jueves, 7 de abril de 2022

EL ABUELO

 

Llorando Pirucha, como nena mimada, se desplomó sobre un fardo de pasto seco en el cobertizo. Unas gallinas, salieron volando corto sobre las briznas de paja y cloqueando. Se había escondido de los rezongos de Tatita viejo, el abuelo. Ella jugando, le rompió el portaretrato con una foto de la abuela cunado era joven y bonita. Él, adoraba esa fotografía que de antigua y por los besos que le daba se había puesto amarillenta. La adoraba. Su abuela, a quien el cuidaba más que a su vida, ya estaba viejita y apenas podía caminar.

¡Pensó que si regresaba del potrero y la veía, vendría como una flecha contra la “destrozona” Pirucha! Cuando estaba enojado la llamaba Ornella, su nombre verdadero.

Cuando el anciano llegó, salió a buscarla y en vez de enojarse y echarle una jauría de sabuesos con palabras raras, la abrazó llorando y le dijo: “Ornella, si sos igualita a ella cuando joven para hacer macanas”. “Vení muchachita, vamos a pegarla en un cartón blanco, que guardé hace poco y quedará como nueva” Y la llevo a “upa” entre besos y cosquillas, como a su bebota de cinco años que era.

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