viernes, 13 de mayo de 2016

LIBRERÍA "ANTÜ" SEDE DEL CAFÉ LITERARIO DE S.A.D.E. MENDOZA.

 
JUEVES POR MEDIO NOS JUNTAMOS SOCIOS Y AMIGOS POETAS A LEER Y COMENTAR LA "PALABRA", NUESTRO MUNDO DE MAGIA Y AMOR.
 

NI UNA MÁS. "TANGO II"


ERA UNA MUJER SOBREVIVIENTE

Toda vestida de negro, arrastrando el dolor de su vida sin nombre y sin descanso. Descalza y con los huesos en arco desgarbado como las cañas solitarias que le cubrían la cueva en la que vivía. Era un hoyo en la tierra húmeda de la orilla del canal. Fuente de agua marrón y cenicienta. Un gigante dormía en su memoria. Un grotesco malón cabrío que azotaba su cuerpo contra el jergón mugriento de chala y trapos. Tuvo como diez pariciones. Algunas a término otras apenas esqueletos deformes inconclusos y verdes por los golpes de la afilada verga del monstruo que la rajaba en horario de soles o de lunas. Hijos, hijas, muertos, vivos. Todos ausentes. Como su esperanza.
Se llama Dionisia y como sobreviviente un día  de tormenta, desparramó las entrañas del castigo diabólico llamado por algunos: “marido”.

Escapó del campo, caminó noche y día hacia el poniente. Como animal salvaje fue borrando la huella de sus plantas heridas. Así llegó la Dionisia a la orilla de una ciudad dormida. Sedienta y furiosa cavó su guarida. La tapó con cañizo para evitar miradas. Con barro hizo un apoyo y una mesa de piedras.
Durmió sobre la tierra. Y vivió el resto de su triste vida.

EL MALTRATO A LA MUJER ES INMORAL "TANGO I"



Tango 1

                                               “El tango, ese reptil de lupanar” Leopoldo Lugones.

 
            Violento el puño del “Tuerto” cayó en el muslo moreno. Un grito de animal convulso se apagó en el cubículo que retenía el olor a tintura de yodo y el perfume de polvo “Coty”, que usaban las pupilas. Mayela, miró con acostumbrado odio. Flechas envenenadas los ojos negros traspasaron el rostro odiado. Era un mastín celoso. Agresivo, y ella, lo odió desde el principio, sin tregua. El tuerto, cuyo nombre verdadero, nadie conocía la volvió a golpear. Un rugido silencioso se atragantó en la garganta de la muchacha. Agazapada, animal atrapado desde niña, sólo sabe que debe estar en un clavarse en esa espiral pastosa. La ponzoña le sube de las tripas. Se estrangula en el pecho, donde sus tetas se detienen gozosas entre su pelo negro y rizado que se desliza como anguila en su cuerpo. El hombre antes de golpearla, le arrancó el vestido. Quedó en cuero... brillante piel morena, mientras iban soltándose lentos moretones como arácnidos. El sudor aclaraba la sangre que el enorme anillo de oro le incrustó en la espalda como sello de esclava moderna. Entró Yamira, se quedó quieta con las manos apretadas sobre su pobreza de desprotegida recién empujada al prostíbulo. Miró aterrada al Tuerto y trató de salir, pero el puño mineral atrapó el género floreado y se quedó allí aun más desnuda que su cuerpo. Era un dóndolo que temblaba mudo. Aterrada. Su cabellera perfumada iluminó en dorado sus pequeños senos núbiles. Adolescente aun, la había traído del norte su abuela. Era mestiza. La odiaba. Su padre, decían, era un señorito inglés, que llegó a los aserraderos. Rubia, de ojos increíblemente celestes, conmovían los suaves rasgos de su cara infantil. Su abuela la odiaba tanto que la entregó por pocos pesos al rufián sin prejuicio ni pena. Se largó del puerto apenas se gastó la plata que le dieran en chucherías. Quedó ella, mercancía fresca a merced de los codiciosos que frecuentaban el lupanar.

¡Pagaron mucho por su primera vez y fue Mayela la encargada de asistirla luego! Desgarrada, sangrando, deliró tres días en un catre a la sombra. La fiebre no le baja, murmuran las rameras, y, la señora llama al boticario, cliente antiguo, para encontrar ayuda.  Cuando llega en su buaturé se hace el silencio. La presencia del hombre, acompañado por otro, que viste traje de lino blanco, es algo desusado, por lo serio. La Señora, lo acompañó asustada hasta una habitación de atrás. Olía a alcanfor y a lavandina. Allí, yacía  Yamira, desmayada de dolor. Murmuran los facultativos. -¡ La chica tiene...años? – diga- No voy a denunciarla, diga la verdad.- y saca la mujer un paquetito donde envuelto en un pañuelo hay unos papeles. Se los pasa. Todas hacen un silencio mortal. –¡ Doce años, se lo decía, amigo, es una locura!- y un sofocado grito escapa de la garganta de algunas pupilas. Nadie se anima a hablar. El “Tuerto” se esconde entre los trebejos de su guarida infecta. Hay que llevarla al hospital, urgente. No puedo hacer nada aquí. Yo no puedo dársela por la “cana” si me agarran con una menor...- murmullos desde todos los rincones. Mayela  atrapa a la matrona con su fuerza y coraje de mestiza. La increpa y alza a la pequeña. Atraviesa el largo corredor hasta la calle y camina hacia donde el automóvil espera. Los galenos le dan instrucciones y parten con la niña. El “Tuerto” se acerca y las invita por primera vez con una ginebra de la buena. Tiene un miedo atroz. Comienzan a llegar los primeros clientes y las chicas dan vuelta a la manija de la vitrola para darse ánimo. Ahora habrá que esperar unos días. Suspiran y suben la escalera, cada una a su cubículo de suerte. Mañana ... tal vez mañana.

