jueves, 1 de septiembre de 2016

POESÍA 152

Sabes que estoy cansada de la tonta venganza,
de la ira,  
del caminar despierta y soslayando
al destino que  inquieto abanica mi piel desnuda.
Tú, lo sabes. Te interesa           sales
vociferando por la explanada caliente de mis senos
con un arma de plata  
ya sin fuerza al sostener la enorme columna de tristeza
que encastra la memoria perdida.

Sabes que estoy cansada
inerte
como ciega de toda ceguera
buscando en el matorral en llamas la conciencia.
Mi boca restablece el pacto primitivo
la palabra esperanza en tus tablas de viento
allí abandonada al pie del ara.

Ya lo sabes. No importa.   

COMO AMANTE DE LAS FLORES Y PLANTAS...


DE MI JARDÍN UN RACIMO DE LILIUM EN PLENA FLORACIÓN


ESTE ROSAL SE LLAMA "MARÍA CALLAS" ES DE UNA GENEROSIDAD INCREÍBLE CUANDO FLORECE. ES PERFUMADO Y RESISTENTE.

ME ENCANTAN LAS ORQUÍDEAS, PERO EN MENDOZA ES CASI IMPOSIBLE CRIARLAS Y QUE FLOREZCAN. ÉSTAS ADORNABAN LA CASA DE LA GOBERNACIÓN EN PANAMÁ.

POESÍA 125

UN DÍA

Y un día, un día como hoy
atravesaré la calle como el duende curioso
como la lluvia fina que desgrana lamentos y
un perro solitario detendrá la pisada glamorosa del viento
Arrancaré una espina
caerá una rosa con pétalos mojados
sobre las pulcras piedras de la esquina
nuestra esquirla donde los augures
transformarán una vez sola en marejada de escombros
el espectral camino de mi talle perdido
solar vegetal de tu mirada
remanso cauteloso de los ojos  que dormitan.



LUGARES BELLOS DE PARÍS

 LAS CALESITAS DE PARÍS NOS RETROTRAEN A UNA INFANCIA LLENA DE ILUSIONES                                                                       Y DE MAGIA.


EL RELOJ DE LA ANTIGUA ESTACIÓN DE TRENES DE PARÍS, HOY UN MUSEO MARAVILLOSO DE LOS IMPRESIONISTAS. UN LUJO DE CUADROS.


UNA PUERTA DE FILIGRANA EN HIERRO Y BRONCE, TAL VEZ FUE EL INGRESO A UN CASTILLO O ES UNA ENTRADA AL MUNDO DE REYES Y REINAS. HOY ENCIERRA OFICINAS DEL ESTADO. EL AMOR DE UN PUEBLO POR SU PASADO.

AZARIEL- cuento infantil

AZARIEL, EL DUENDE QUE DOMINABA LAS AGUAS.

