viernes, 24 de abril de 2026

TAROT MISTERIOSO

  

La casa era de una belleza sin igual pero había sitios desocupados, pensaron en tomar algunos pensionistas. Así llegó un viejo soltero, cuya familia había caído en un bombardeo. Sin otro consuelo que sus cajas con libros y algún que otro objeto recuperado entre los escombros. Vivía con traducciones que hacía para un editor de la gran ciudad. Estricto en su higiene personal. Pagaba puntualmente su pensión y comida. De hábitos sanos no tenía ninguna queja. Luego apareció una señorita, profesora de letras, que mantuvo largas pláticas con las muchachas de la casa. Finalmente llegó un personaje diferente. Era “parapsicóloga” vidente y tarotista. De mirada pícara y voz chillona, cambió el aire serio de la casa. Salía todos los días a su “consulta” en la ciudad. Atendía una cantidad increíble de gente en un pequeño local, donde reinaba un caos de dioses hindúes, egipcios y cristianos. Con una túnica de seda colorida y un turbante con grandes aretes dorados, penetraba el mundo de los muertos como en la vida de los que habitaban los pueblos cercanos. 

Entonces ocurrió algo inusual. La casa se llenó de extraños sonidos en las noches. El clima se fue transformando y la región comenzó a tener una espesa niebla que cubría las techumbres y bosques aledaños a las casas más alejadas de la zona céntrica. Madame Yiyot, la tarotista, transformó su atuendo y su rostro. Cada día parecía más joven, más delgada y más frágil. El caballero se sintió atraído por esa mujer que tenía un cierto modo misterioso y atrevido. Un día se encontró de frente a la mujer y se presentó como caballero que era: Benito Billiart... soy su vecino de habitación. Adoro la música que en las noches suena desde su alcoba. 

                         Yiyot, le tendió una mano delicada de dedos finos y piel suave, tibia y con perfume a violetas. ¡Ah, es mi pequeño refugio con el mundo real! Mi nombre real es Julia Labré, y mi trabajo me permite conocer arcanos de gente de todo tipo. Aunque usted no me crea, conozco el alma humana como si hubiera estudiado en las universidades más prestigiosas del mundo. ¡Es hermoso ver cómo se abre la gente frente a una mesa donde se mezcla lo imaginario con lo real! Su extraña túnica azul, la envolvía como un capullo de anémona.

El llamado a la cena, los distrajo. Benito caminó pensativo hacia el amplio comedor. Yiyot o Julia, se alejó sin siquiera despedirse. Ingresó en su alcoba y comenzó a sonar la música que envolvió toda la casa. Tras un tiempo corto, cada pensionista se adentró a su rincón favorito. La lluvia golpeaba en los vidrios de la casa. Un trueno y la luz dejó ver una figura que se deslizaba por el largo pasillo. ¿Era Yiyot o parecía un ser de otro mundo? Los que bebían un cognac dejaron su copa, los que fumaban un habano, lo dejaron sobre un cenicero y los que leían el periódico se quedaron sin palabras... en letras de molde había un patético mensaje: ¡En la vieja carretera de Los Ventisqueros fue hallado el cuerpo sin vida de la famosa tarotista Yiyot cuyo cuerpo parecía un ángel caído!

                        Como si un gong hubiera sonado en la casa, cada pensionista se levantó de su sillón y comenzaron a llamar en la puerta de la alcoba de la mujer. Nadie acudió a los llamados. La dueña de la casa, abrió con una llave que poseía y cuando se despejó la habitación... una hermosa y hermosa mariposa azul estaba desplegada sobre el lecho, rodeada por un torbellino de cartas de tarot. Y un suave perfume de violetas sorprendió a los curiosos que miraban cómo en el toca disco seguía dando vueltas con la dulzona música de todas las noches pasadas.

 

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