 

NI UNA MUJER MÁS. EL MALTRATO A LA MUJER ES INMORAL.


ALMENDRITA

¿Refugio, le pongo el hermoso vestido que usó aquella vez?   Esa noche Almendrita no quería ir, Amorcito Reyes la obligó. Le prestó el vestido. Un ángel envuelto en gasa celeste. ¡Acuérdate! De repente se vio coronada con flores y una bandera; la besuqueaba Don Teófilo Villares, el Juez. Aplaudían a la “Reina” y ella aturdida, no entendía. ¡Almendrita es más inteligente y hermosa!, decían. Pronto se vio asediada por el Eligio, hijo del nauseabundo “Juez”. Bombones, rosas, alhajitas y chucherías. La embaucó, ella estaba enamorada como burra en primavera. Él la embarazó y comenzó el delirio. Primero golpes, gritos, insultos y agravios. Humillada se escondió de todos, incluso de su familia. ¡Ah, la maquillaré! Lástima, tan bonita, ayer la encontraron en un pastizal muerta. El bebé destrozado a dentelladas por las alimañas. El Juez y familia  viajaron a Tahití. ¡El funeral será mañana, no estarán! ¿Por casualidad investigarán?

COMO UNA LOBA


            Como una loba
           
arrancaré de las venas la sabia
            la vida herética o maldita.
 
            Arrastraré con las manos
            andrajos de piel herida mutada en carcajadas.
            Pandora y los Eunucos duermen.
 
            Caminaré por el laberinto kafkiano
            con antorchas de incienso.
            Caminaré al destierro sin agua ni maná.
 
            Como loba insurrecta
            recrearé un sortilegio de olvido. Andaré, si, caminaré.
            Borracha de hidromiel venenosa y estéril.
 
            Demandaré eclipses
            perturbando augures a mi futuro.
            Se abrirá la Luna, será una estrella confundida.
 
            Danzaré, cantaré y beberé clemente
            atraparé las raíces profundas de un rito
            transgresor y profano. Espanto del averno sólo mío.
 
            Como loba hambrienta escarbaré las piedras del altar
            conectando mi dolor al dolor del mundo
            pérfido y maligno. Emigraré al olvido.
           

BAHÍA DOS REI UXÜ


BAHÍA DOS REI UXÚ

           

            Las casas bajas de adobe y paja, son un infierno El húmedo calor estival transforma la hacienda en un hervidero de insectos y alimañas. Unas lagartijas corren. Fideliña está en la hamaca de palma, estirada, buscando aire fresco. Escribe una carta a su hermana Ulhema, que ha partido a Portugal para conocer personalmente a su prometido, antes que el “Princesa Carlota” viaje de regreso a Leiria.
 Bahía Dos Rei Uxú, 5 de mayo de 1798.

            Querida Ulhema

            “Por suerte la Virgen de Mairiporá, permitió que el padrino Don Joäo  construyera esta casona de tapiales altos, techos de palma bien apretada y mucho aire que atraviesa las estancias, para no morir con el calor que trastorna"
A veces ingresan serpientes y culebras, buscando fresco y comida, pero nuestro “negrito” Toüm las espanta con humo y palos. Él, dice, que en su tierra son tabú. Las comen y tienen una danza muy antigua para hechizarlas y que no atrapen a los niños. ¡Son patrañas! Comen lo poco que encuentran y pescan. ¡Negro mentiroso!
No se puede dormir con tanto calor. Pienso en ti Ulhema, ojala, hermana tu  prometido sea lo que parece en el daguerrotipo que llegó y sea verdad que trabaje de alguacil de la Alcaldía de su pueblo, que hable francés e inglés; dicen que es un Bachiller de primera; si fuese así la boda será pronto. Sencilla. ¿Regresarán para la estación de lluvias?
Te cuento que nuestra amiga Cathaliña no podrá casarse, porque  Don Afonzo Cristhao, dejó este mundo un amanecer hace como siete días. Hay un revuelo de comentarios. Según dicen los esclavos de su heredad fue por un ataque de apoplejía, que le arrebató la joven novia de las manos. Las malas lenguas de las matronas en pleno velatorio decían que lo había envenenando la vieja esclava que convivía con él, desde niña. La madre de cuanto mulato ronda por la propiedad. Todos de pelo motoso y ojos celestes como el amo. Hábiles para el comercio los mayores y vagos los más chicos porque ya ni los cuidaban.
 Bueno, según creo una pócima de hierbas venenosas o destilado de mordedura de víboras o arañas fabrican estos “mandingas africanos” que sirven de ira y desgano a los blancos extranjeros. Lo supe por mi madrina que es de Mozambique y odia a cualquiera que no seamos nosotras, sus ahijadas. Ella asegura que lo han envenenado. ¡Qué interesante historia!