            El bosque de Witequindo, es intrincado y oscuro. Los árboles altos y frondosos esconden un sin fin de pequeños animales, gnomos y duendecitos. Muy lejos del castillo, de las caballerizas y del mercadillo. Sus rumores cantan y cuando el aire se mueve entre las ramas, una verdadera orquesta, proclama la vida alegre de sus habitantes.
            Si llueve, en los hoyos de los troncos, se esconden las ardillas, los pájaros carpinteros y los pequeños búhos de penachos blancos. También en boquetes hechos por lagartijas y salamandras, se esconden los duendes del bosque. ¿Sus nombres? Bueno, se llaman: Aban, Azariel, Babil, Celio y Jabel. Son muy ágiles, inocentes, leales y testarudos. Juegan en cada rama, en los cauces del río y en los espacios abiertos del bosque, donde crece la hierba y los ciervos habitan y crecen.
            Aban, es el mas pequeño. Tiene el pelo largo de color zanahoria y una nariz puntiaguda. Se viste con el color del agua en verano. Sus afilados zapatos de hojas de álamo, se convierten en sus pies, en escarpines sedosos. Juega con su amigo, un escorpión  que ha perdido su colita y él, lo cuida para que no lo atrapen los búhos.
            Azariel, es un magnifico nadador. En las siestas de primavera y de verano, patina con sus zapatillas de heno, sobre la superficie azul del Lago Encantado. Protege a una hembra de picaflor, que rompió sus alitas tratando de beber licor de una flor embrujada. El duende Azariel  tiene un largo cabello negro. Lo trenza alrededor de su cabezota de nariz pequeña. Sus  ojos son rojos y saltones. Mira hacia atrás y adelante, al costado y se mueven como los del camaleón verde.
            Babil, es alto y delgado. Parece una rama de espino. Se viste de color naranja y su debilidad son las arañas de patas largas como las de él. Siempre salta de un árbol a otro, sacudiendo los pájaros para evitar que se coman a sus amigas de ocho ojos.
            Celio… es muy orejudo, tanto, que tiene que esconder sus orejas en un bonete de fieltro marrón y atarse un moño en el cuello para que nunca se caigan sus largas orejas. Las manos, de delgados dedos, se entrelazan como las briznas de sauce en el canal. Ríe y juega, pero no tiene mascota. Siente temor de las tormentas y apenas escucha un trueno o ve un relámpago se esconde en la profundidad de un boquete que le abrió en un ciprés el mochuelo dorado. Toca la flauta y habla al revés.
            Finalmente nos queda Jabel. Es gordito y alegre. Le encanta comer y beber el néctar de todas las flores del bosque. Su pancita rechoncha se llena de miel y polen. Su mascota es la langosta saltona sin alas. El, la cuida por que es su amiga y le susurra cuentos llenos de imaginación a las pequeñas orejitas de Jabel.
            Hoy vamos a contar la historia de Azariel.
                                   El día de la navidad pasada, en el bosque, los duendes estaban muy ocupados armando un precioso árbol con manzanas, naranjas y peras maduras, para agasajar  a las Hadas del bosque. Todos sus amigos iban y venían trayendo pequeños presentes. Plumitas de colores, vidrios brillantes, copitos de nieve y un sin fin de adornos. El árbol quedó precioso. Azariel, había invitado a los gnomos, para que toquen el arpa, el violín, la flauta y el pandero. Ellos saben  hacer una música hermosa y todas las aves del bosque cantan para que bailen las hadas.

            Y, como el buen duendecillo, tiene un extraño dominio con el agua del lago. Los chorros se elevan y danzan al ritmo del sonido de los instrumentos. Brillan y juegan con cadencia de humo. A las doce de la noche, cuando se esconde la señora Luna, todo el bosque se aquieta y se duerme, entonces, a Azariel, sólo esa noche, le crecen unas frágiles alas trasparentes y vuela. Vuela por el cielo azul y estrellado. La Luna sonríe y acompaña su juego hasta el amanecer. Es así que vuelve a ser el duende del bosque y sin alas, para trepar por las ramas de los enormes árboles de Witequindo, el bosque encantado. 

COMO SIEMPRE

POESÍA "COMO SIEMPRE"

Sólo escalla o chispa de lejanía
Sólo nube o nostalgia de celestes
Sólo caña flexible en el quebranto

Farol azul sin lumbre
Estaño oxidado en un morral de seda negro
Máscara agrietada sin ojos
Podredumbre
Un fanal conteniendo mis cenizas
Arena, mucha arena.

El mar lejano no sonríe y vuelve un alcatraz sobre mi cuerpo.


UN CUENTO MÁS

CAYETANO, EL SICILIANO.

