarla pero el frío y el veneno ya hacían su malvado trabajo. Se abrazó y trató de beber de los dulces labios, parte del elixir para morir junto a su amada. Así se durmieron con los dioses. Cuando la Luna descubrió lo que había pasado, comenzó a llorar lágrimas de plata y desde los cuerpos de los enamorados comenzó a manar agua de pureza y blancura sin igual. Así nació el Río Blanco, que baja alegremente por las montañas en Cacheuta y Potrerillos, besando las piedras y por donde pasa, una multitud de plantas aromáticas crecen para embellecer y curar las penitas de los mendocinos.
 Adaptación de Romeo y Julieta de Willians Schakespeare.
 editada en "Tintero" de Diario Los Andes




PAISAJES Y RECUERDOS.

LA CABAÑA DESDE LA CALLE QUE PASA SOBRE EL LUGAR DE MI DESCANSO  CON NIEVE QUE VA CUBRIENDO TODO Y LOS CERROS DEL PEDEMONTE CUBIERTO DE NUBES BAJAS.


EN LAS PAREDES DE LA CASA DE PABLO NERUDA EN ISLA NEGRA CHILE, UNA DE LAS TANTAS PLACAS DE HOMENAJE.

LA IGLESIA DE SAN JOSÉ DE LA MONTAÑA EN POTRERILLOS CERCA DE NUESTRA CABAÑA. EL ALTAR ES LA MONTAÑA CON SU PERMANENTE VARIEDAD DE CLIMAS Y COLORES.