            Ahora, Cathaliña tendrá que vestirse de luto por dos largos años y no podrán buscarle esposo; eso es una bendición para ella.

            El Señor cura fue quien cerró los ojos del finado Don Alfonzo y recibió de manos de la esclava una bolsa de monedas de oro y piedras traídas de “Diamantina”: esmeraldas, diamantes, amatistas y ópalos valiosos. Él, el cura, es miope hasta para ver un ratón en la sacristía y amante de recibir regalos de manos generosas. Creo que aunque el difunto estuviera verde como un escuerzo y con los ojos rojos como brasas, iba a decir que murió en la Gracia de Dios y en Paz Celestial.

            Madrina me contó que en el “burdel” entre copa y copa se habla del caso. Ella allí tiene a su negro Lancaö, (amor eterno y envidiable). En la noche de malas hembras, escuchó que han pagado a un nativo del norte mil reales de oro para que con una cerbatana le inoculara curare, un veneno endiablado. ¡No creo! ¡Son puras habladurías!

            Pero hay algo muy difícil de creer. Cuando murió el hombre, la joven Cathaliña prometió ofrendar su vestido de novia y el velo a la Virgen de Mairiporá de Aparecida. Dicen que irá en procesión con toda la cofradía de jóvenes de la congregación a depositarlo detrás del altar mayor de la iglesia. Vestidas de negro y crespones de seda, parecerá una fila de hormigas gigantes, llevando a cuestas una flor de jazmín o una orquídea blanca. ¡Será lindo verlas!

                                   Me despido con cariño hasta tu regreso.

                                                                                  Fideliña.

            P.D. Toüm me dice que de noche van los negros a bailar al atrio para sus dioses africanos, que ven ánimas moverse en las nieblas blanquecinas de la orilla del río. Yo creo que son contrabandistas, pero no me gusta quitarle la ilusión.

             Llegan las lluvias y el barro y los insectos torturan la piel de los blancos. Ulhema ha regresado con su esposo que es un hombre regordete, calvo y de estatura media. No soporta el calor y vive bebiendo para exorcizar el calor y la humedad. Los negros se untan con aceite y grasa la piel; y evitan los aguijones de jejenes y mosquitos. Brillan como piedras del río. Sus ojos renegridos y dientes blancos semejan muñecos de ébano y marfil. Fideliña ha seguido la vida tranquila de la casa. Su madrina apaña sus picardías cuando escapa en la noche al río para refrescarse en las aguas que traen irupé y juncos. Cuida de serpientes y pirañas que pueden acercarse.

            No envidia a su hermana que arrastra un enorme vientre donde anida un niño o tal vez dos, dicen las negras. Ella es libre. No obstante Don Joäo ya está pensando que tiene edad para casarla. Ha buscado un portugués o un español para la muchacha, pero al ser mulata le han dado la espalda. Quieren blancas como Ulhema. Buscará en el sur, por Montevideo o Buenos Aires.

            Nace un par de niños. Hermosos y blancos, con ojos celestes como el padre. Todo es regocijo. Cuando crezcan heredarán parte de las plantaciones y la mitad de los negros y esclavas. ¡Pero…!

            Fideliña en una tarde de tormenta recibe una extraña visita.

              “Carta encontrada después de un tiempo…!

            “Anoche entró, tras romper el ventanal, un hombre que me tapó la boca y los ojos, violándome y dejándome tirada sobre la colcha ensangrentada de fina randa eirá. Mi frente con la marca de labios mordisqueada la piel, arañazos en la espalda y golpes que conseguí intentando sacarme de encima al maligno.

            Mis sollozos fueron oídos por Toüm, que corrió las cortinas y al ver a “su” niña en el estado en que quedé, sorprende a la casa con un grito desgarrante. Me conoció cuando nací, me vio caminar cuando era apenas una crianza y ahora estoy hecha un estrago.

            Corrieron Ulhema y la Madrina. Ya envuelta en una sábana limpia hicieron entrar a Don Joäo, éste se persignó y abrazó mi exiguo cuerpo. Se produjo un silencio cómplice. ¡Nadie sabrá qué ha sucedido en la hacienda!

            ¡Prometo mi ajuar y mi vida a la Santa Iglesia de la Virgen de Mairiporá de Aparecida! Ese es mi destino. Fideliña.

            Un mes después Griselda y Fideliña hacen su penitencia de novicias. Llevan su traje de novia y su ajuar a la catedral. Luego entrarán a la casa de Carmelitas descalzas, no pueden casarse una por viuda, antes de desposar a su prometido y la otra por secreto de violación.

            La madrina arma los cuerpos de madera para llevar los vestidos. Son de palo de rosa y mangué. La cabeza es de porcelana portuguesa y las manos de cuero de capibara blanqueado con tintes del bosque. No conocen un secreto; cuando ambas muchachas dejan en la sacristía sus homenajes, no saben… que la esclava negra manceba de Don Afonzo, ha introducido un hechizo con ojos de “Curutú”, piel de escuerzo, uñas de yaguareté y plantas venenosas entre los velos nupciales. Una serpiente verde seca y la figura de ambas niñas pinchadas de espinas de “gatuña” en los ojos y en el pecho.

