lunes, 26 de febrero de 2018

IMPOSIBLE DE CREER



El polvo amenazaba el poblado. ¿O era humo? Tal vez el golpeteo cada vez más fuerte en el camino, que serpenteaba alrededor de las casas que de tan pobres, se caían a la primera lluvia o viento que arreciaba. TAC, TAC, TAC. Se oía cada vez más cerca.
Un farol iluminaba apenas el atrio de la capilla abandonada. Estaba dedicada a Santa Escolapia. Nadie creía en esa aldea en Dios, creían que era un mito lejano para ellos.
Sin embargo algo cambiaría su idea. Hacía una semana se había encontrado a un pordiosero caído en el portal de la casi iglesia. Lo extraño que de la espalda acomodaba con dificultad un par de alas con plumas afligidas y descoloridas. Hambriento. Solitario. Callado. Miraba con curiosidad hacia el saliente sol, que desnutrido como él, aparecía algunas veces en el horizonte.
Algo anda mal, dijo el juez, el comisario se acercó para echarlo, pero apenas oyó un susurro en un lenguaje ajeno y penoso. Salió a destajo. ¿Miedo? ¿Cobardía? Nadie opinó.
Esa noche de relámpagos amargos y bramidos injuriosos del cielo, se fue acentuando el TAC, TAC, TAC.,  hasta parecer un garrote medioeval. ¡Una enorme araña, siniestra y bizca se acercó al hombrecillo!!! Éste, le suplicó ayuda en un idioma escolástico y puro. Acá, no hay quien me pueda proteger y darme un apoyo. Todos son sádicos e inestables, sólo piensan en un dios desconocido, llamado dinero, oro y plata. Ella lo observó con sus ocho ojos y con sus patas peludas lo acicaló. Lo subió sobre su lomo suave y velludo y se alejó maldiciendo a la aldea. Dejó 12580 huevos en la entrada y 12580 huevos a la salida del pueblo. Cuando nazcan… tendrán mucha hambre, dijo el ángel, ¡No me importa,  y se perdieron por la huella que habían dejado en su viaje.
                                                             

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