            -No voy a decirles cómo me siento. No, es difícil expresarme, todavía no domino bien el idioma. Sé que hace más de cuarenta años que llegué de Italia, pero qué quieren que les diga, a mí, me cuesta mucho hablar. Yo observo y me callo. Yo veo muchas cosas acá en la placita. Lindas y feas, muy feas a veces, pero no digo nada, ¿para qué? Si nadie pone atención a lo que puede decir un viejo. De igual modo me encanta salir temprano, casi a las seis a remover la tierra y cuidar las plantas. El olor de la tierra es algo que me mueve a soñar, a recordar mi infancia allá en Sicilia. Tantas veces bajé de la montaña estéril para recoger puñados de terrones para agregar a los esqueléticos olivos, luego con el escarpidor hacer un légamo vivificante y saturar la copa evitando que las raíces se frustraran. ¡ Qué maravilla ver surgir de la planta las aceitunas que maduraban como muchachas fértiles! Bueno, le sigo contando, porque estoy preocupado por los sucesos de esta semana. Por Sebastián, sabe, es un buen hombre.- Cayetano se seca el sudor que cae abundante sobre la camisa sucia.
            -En la plaza hay de todo, gente que viene sólo para descansar, de paso; otros vienen con sus perros; que era lo que hacía esa mujer. Traía a un perro “Luli”, lo llamaba. Sí, lo llamaba y el animal corría libre hacia la figura femenina, que de paso, era tan linda como la Gina Lolobrígida, qué sé yo, estaba como dicen ahora los chicos, re buena. Pero algo pasó con ella. Dice Sebastián que se fue a casa de su madre no recuerdo en dónde. Ella me contó una vez que su madre estaba muerta. Puede ser que me equivoque pero ella era muy callada, no hablaba así como así. Ve esta rosa, me la trajo ella, el año pasado. Se llama Aleluya y es de un rojo inmortal con su envés plateado. Me dijo: -Cayetano, acá tiene la rosa más linda para recordar a mi madre que está enterrada en Baigorria. Yo no sé dónde queda Baigorria, pero es cuestión de preguntar nomás. Ahora,  Sebastián pasa de largo, ya no se detiene, si no le preguntaría a él. ¡Está tan delgado! Y extraño a Luli. ¡Qué perro más alegre! Era muy limpio, jamás rompía las plantas. Él no lo trae.- las ásperas manos del jardinero, alardean en el espacio su tristeza.
-          ¿Pero usted don Cayetano, nunca la vio salir de viaje a la señora?- el agente de civil indaga tratando de no mostrar demasiada intriga.

-          No, he visto al hijo menor del concejal que vive en la mitad de cuadra cuando compra el pequeño sobrecito en papel brillante a un tipo que viaja en un Ford K., he visto a la esposa del peluquero con la cara llena de moretones y la nariz rota a golpes, he visto a la señorita de la casita de ventanas verdes despedir a su amiguita con mucha ternura a la madrugada..., pero a ella no la vi salir. La solía ver llegar con un pañuelo tapándose la cabellera. Y estaba él, el Ruben, el rondín, el que se creía Mastroiani, les hacía el filo a todas. Era un verdadero don Juan, pero algo pasó porque ahora han mandado a uno nuevo. Más viejo y callado. El otro era un loco, en el buen sentido. Se conocía la letra de todas las canciones de moda, se perfumaba con esas colonias caras que se venden ahora. En mis tiempos... apenas si nos podíamos bañar para la conquista de las mujeres. Casi le diría que allá en Sicilia, mientras más olor a macho teníamos, más nos querían las mujeres. Éramos como los animales, cerriles y rudos, pero las hembras eran otras. Ninguno de los dos ha dado señales de seguir viniendo... no sé qué pudo haber pasado. Ya se me está anegando el cantero de las hortensias, lo voy a tener que dejar. Pregunte al farmacéutico él conoce a todos por acá. – Las manos vigorosas carpen con amor los canteros mientras mira de soslayo a Sebastián que cruza apurado la plaza. El corazón del anciano es un tropel de cascos que golpean en el cerebro. Intuye sucesos inconfesables..