            Lancaö, escucha en las noches de luna llena la voz de la diosa de la Verdad que entre retumbe de  tamboriles y tambores le dicen el secreto.” Las damitas morirán con el embrujo de Yayá Cristhao Numo…” y corre a susurrarle a Madrina lo que ha sabido de los dioses ancestrales. Ambas jóvenes deliran y con fiebres altísimas sufren una extraña enfermedad. Ciegas y con espasmos cardiorrespiratorios, soportan en soledad en la celda monástica.

            Durante la Misa Mayor, el nuevo presbítero llegado de Río de Janeiro  a Bahía Dos Rei Uxú, enviado por el Cardenal de Portugal, comienza a sentir ruidos extraños y ve horrorizado como se contornean los trajes en sus maniquíes como si dentro habitara un ser endemoniado. Los cánticos, sahumerios con mirra e incienso, rogativas y rezos acallan hasta la noche el movimiento caótico de los trajes y velos nupciales.

            En la madrugada, cuando la luna espléndida y aliada de los hados, es despertada con los bailes de los negros, se produce la conversión del Vudú. Y las dos muchachas comienzan a despertar de una muerte insólita e inexplicable para los parientes y amigos.

            La santa Virgen de Mairiporá de Aparecida, ha demostrado el amor que siente por sus protegidas.

 

                

 

A TOMÁS ALFARO POETA BOLIVIANO


AL POETA DE LOS NIÑOS… OSCAR ALFARO

 

TU GRITO AUN SE ESCUCHA ENTRE LAS PIEDRAS

LUCHADOR, POETA AMIGO DE LA VIDA,

CRECISTE EN UN NIDO DE SOCAVONES DE NIEBLA

ENTRE LAS MINAS DE PLATA Y LÁGRIMAS PERDIDAS.

 

PERMANECE EN LA TIERRA COMO CREPITAR DE HUESOS

TU LUCHA POR DEJAR ESCRITO UN HITO DE BELLEZA.

UN RICTUS DE NOBLEZA DEJÓ TU MÁSCARA DE YESO

EN LA TIERRA ANCESTRAL DEL AIMARÁ ARRASADO, MUERTO.

 

LOS NIÑOS SON OÍDOS EN LA PALABRA ERRANTE Y LA TRISTEZA

PERO UNA LUZ SE VA ABRIENDO EN LOS CONFINES

DE LA PIEDRA ARENOSA DE LA SIERRA.

 

CLAMA TU OCULTA SERENIDAD POR AQUELLOS

QUE AUN NO HAN COMPRENDIDO CUÁNTO AMASTE

LOS DESNUDOS PIES DE LOS PEQUEÑOS.

 

                        Graciela Elda Vespa, Mendoza, Argentina.

DULCE SECRETO



 
 

Si  me desalojo de los sueños

 
si me destierro hacia el confín de las palabras

si penetro en el túnel verde del abismo

estaré caminando en el borde del desierto

y la ráfaga indeleble de un beso

transformará mi crepúsculo en una carga de suspiros.

Guardaré el secreto entre las sábanas

Comeré damascos con tu boca dormida

Soñaré inexplica arco iris de magnolias

Volveré sobre los pasos de la niña perdida

Para amar al hombre que me espera en los sueños.

 

           

miércoles, 11 de mayo de 2016

FOTOS Y RECUERDOS. MAGIA Y BELLEZA.

 
 MÉXICO, HERMOSA CIUDAD DONDE LOS POETAS Y MURALISTAS HAN DEJADO MARCAS BENDITAS.

HABÍA QUE HACERLE UN HOMENAJE A JOHN LENNON Y UNA ROSA BLANCA ME DIO LA OPORTUNIDAD DE DARLE UN POEMA EN FLOR. NEW YORK.
 
MI AMIGA Y POETA DE FRANCIA-HAITÍ EN UN RECITAL DE POESÍA EN LA CASA DE JOSÉ ASUNCIÓN SILVA. COLOMBIA. PRONTO NOS VAMOS A JUNTAR EN PARÍS A TOMAR UN CAFÉ Y CHARLAR DE SU TRAYECTORIA POÉTICA QUE ES MARAVILLOSA. AMIGA MAGGY DE COSTER.

LABERINTO DE ESPUMA.


LABERINTOS DE ESPUMA.


                                         Mi duro laberinto de frondas y de lunas,

me deja desprovista de acerada armadura.

Busco entre los pasillos desdoblados de espejos

una máscara pálida de rosales de nácar y reflejos de oro.

Y lejos, en el silencio de la noche plateada, la luna

que desdibuja la angustia de amar los imposibles,

amores tempestuosos, amores sensitivos...

como aves migratorias que huyen por las dunas

entre arenas blancas, mojadas por el agua marmórea.

Y sigo solitaria. Un suave mediodía de penas inconclusas.

Se oye el canto bravío del mar contra las rocas.

Un mundo desdeñoso de oleaje y de espuma

envuelve con arena mi pobre pie desnudo.

No encuentro la salida en este laberinto.

Los espejos de nuevo me muestran la mirada

de un amor que en su escaso entregar se desvanece.

Me detengo  silenciosa e ingrávida,  frente a un nuevo abismo,

Estoy sola en la noche, abrazada a mis penas

y vuelvo la mirada buscando las estrellas.

La luna se refleja con toda su belleza y unos ojos curiosos

observan mi tristeza.

 

EL HOMBRE ES LA MUECA DEL SILENCIO. Diego Lerer.


El hombre es la mueca del silencio.


                                                                                  Diego Lerer.

 

No sentía ni tu aliento, ni tu pulso. Sólo el fuerte perfume de diamelas y heliotropos que le dan un sabor frenético a todo tu ser. Penetré en la oscuridad de la noche donde estallaban como fuegos de artificio los recuerdos dormidos o escondidos por perversos y obstinados. Tú, la mujer prohibida. Lejos la verdad de tu vida real. Marqué ávido tu número de teléfono para escuchar esa voz planetaria y helicoide. Tras el otro aparato, una voz varonil ya conocida y realmente odiada me dejó perplejo y mudo. Corté la comunicación, inventando una escusa casi cómica y pueril. ¡Cómo decir que eras tú a quien yo ansiaba! Tomé la determinación exacta. Me senté a esperarte como siempre lo hago en el sillón detrás de los sicomoros exóticos. Esperé en silencio. Soñé contigo y cuando sentí la llave en la puerta elevé el mortal amigo de mi locura y vomité su plomo devastador en tu frágil figura. Ahora miro perdido en la noche silenciosa tu bello rostro. Mi sangre fluye con borbotones mágicos sobre tu piel de seda y nieve. Muero, sí, pero nadie, nadie podrá amarte como lo hice yo en esta vida. Trato de llegar hasta tu cuerpo inerte y se va desplegando mi cuerpo inmaterial sobre ti en besos apasionados y me voy yendo y observo una mueca destemplada en mi antiguo rostro. Una mueca de ira y dolor por no poder amarte. Silencio. Sólo queda el silencio del jardín nocturno donde un casal de alondras hacen el amor entre las frondas de los rododendros en flor.

                                                           MENDOZA

                                                           27 - 7 - 99.

 

HOJAS QUEMADAS


Hojas quemadas


¡Ufa! me tienen loca con las multas! Siempre buscan el menor pretexto como forma de quitarnos esas entretenidas maneras de conocer lo que hacen las vecinas.¡Y en especial la tipa de enfrente!

Antes podía espiarla, sin que se diera cuenta.¡A eso de las 8 de la noche salía con la escoba, el lampazo, juntaba las hojas de la vereda y de la calle y las quemaba! Era una forma elegante de saber que hacía la fulana, con ese hombre tan fino y buen mozo, que llegaba en un coche nuevo y que no es su marido.¡Qué rabia que tengo! Ahí sale nuevamente, mejor que disimulemos!

-¡Señora, cuando se queman las hojas secas, producen alergias, no le vaya a suceder, lo que lo mismo que a la señora de López, su vecina, la pobre está malísima. No tenga que venir a consulta, como con ella! - Mientras abre la puerta del auto, me pasa una tarjeta que dice: “Doctor Alberto Figueroa, médico alergista, atención en el domicilio”.

SUR


 SUR

                  Sigues indio colosal alojado en mi grito.
                                           Aún tu sangre fuerte se desploma entre las piedras.
                                               Quedan
            quilates de pisadas olvidadas en yerbatales perdidos
                         Guaquerías despobladas...muertas. Dioses robados de las tumbas viejas.
Indio incrustado en lágrimas de oro.
Oro que cuelga del algún altar ibérico notable
que sangra y desparrama
en ríos la miseria y su herencia de vergüenza.
Los hombres te mintieron. Nos mintieron.
Su palabra aflora de la página escrita
que mata cada día con abundancia de traición almibarada.
Yo siento la verdad como una cruz incrustada en
mi conciencia. Mi Cruz, indio,esa...
que despierta el palpitar rugiente de mi ira.
¿Qué te hicieron...qué nos hicieron creer?
El tiempo que despeja la mentira
el que nos abre las llagas por donde atisbar la verdad,
 queda. Occidente no es hoy el que entonces fuera.
Aún hay tiempo. Tu negra suerte volverá
de tu mirada perdida para ver el sol.
Caminarás erguido,
Volverás a ser el dueño de la tierra.
 
 

PORQUE NACÍ MUJER Y POETA


                                                                             _ I _

 

 
 Porque nací mujer. Yo...

 necesito que me abracen palabras azules,

 que unas sutiles manos besen mis heridas,

 y una barca con alas desplegadas al viento me replieguen.

 Una huída al silencio. Necesito.

 
¡Porque nací poeta!

 Quiero una cuerda que me oville el dolor que me hiere.

 Ser copa de vino derramada en la nieve,

 ser una estrella fugaz,

 ser mariposa leve...

 
¡ Porque nací mujer ¡Yo...

  tengo una alondra celeste cantando en mi ventana.

 Un nuevo paraíso sin adanes ni evas. Una peonía blanca.

 No hay palabras de encono,

 ni palabras de fuego.

 
¡ Porque nací poeta...!

 El  amor necesito...

 Quiero huir con mis versos al misterio donde nace

 la palabra que arrulla.

 Tal vez... llegar hasta el silencio

 
¡Porque nací mujer

 y poeta...

 otra vida necesito!

 

 

UN REGRESO ESPERADO


     UN REGRESO ESPERADO.

 

      Había pasado un largo tiempo. Rosalba se había escapado con Tulián. Nadie sabía a dónde se había ido. Él, era del norte. Un hombre alegre como pocos. Mirada pícara y sonriente. Tocaba "la verdulera", acordeón heredada de su abuelo. Llenaba el patio de tierra húmeda apisonada hasta el cansancio, con sus melodías...medio gringas, medio guaraníes. Así como llegó, se acomodó rápido en el galpón. Hachó, podó, aporcó con heladas y viento, con calor y Zonda. Hizo todo lo que un “golondrina” puede hacer para juntar metal en la "guayaca".

      La finca  era diferente desde que llegó él. La Rosalba con sus recién estrenados catorce, se perdía en los ojos azules y los brazos fuertes de Tulián. Lo amó sin miedo. No esperó consentimiento.

      Los apesadumbrados padres se anoticiaron esa mañana, después de la melesca, que se habían fugado. Desaparecidos, nadie los había visto. El callejón parecía sombrío desde el parral desnudo. Los álamos se vistieron de otoño y se desnudaron sin que hubiera noticias.

      La Prosperita, madre al fin, entraba todas las mañanas a ventilar la habitación. Acomodaba los `peluches´de su nena. Lloraba con la triste congoja de los adioses silenciados. El Pascual, afilaba el machete cada día...por si acaso.

      Un día de tormenta, el cielo gris-morado, se desplomó con el granizo. El callejón parecía un largo río de hielo. ¡Y a lo lejos...muy lejos, apareció una mancha de color esperanza!

      Se fue agrandando hasta que los ojos de la Prosperita apresaron la clara imagen esperada.  ¡Así de rápido corrió la madre! Se enfrentó a una mujer madura de quince años con un niño en brazos y un  profundo dolor humano en el alma.

      Juntas regresaron bajo el alero del rancho que nunca la despidió, de sus infantiles ojazos tristes cayeron unas lágrimas alargadas. Ahora sí reflejaba el dolor del abandono.

      Entre el ruido de la tormenta se oyó clara una voz que decía: -¡Viejo, prendé el fuego...ya regresó la nena!

                                   MENDOZA - 3 - 10 - 2000.

CAMINANDO JUNTO AL MAR

CAMINANDO JUNTO AL MAR                                          

He caminado por el arco iris y su ilusorio misterio

buscando la mirada de los dioses.

He desandado los abismos del averno

 buscando tus palabras y emociones.

Encontré una enorme galería de sonrisas

la Gioconda y su tenue mirada y travesuras;

mujeres-Modigliani y picantes mujeres de Picasso,

también la Primavera - Botticelli,

con una damisela entre mil flores...

¡Nunca la sonrisa hermosa de algún hombre!

Y la tuya, tu sonrisa tan humana...que se esconde

y tu nombre que se pierde entre las frondas,

 que se pierde entre la gente que transita mis calles ciudadanas y ruidosas.

¿Dónde estará esa palabra franca,

dónde la arena fresca de tus playas...

en la que juntos tomados de las manos caminamos mil noches?

Me introduje buscando entre las olas una estrella de mar y entre los riscos...

una barca que aleje las tristezas.

Para dártelas como pagana ofrenda.

Como un regalo de Venus a Neptuno.

¿Dónde estarás amigo de mis sueños, sino en mi corazón?

Así te busco y así te encuentro.

Vamos a caminar por nuestras playas...

encontraremos pasiones y suspiros,

encontraremos besos con arena

y nuestros cuerpos húmedos y tibios

serán como una orquesta afinada de violines

acariciándonos, Beethoven armonioso y estallará la Oda a la Alegría

con los besos de amor y la ternura,

y una lágrima tuya se unirá a mi alma.

Y tus labios dulces se apretarán sedientos

y un perfume de mar brotará de nuestros cuerpos.

¡Amor! Generosa la vida, que nos ha regalado todo esto.

 

 

S.A.D.E. BUENOS AIRES. PRESENTACIÓN DE LA ESCRITORA ZULMA NICOLINI

EN LA SALA DE S.A.D.E. BUESNOS AIRES LA PRESIDENTE DE S.A.D.E. GUALEGUAYCHÚ SRA. ZULMA NICOLINI, EL PRESIDENTE DE LA ACADEMIA DE LETRAS DE ARGENTINA PROFESOR ROBERTO ALIFANO Y MIGUEL ÁNGEL PIZZIO. PRESENTACIÓN DE UN LIBRO DE ZULMA NICOLINI.

GRUPO ACONCAGUA

 EL GRUPO ACONCAGUA CONTIENE A LOS POETAS MÁS DESTACADOS DE MENDOZA. EN ESTA FOTO EL ARQUITECTO Y POETA LUIS RICARDO CASNATI, UN HITO LITERARIO EN LA PALABRA.
 
 
LA LECTURA Y COMENTARIO EXQUISITO DE SUS PARTICIPANTES: BLANCA GARCÍA FENOY, GRACIELA REVECO DE MANZANO Y EDHIT CARUNCHIO. ¡UN DELEITE!


 
CON LOS OJOS BIEN ABIERTOS Y SOÑANDO CON LA POESÍA. CARMELA HERNÁNDEZ MANZO Y LUIS OBERTI OBERTI EN LA CHARLA DEL CAFÉ LITERARIO.

UN POETA QUE CAMINA LOS PAÍSES DE AMÉRICA CON SUS POEMAS: JUN CARRIZO, BEATRIZ BAUDISSONE Y QUIEN ESCUCHA ATENTA, UNA AMIGA DEL GRUPO.
LOS´SÁBADOS REALIZAN LECTURA Y CRÍTICA LITERARIA DE ALGUNOS GRANDES ESCRITORES DEL MUNDO Y DE NUESTRA PATRIA. FUI INVITADA EN ALGUNAS OPORTUNIDADES A COMPARTIR LA LECTURA DE MIS POEMAS.

AMANCIO... PADRE POR AMOR


AMANCIO...PADRE POR AMOR.


                                               Amancio Urtubia había nacido junto a los surcos de la viña. Su piel salobre tenía el color del sudor agrio del sol siestero. Fue engendrado a deshora y por un macho bravucón y curdado que desapareció ahí mismo. La Amalia lo parió como pudo, sola y triste, casi como a un malquerido y expulsado por una brujería hecha atrás de su conciencia india. Vino el tiempo de criarlo y lo hizo sin caricias ni besos, simplemente lo crió. Un día de esos, ella, encontró al Zahir Mussaza, un vendedor de fantasías, chucherías, pócimas y mil objetos llamativos que vendía por las fincas. Se aquerenció en su caserón grisáceo, maloliente y sucio. Fregó paredes, pisos y un fogón tiznado como el mismo infierno. Limpió vidrios y puertas y le dio al hombre, un lugar de macho y alegrías. Zahir la aquerenció como premio a sus desvelos. Amancio había quedado afuera. Zahir sólo impuso "eso"...Amancio en un cuchitril en la parte de atrás...y cerca de la letrina. Nunca a la escuela, es cierto, pero sí a trabajar la chacra y con sus añitos frescos a estrenar coraje de agua helada en invierno; en esa palangana donde podía higienizarse, rompiendo primero una capa de hielo. A bañarse en el tanque de cemento en la finca de don Tito, en esos días calientes de enero y febrero.

            Trabajo le sobró siempre. Aprendió a podar, a aporcar y hacer bien toda clase de injertos. Los vecinos lo buscaban, a pesar de sus años, para que los hiciera en durazneros, perales, ciruelos...y las mujeres en los rosales...todos le daban algo, menos plata que recibía el padrastro. Siempre vistió ropa usada y gastada, que su madre remendaba. Alegre y obediente, nunca se quejó y su madre se fue haciendo más suave. Él, sólo, se fue haciendo grande. Ya tenía trece años. Una tarde de invierno, a la oración, don Zahir lo llamó a voces, asustado y nervioso...-¡Amancio, vení muchacho...tu madre...no se ve bien,... la pobre! De pronto una bocanada de sangre y un grito. Los ojos se quedaron quietos y así se murió, sin ayuda de un médico que llegó tarde. Cáncer, - dijo – Lo tenía hace rato ella ¿Cómo hizo para pasarlo parada? ¡Debe haber sufrido dolores muy crueles! Silencio.

            - Amancio quédate cuidando todo...no podés dejar la casa. - fue la orden del padrastro.

            -¡Don Zahir...no le parece que el chico tiene que despedir a su madre!- opinan los meteretes de las fincas aledañas.

            - No puede dejar la casa...y punto. Tiene que hacer mil cosas que no esperan. - el hombre sale ofuscado y casi tropieza con el niño viejo. No pudo acompañarla.

            Las cosas siguen su tiempo de reloj sin cuerda, la primavera regresa y los árboles frutales le regalan sus primicias. Este año la cosecha va a ser un espectáculo, muy buena... Amancio comienza su nueva tarea... ser ama de casa. Cocina, friega, plancha, y más le falta tiempo a su poco tiempo. Zahir le ordena que entre..."Dormí en la cama de tu vieja", sus cosas son tuyas ahora. Busca de su pocilga unos pequeños tesoros. En una cajita de lata tiene unas figuritas nuevas, unas piedras que encontró en el lecho del zanjón y parecen objetos preciosos, una cucharita labrada en plata que encontró en la calle el día que fue a la iglesia por primera vez. Como no sabe leer tiene un libro sin abrir y apenas lo toca para no desparramarlo! Entra en la casa y penetra en ese santuario donde dormía su madre. Un terror quieto lo abruma. Es de noche y se tira sobre la cama. Siente el perfume a romero del cabello de la desposeída, tiene miedo. En la oscuridad cree ver los ojos negros y brillantes la difunta. Por primera vez la llora. Así acepta la suerte de infelicidad y penas que le ha tocado.

            Grande ya, es tan bueno que todos lo quieren. Zahir ya está viejo. No sale todos los días con su carretela llena de trastos milagreros. Le pesan los años y siente que ya no puede. El chico lo ayuda y por primera vez, se avergüenza del mal trato. Sale un día a la ciudad. Nada le dice al Amancio, como siempre. Cuando regresa le explica que si él muere, en un cajón de su ropero hay una llave, con algo que será para él. No se la da, pero en eso queda todo. Pasa el tiempo. Una mañana temprano Amancio siente un golpe extraño, fuerte, corre a ver. ¿Qué sucede? Encuentra al viejo caído, con medio cuerpo en la cama y el resto en el piso. Sale corriendo a llamar a Don Tito...alguien que escucha los gritos llama a una ambulancia. Cuando llega está muy mal y lo trasladan al hospital. Don Tito se va con Zahir y a la tardecita regresa buscando los papeles del hombre. El viejo ha muerto. 

            ¡De nuevo solo en ese caserón que él ve un poco amigo y otro poco como enemigo! Camina y retumban sus pasos por la casa vacía. Tiene mucho miedo y se duerme vestido como quien puede ser echado del lugar. Don Tito viene a buscarlo y lo lleva al cementerio...ve como una a una echan cucharadas de tierra sobre un humilde cajón de madera. Todos lo abrazan y algunos le ofrecen ayuda. ¿Ayuda para qué? Si él siempre se arregló solito...y comienza a andar su territorio de descubrimientos.

            Llega a la casa y toma todo lo que queda del viejo, hace un atado y lo lleva a su antigua habitación. De pronto recuerda el tema de la llave. Obediente la busca y comienza a desandar habitaciones. Frente al ropero tiembla, retrocede, siente vergüenza y terror del difunto. Pero sabiendo que tiene la orden aquella vez, abre el cajón y da un paso atrás sorprendido, un montón de fajos de billetes atados con piolines le sonríen. También papeles envueltos en plástico arrugado. ¡No sabe leer...tendrá que pedirle a don Tito ayuda! Esa noche no puede dormirse rápido, pero el cansancio lo arremete. Se duerme y sueña. Éstos lo llevan a su más tierna infancia, a su dolor de desamor y desamado. Sueña el frío de sus noches y de las miradas indiferentes de su triste madre y de Zahir. Un escalofrío le recorre el alma y su cuerpo quieto y se despierta. Gracias a Dios está solo.

            Pasan unos días y una mañana llega un hombre joven con otro no tanto, en un coche nuevo. Lo buscan a él...y allí se presentan  abogados de una firma antigua. Vienen a decirle que el viejo padrastro le ha dejado una pequeña fortuna en bonos y oro. ¡Sonríe y su perfil de niño...tiene diecisiete años impresiona a los profesionales! Está lleno de sorpresa. ¿A él, don Zahir le ha dejado algo?

            - No poco, no algo...te ha dejado mucho. Tres fincas, doce casas de alquiler, joyas y papeles que cotizan en la Bolsa. ¡No puede ser, no entiende nada, si apenas le hablaba, si nunca lo quiso!

            - Señor yo no sé leer. Nunca fui a la escuela y ¿qué voy a hacer si de acá no he salido nunca? No he ido nunca a la ciudad...nunca jamás.

            Los hombres lo miran curiosos y opinan: “Es mejor ellos le ayudan y que le manejan todo...” Mas el muchacho recuerda palabras del padrastro. ¡Nunca confíes en nadie y menos si es estudiado y de la ciudad! ¡Los señoritos son todos unos sinvergüenzas no hay que creerle! Les dice que hablará con su tío Tito y que ya hablará con ellos. Los abogados se van refunfuñando. Él, sueña despierto. Don Tito, Don Cosme y Don Nerio lo ayudan, le enseñan a firmar y le leen los papeles y aprende de a poco... ¡es tan joven! Al tiempo ya sabe manejar las cuentas y muy bien las fincas.

             Ya tiene veinte años, y es un patrón generoso. En medio de las hileras un tractor sacrifica a una muchacha cosechadora, que queda destrozada tras los enormes neumáticos. Policías y jueces van y vienen. Pero nadie observa que a la orilla del cuadro hay un bebé llorando. Nadie lo alza ni lo lleva. Tampoco es reclamado y así le llega el Pedro, por olvido e indiferencia, también burocracia. Al tiempo le llega la Rosa de mano de la Romina, hija del contratista de La Pedrera, viudo y alcohólico, es madre-niña, que enamorada de un joven se va y la deja..." Por sólo unas horitas... usted es tan bueno". Nunca regresa. Rosa es  miedo e ignorancia. Después llega el Julio (indiferencia paterna) y la Claudia con soledad y pena que le recuerda a su madre.

            Y así se le llena la casa de niños que nadie quiere. Sólo él siente amor, los manda a la escuela. Un día llega el primer título de técnico electricista, el Pedro; después una maestra, la Rosita y una dentista y un aviador, la Claudia y el Julio y pasa el tiempo y vienen los casamientos y fiestas de bautismo. Y el Amancio solitario, que no tuvo casi madre, nunca conoció a su padre, sufrió mucho a su padrastro...hoy rodeado del amor de esos "hijos" que son su familia vive en un cielo de estrellas. Es abuelo.

            En un otoño de cosecha...a las once de la noche cierra los ojos a un sueño de tiempo inmemorial...Amancio Urtubia ha muerto. Ha dejado una familia enorme...él que no conoció mujer en su lecho, para criar a los chicos...de la calle. Amancio Urtubia recorre la ruta de amor más grande...la que lo lleva  a Dios.

                                                                       MENDOZA - 21-10- 99.